FICHA TÉCNICA



Notas Cita del mensaje del Vaticano con motivo de la visita de la Unión Católica del Teatro Francés

Referencia Armando de Maria y Campos, “Mensaje del papa por un teatro cristiano”, en Novedades, 29 agosto 1952.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Mensaje del papa por un teatro cristiano

Armando de Maria y Campos

La Unión Católica del Teatro Francés visitó al papa en el Vaticano. El sumo pontífice la despidió con el siguiente mensaje para la familia teatral cristiana:

"Vuestra visita, queridos hijos y queridas hijas de la Unión Católica del Teatro, nos causa alegría profunda: la de daros, bendiciéndoos, el testimonio de nuestra estima y de nuestro afecto hacia una institución que se ha impuesto como meta el ejercicio de un apostolado de altísima importancia y de poderosa eficacia.

"Con más ruido y brillo que el bien; el mal se anuncia por todas partes. Nunca se deplorará suficientemente la extensión de los estragos que causa en las almas y en las sociedad; nunca tampoco se condenará con demasiado rigor el escándalo que causa su difusión en todos los países, en todos los medios, en todas las edades, incluso la más tierna, para la cual el poeta pagano reclamaba la más respetuosa delicadeza. Sería enojoso, sin embargo, que la justa denuncia del espectáculo perverso o peligroso hiciese desconocer la existencia y la hermosa historia del espectáculo educativo y bienhechor. Por otra parte, la energía empleada en actuar directamente contra el mal sería siempre de una mediocre eficacia si no se le opusiera la influencia preponderante del bien.

"¿Cuáles son, en efecto, los factores del éxito? La existencia de un teatro honesto e incluso bienhechor: esto es posible; el favor del público; también es fácil de obtener la fuerza psicológica de los intérpretes: vosotros podréis probarla por la unión estrecha de vuestra fe y de vuestro talento.

"La experiencia del pasado es el fundamento de la esperanza para el porvenir. Sin remontarse a la antigüedad clásica, en que las tragedias de Esquilo, de Eurípides, sobre todo, las de Sófocles, llevan el sello de un espíritu religioso, transparente a través de las supersticiones del paganismo: en la era cristiana, el teatro nació y evolucionó a la sombra de la catedral. En un principio, es un sencillo e ingenuo, pero luminoso, emotivo y a menudo sublime comentario de la liturgia, con los `oratorios' compuestos de textos sagrados a modo de mosaicos; después, es su complemento más extenso, ilustrando la liturgia con ejemplos sacados de la vida de Jesús, de María, de los Santos, de hechos históricos o legendarios, más o menos rigurosamente controlados sin duda, pero cuya poesía confirma la doctrina y la moral religiosa por medio de trazos edificantes representados a lo vivo. Poco a poco, mientras que el teatro va ensanchando sus dominios y poniendo en escena fábulas profanas; incluso mientras desciende desgraciadamente hasta el abuso de sátira mordaz y frívola, el teatro de inspiración religiosa no desaparece sin embargo, de repente, y en pleno siglo de oro clásico, con Polyeucto, Ester, Artalia, el arte dramático francés alcanza su apogeo. Al mismo tiempo, y ya desde el fin del siglo XVI, los dramas de Lope de Vega y sobre todo de Calderón de la Barca, levantando de entusiasmo a toda España, dan testimonio del alto grado de cultura religiosa y de vida espiritual del pueblo español.

"La época contemporánea, lejos de traer consigo, como se pronosticó demasiado fácilmente, la completa desaparición del teatro propiamente cristiano, ha hecho, por el contrario, resplandecer su triunfo. Un hecho evidente e impresionante es el favor de que goza actualmente esta renovación de la escena. ¡Qué tenaz prejuicio se precisa para dar al teatro inmoral, irreligioso o vulgar, la excusa de obedecer a las exigencias del público! Esto es calumniar al público, a su buen gusto, a su buen juicio, a sus buenas costumbres. De largo tiempo a esta parte, ¿no acude de todas partes del mundo, periódicamente, a Oberamergau, en un rincón perdido de Baviera, únicamente para emocionarse santamente y aplaudir de todo corazón la representación del drama sacro? En el transcurso del último medio siglo, ¿qué atracción ha ejercicio sobre los auditorios más diversos por su cultura y por su espíritu los `misterios', los `juegos', que hacen revivir los hechos evangélicos o que trasladan su aplicación a la vida moderna? ¿El atrio de Notre Dame no ha suministrado un cuadro maravilloso para la reposición de los viejos `milagros' de la Edad Media? ¿Y no se ve todavía surgir nuevos dramaturgos, alentados por el favor del público a promover la renovación del teatro religioso?

"Ni la posibilidad de un teatro sano y –en el sentido más elevado de la palabra– edificante, ni el favor del público faltan. Se dirá, quizá, y Nos no lo contradecimos, que el arte de los actores entra por mucho en este éxito. Aquí es justamente donde Nos queríamos venir y Nos hacíamos de la fuerza psicológica de los intérpretes la tercera condición del apostolado teatral. Lo que asegura, en efecto, al teatro su fuerte influencia es la comunicación directa, personal, entre el intérprete y el espectador, entra por el oído y por los ojos, a la inteligencia y al corazón. Los matices y las entonaciones de la voz, de una delicadeza y de una variedad ilimitadas; el gesto, el movimiento, la actitud de toda la persona, la mirada sobre todo, y los más imperceptibles estremecimientos de los rasgos, hacen pasar la emoción de una alma a otra. Y es en esto en lo que el teatro difiere esencialmente del cine; éste tiene sus recursos, grandes, muy grandes; pero son otros. Sobre el escenario está el actor, y mientras su alma se comunica así a toda la sala, o, más exactamente, a cada uno de los que la componen, puede él también leer, en las almas de los espectadores, los sentimientos que ha hecho nacer o vibrar. Él se emociona con ellos a su vez y, por un efecto de acción y de reacción la comunicación recíproca se hace más y más íntima y fuerte.

"Todo esto que es muy hermoso, supone evidentemente, que el intérprete `vive' el personaje que representa. Y en esto hay grados. Consiste más que en fingir por recursos de oficio sentimientos que no experimenta en corazón, ha desacreditado tanto una profesión de suyo muy honrosa. ¡Falta sinceridad! Se ha llegado un poco más arriba cuando hay esfuerzo por incorporarse realmente los sentimientos que se quieren expresar en la representación; pero esto es todavía poco progreso, si se tiende a ello por medios ficticios, por una especie de excitación nerviosa que no tiene nada que ver con el corazón y el espíritu. Y también para esto hay procedimientos como el de algunos oradores que aciertan a colocarse temporalmente en un ambiente que corresponda a las disposiciones psicológicas en que tienen necesidad de encontrarse.

"Se sigue así el viejo consejo de Horacio: `Si queréis que llore, comenzad por sentir vosotros mismos el dolor'. Pero en el fondo, hay una única manera de juntar dignamente la sinceridad y la eficacia, vivir de tal suerte que los sentimientos puros y hermosos que aplaude el público broten como espontáneamente del corazón de aquel que en su voz y su gesto los exprese desde el escenario. Este es, pues, queridos hijos, y queridas hijas de la Unión Católica del Teatro, vuestro ideal. Por ello, con corazón paternal, os damos a todos los aquí presentes, a vuestras familias, a vuestros camaradas imposibilitados de unirse a vosotros, a todos los que en la profesión dramática y por medio de ella se esfuerzan en levantar las almas y llevarlas a Dios, nuestra bendición católica."