FICHA TÉCNICA



Título obra Los tres galanes de Juana

Autoría Miguel Bernal Jiménez

Elenco Yolanda Mérida, Blanca Vargas, Alicia Barmes, Mireya Mendoza, María Luisa Fuentes, María Teresa Alvarez, Alonso Rivera, Oscar Puente, Sergio Franco

Escenografía Alejandro Rangel Hidalgo

Música Miguel Bernal Jiménez

Notas de Música Miguel Bernal Jiménez / director concertador; Romano Pucutti / dirección coral

Vestuario María Luisa de la Torre

Grupos y compañías Balet Mexicano de Sergio Franco, Niños Cantores de Morelia

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Referencia Armando de Maria y Campos, “Los tres galanes de Juana, biografía musical y coreográfica de sor Juana de Bernal Jiménez”, en Novedades, 11 septiembre 1952.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Los tres galanes de Juana, biografía musical y coreográfica de sor Juana, de Bernal Jiménez

Armando de Maria y Campos

El ilustre compositor michoacano Miguel Bernal Jiménez ha presentado en el escenario de Bellas Artes la última de sus obras, una bellísima y extraña composición que participa por igual del auto sacramental, del ballet, del oratorio, del poema sinfónico y aun de la pantomima, y que él ha definido como retablo coreográfico, autor él mismo de la música y del libreto, que escribió –dice– "porque no supe quién me lo escribiera."

El espectáculo de Los tres galanes de Juana es bellísimo, pura esencia de la vida de Juana de Asbaje, muy bien presentado, casi fastuoso y de una dignidad artística muy pocas veces lograda. Los tres galanes de Juana simbolizan otros tantos ideales: el amor, la sabiduría y la perfección moral. Jiménez Bernal los presenta como tres mozos que se disputan el amor de Juana Ramírez de Cantillana. El Galán Rojo, que representa al Amor, lucha con el Galán de Oro, que simboliza la Sabiduría. Un tercer Galán, todo de morado hasta los pies vestido, mata al Galán de Oro, el Galán Morado gana por fin el alma de sor Juana, dándose muerte a sí mismo. Su caída coincide con la del crucifijo de la celda, y entonces se hace luz en la noche oscura del alma de sor Juana, y le permite identificar en el tercer Galán a Cristo exánime... Desde el tiempo de David, que bailó ante el Arca de la Alianza hasta estos días, pasando por la Danza de la Muerte del medioevo, el baile ha sido la expresión de los más puros sentimientos religiosos. Como Claudel y Elliot, como Hugo von Hofmannsthal, como Hindemith, recordemos que en Nobilissima visione trata en forma de ballet la vida de San Francisco de Asís, Jiménez Bernal ha puesto en danza, apoyándose en todo momento en la palabra –los poemas de sor Juana–, los momentos cruciales de la vida de la Décima Musa, y ha compuesto un original y conmovedor retablo coreográfico, en el que las figuras no son meros personajes episódicos –el virrey y la virreina, el confesor, el obispo Silvio, las monjas y criadas del convento de San Jerónimo–, o símbolos –los tres Galanes–, sino que, como en la Danza de la Muerte o en los Autos Sacramentales, representan ideas.

El elemento básico de Los tres galanes de Juana de Bernal Jiménez, es la danza, pero la palabra poética –es decir, los poemas autobiográficos de la monja jerónima– es esencial en el espectáculo, porque tanto la música, como la danza, interpretan fielmente los versos de la poetisa, que son reflejo y expresión de los más ricos estados emotivos de sor Juana. La música forma parte en todo instante del argumento, y no tiene más razón que explicar, minuciosa, laboriosa, inspirada, las vicisitudes de los sucesos escénicos, provocando la expresión coreográfica de los mismos.

En cinco cuadros divide Bernal Jiménez su retablo coreográfico Los tres galanes de Juana. La acción se inicia cuando Juana está aún en el mundo, en una estancia del palacio virreinal, cuando media el siglo XVII. Juana sueña que la cortejan los tres galanes, y ve morir al Galán Oro a manos del Galán Morado. La voz poética recita:

Yo me acuerdo, ¡oh nunca fuera!
que he querido en otro tiempo;
mas como era amor bastardo,
y de contrarios conceptos,
fue fácil desvanecerse
de achaques de su ser mesmo.

Al despertar Silvio, galán de carne y hueso, aparece en su vida: "Esta tarde mi amor, cuando te hablaba... en líquido amor viste y tocaste mi corazón deshecho entre tus manos" pero como él intentara seducirla: "tu aspecto vil a mi memoria ofrezco", y "corrida te aborrezco, pero a mí por el tiempo que te quise".

El segundo cuadro ocurre en el convento de San Jerónimo. (La reproducción del cuadro de Cabrera es de una fidelidad conmovedora). "Todo, en fin, el silencio lo ocupaba: el sueño todo, en fin, lo poseía".

Si el anterior cuadro fue ballet propiamente, este es lírica comedieta. El tercero, Fiesta de Villancicos, es un primor de reconstrucción de una fiesta en el patio del convento Jerónimo, en presencia de los virreyes. Se representan, cantan y bailan los villancicos a la Asunción de María Santísima que sor Juana compusiera. Pastores, negritos, monaguillos, monjas, damas de la Corte, entretienen en una pantomima deliciosa. El cuadro cuarto reproduce escenas fundamentales en la vida de la monja jerónima, resultado de aquel famoso sermón del P. Vieyra, que dio lugar a las famosas Carta Athenagórica de sor Juana y Carta de sor Filotea de la Cruz a sor Juana. Tal vez sea el menos logrado, pero tiene toda la fuerza de un auto sacramental... sorjuanino. El quinto cuadro se titula "Epifanía y Tránsito". Sor Juana se muere, contagiada por atender a sus Hermanas apestadas y agotada por las penitencias: "Ven, pues, mi prenda amada: que ya fallece mi cansada vida de esta ausencia pasada..." Se reproduce de la visión del sueño de los Tres Galanes del primer cuadro. Sor Juana muere –en el retablo– abrazada al crucifijo de la celda.

Poemas de sor Juana, música fiel, subyugadora, de Bernal Jiménez; coreografía sencilla y clara, y un noble y logrado afán de reconstruir fielmente ángulos fundamentales en la vida interior de la Décima Musa, cuidando de todos los matices en la escenografía y el vestuario, integran este espectáculo de una belleza y de una emoción poco comunes en el teatro. Resultó magnífica la representación, que transcurrió encendida de aplausos para Bernal Jiménez al final de cada cuadro. Al concluir, el público, puesto de pie y lanzando vivas y bravos, aplaudió a todos los participantes del hermoso retablo coreográfico Los tres galanes de Juana.

Intervienen en Los tres galanes de Juana el Ballet Mexicano de Sergio Franco, con Blanca Vargas y Alicia Barmes (las dos Ineses); Mireya Mendoza, María Luisa Fuentes, María Teresa Álvarez, Alonso Rivera, Óscar Puente y el propio Franco, en los personajes principales; los Niños Cantores de Morelia, bajo la dirección de Romano Pucutti, y muchas bailarinas y niños –éstos en el cuadro de villancicos–. La joven actriz Yolanda Mérida, de rica voz y caudaloso temperamento, recitó, entre la orquesta, las poesías de sor Juana; la orquesta numerosa, de setenta y ochenta profesores, bajo la dirección del propio Bernal Jiménez, fue ovacionada también. La escenografía, discreta y propia, es de Alejandro Rangel Hidalgo, y del vestuario se encargó María Luisa de la Torre. El doctor don José María Martínez, arzobispo de México, honró esta representación, desde una platea, vistiendo el ropaje de su dignidad eclesiástica.

Los tres galanes de Juana es un espectáculo magnífico, profundamente mexicano, y es, también, el más puro y conmovedor homenaje a la vida y al amor de la sin par Décima Musa.