FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios del autor sobre el oficio de la crítica teatral citando a Federico Carlos Saínz de Robles en un capítulo del prólogo a Teatro Español 1950-1951

Referencia Armando de Maria y Campos, “Independencia y criterio, bases de una crítica teatral útil, fecunda y constructiva”, en Novedades, 5 septiembre 1952.




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Novedades

Columna El Teatro

Independencia y criterio, bases de una crítica teatral útil, fecunda y constructiva

Armando de Maria y Campos

Crítica de la crítica llama Federico Carlos Sáinz de Robles a un capítulo del prólogo que ha puesto al tomo Teatro Español 1950-51, que contiene seis de las mejores piezas estrenadas en los teatros de España durante la temporada que abarca. Libro utilísimo para quienes deseen conocer a fondo y en detalle cuanto ha ocurrido en materia de teatro, y en todos sus géneros, hasta en el más insignificante escenario de la más modesta población española durante ese período. Y sincerísimo también. Se dicen en él verdades tremendas.

"Durante la temporada 1950-1951 no se destapó ningún autor dramático", declara Sáinz de Robles. "Queremos creer –agrega– que porque los empresarios o directores teatrales taparon a rosca los más finos resquicios de la caja de las sorpresas. Y siguieron estrenando los mismos autores de ayer, de anteayer, de anteanteayer. Siguieron acaparando los principales escenarios media docena de autores. No queda otro remedio que cargarles la responsabilidad de la persistencia en un error que entenebrece el panorama de uno de los más bellos y sugestivos géneros literarios.

¿Le cabe alguna culpa a la crítica teatral en la desorientación actual del género en España? ¿Por qué la crítica ha perdido su poder de orientación y su misión de enseñanza?, se pregunta Sáinz de Robles. Porque indudablemente la crítica tiene en España, como en cualquier parte del mundo teatral, mucha culpa de lo que sucede, bueno o malo, más cuando lo que sucede no es bueno. Cree que sí, por muchos motivos. Y pasa a exponer algunos. Yo deseo recogerlos en esta columna, por lo que pueden tener de coincidentes con nuestro medio, y también porque será de mucha utilidad su conocimiento.

"La crítica es –dice–, debe ser, un apostolado. Para los apostolados es imprescindible la vocación. Y una vocación no puede quedar supeditada a otros apremios que los consustanciales con su existencia y su necesario modo de ser. Aclaro. El crítico debe reunir dos condiciones –que son de raíz y de destino–: la independencia y el criterio. ¿Son independientes los críticos? En España, actualmente, no. No, aun cuando ellos crean de buena fe que sí. Los críticos españoles no renuncian –y ello es humano, aun cuando no les sirva de disculpa– a las tertulias teatrales, a su amistad con autores, actores y empresarios... Lógicamente tantos apremios les cohíben, entorpecen su criterio, enmascaran su auténtica resolución. Es decir, pierden la inexcusable objetividad dentro de un criterio propio y perfectamente definido contra viento y marea. ¿Cómo ha de tener independencia un crítico para decir la verdad, y nada más que la verdad a un autor, a un actor, a un director de escena con quienes diariamente convive, a los que está unido por una amistad entrañable, que participa en las mismas ideas literarias, sociales o políticas? Forzosamente, y como vulgarmente se dice, se andarán por las ramas... Estos críticos guardarán –y guardan– toda su inexorabilidad, todo el peso de su magisterio para los no amigos, y vapuleando a éstos se forjaran una movediza fama de jueces severos y como de maestros némine discrepante.

"Y se me dirá: ¿Es que el crítico debe vivir aislado, robinsoncando, ajeno a las solicitaciones de tan sugestivo mundo? Y yo responderé: ¡Es imprescindible la austeridad! La vida del crítico tiene ciertas semejanzas con la de los jueces en sus demarcaciones: amabilidad con todos; amistad ceñida con ninguno. Nada hay que ofusque tanto las entendederas de la justicia como los afectos. A nadie le obligan ser juez o crítico. Son destinos que exigen heroica vocación. Quienes no la sientan, deben renunciar a su ejercicio, en bien propio y de los demás."

¡Qué razón tiene el crítico español! Dice la verdad, como el médico, aunque duela. Todos, casi sin excepción, cultivamos amistad con actores y autores y cuando nos venos obligados a decir alguna verdad que les mortifique ¡nos reclaman! Me costó inhibirme de la Agrupación de Críticos de Teatro, declarar que no estuve de acuerdo con la forma en que fueron entregados los premios mexicanos de teatro 1951; la asamblea de críticos (?) me enjuició y pretendieron que me retractara. Para evitar eso y más, un miembro de la agrupación, ha dicho, en fecha reciente, que lo mejor que puede hacer un crítico es hablar bien de todos, "¡porque así se coleccionan saludos y sonrisas!"

Pero además, como dice Sáinz de Robles, no todo en la crítica en cuestión de independencia. "También el criterio macizo, ecuánime, congruente del crítico cuenta lo suyo". ¡Ya lo creo! Veréis porqué, con palabras del crítico español a que me refiero. Parece que alude sólo a España. Pero no. Oídlo:

"Estimo que así como el poeta y el músico pueden culminar en plena juventud y aun antes rondando la mocedad, porque sus mensajes eternos son de... inspiración, el novelista, el ensayista, el crítico, necesitan de la solera de los años, porque "no nacen hechos", como aquéllos sino que se hacen con fatigas y recursos. Sin embargo, en nuestra España –por ahí Dios sabrá si también–, los directores de los diarios y revistas –y yo sé algo de ellos de mis tiempos mozos– no dan la menor importancia al nombramiento de los críticos y suelen elegirlos a dedo o a ojo la mayoría de las veces. Opinan que cuando alguno de sus redactores sabe escribir con cierta sintaxis ya está capacitado para criticar, no ya a un Benavente, a un Pemán, sino a los mismísimos Sófocles, Shakespeare o Lope que se tercien. ¡El criterio! ¡Pues no significa nada! Cuenten ustedes serenidad absoluta, carencia absoluta de inclinaciones derivadas de motivos, ajenos a su misión, cultura vasta, digerida, asimilada, don del magisterio en su expresión más sencilla y natural, medida exacta de la oportunidad en la cifra o en término de la comparación o en establecimiento de la jerarquía, agudez en la interpretación de todos y cada uno de los valores genéricos, señorío en el consejo, inmunidad contra la pedantería y el agrio comentario... ¡El criterio! ¡Pues no he dicho nada!..."

Lo importante de la crítica en resumen, es independencia y criterio para llegar serenamente al examen de la obra. Examen es lo único esencial de la crítica, ya que todo lo demás es... añadidura. Resume Sáinz de Robles sus consideraciones sobre la crítica española, y, de retacho, sobre cualquier otra, hispanoamericana tal vez y de preferencia: "Que los críticos no nos sirven sino los entremeses de lo que debiera ser un gran banquete. Fácilmente se comprende que a una crítica así no puede caberle culpa alguna en el clima y estado actual del teatro español. Pero –y parece un contrasentido– en esa falta de culpa enraiza precisamente su enorme responsabilidad para con el género".

Trataré de aprovechar la lección.