FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios sobre las puestas en escena en los teatros de la capital

Referencia Armando de Maria y Campos, “Piezas de André Obey, André Roussin, Jacques Deval y Noel Coward en las salas Molière y Chopin y en el teatro Ideal”, en Novedades, 26 agosto 1952.




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Novedades

Columna El Teatro

Piezas de André Obey, André Roussin, Jacques Deval y Noel Coward en las salas Molière y Chopin y en el teatro Ideal

Armando de Maria y Campos

Rodolfo Usigli, el autor mexicano más discutido estos días, ha podido ver cómo pasaban –"como las nubes, como las naves, como las sombras"–, las piezas de famosos comediógrafos franceses e ingleses, españoles también, por las salas Molière y Chopin y por los teatros Ideal y el Caracol –Lázaro y Tovarich, La extravagante Teodora y Vidas privadas, Ellas, nosotros y el duende y Con la vida del otro, Los hijos de Eduardo y de Elena–, en tanto que su obra Jano es una muchachase sostiene sobre el viejo escenario de Colón contra viento, marea e inundaciones, inspirando imitaciones, como la que ahora se representa [en] el teatro barriobajero el Tívoli con el sucio y claro título de Aquí Jano es un muchacho, que previene desde luego al espectador sobre lo que conocerá en aquella escena popular, y para que después no se llame a engaño, inmoralidad o amoralidad.

(Por cierto que el gran diario vespertino El Universal Gráfico, que con el mejor deseo de moralizar los espectáculos ataca por varios frentes la pieza Jano es una muchacha, afirmó, en una de sus informaciones, que ésta se presentaba en el teatro Colón, antiguo teatro Imperial, al que asistían los emperadores de México, Maximiliano y Carlota. Error que mueve a risa y encoge el ánimo de tristeza ante tamaña ignorancia del reportero. No; el Colón nunca fue teatro Imperial, sino simplemente cine Imperial, y a él no pudieron asistir nunca los emperadores efímeros, quienes, como se sabe, estuvieron en México a mediados de la década del 60 del siglo anterior y el teatro Colón fue inaugurado el año 1910).

La pieza de André Obey que se ha representado en México, por los Comediantes de Francia, en francés y en la sala Molière, es Lázare. Antes de ésta, no se había representado ninguna otra del autor, que lo es también de Noé, Don Juan y L'homme de cendrés, por no citar sino las que han logrado recientemente mayor éxito. La que representó la compañía francesa que dirige Moreau es de las más recientes de Obey, probablemente la última (22 de noviembre de 1951, teatro Marigny, de París). Lázaro vuelve para revelar el secreto de la muerte que él ha vivido durante cuatro días en el Más Allá. Obra interesantísima se representó únicamente tres noches, según costumbre de Los Comediantes de Francia. Moreau hizo el Lázaro y logró aciertos definitivos de interpretación sobria y conmovedora, particularmente durante el segundo acto.

La otra obra en francés puesta por Los Comediantes de Moreau ha sido Tovarich, graciosísima farsa de Jacques Deval, conocida en México en versión de Teodoro J. Ramírez e interpretada por Fernando Soler en el teatro de Virginia Fábregas a los pocos meses de estrenada en Francia, muchos años antes de la guerra universal última. Si bien ha perdido actualidad su sátira, no dejará de ser nunca una pieza llena de sorpresas para el público que acuda a verla, sin más propósito que el de divertirse. Con esa obra se cerró el ciclo de representaciones anuales de Les Comédiens de France, que este año ha sido superior en calidad de obras y en la misma de interpretación a los de los anteriores.

En la sala Chopin el director mexicano de origen alemán Fernando Wagner continúa presentando farsas ligeras. Después de El complejo de Filemón y de El don de Adela, han seguido La extravagante Teodora de Jean de Letraz y Vidas privadas de Noel Coward, esta última ya representada antes en México por María Tereza Montoya, Vilma Vidal y Ana Blanch. Muy divertida aquélla, no gustó francamente. Al público le pareció un manjar demasiado... corriente para su paladar. Ni como "antojito" lo pudo pasar. Es autor de La extravagante Teodora un vodevilista popular en los teatros del boulevard francés: Jean de Letraz, y estoy cierto que alguna obra de este autor fue puesta por María Tubau en el teatro Colón por los años de 1922 ó 23. Un típico vaudeville de enredo –traducido por Ceferino Avecilla–, que ni siquiera dio ocasión de franco lucimiento a los principales intérpretes. Enrique Rambal, que parece decidido a abandonar el melodrama en que nació, creció y se hizo; Sara Guash, actriz madura y segura de su oficio; Víctor Parra, todavía muy actor de cine, Concha Gentil Arcos, característica del teatro comercial; Margot Wagner, actriz experimental.

La otra pieza puesta por Wagner es una farsa ligera del gran comediógrafo inglés Noel Coward. María Tereza Montoya y Ricardo Mondragón la representaron en el teatro Lírico –que por actuar en él la ilustre actriz se llamó por esa sola temporada Teatro María Tereza Montoya–, según una versión de Adolfo Fernández Bustamante, muy "arreglada a las circunstancias", tanto que de la simple intervención de una sirvienta hizo un personaje importante, para que pudiera lucir la actriz Aurora Walker. Entonces –1934–, Private lifes, estrenada en Londres en 1930, pasó punto menos que inadvertida. Luego vino una versión cinematográfica muy divertida, y al calor de este recuerdo la Estación XHTV de televisión la transmitió en programa de una hora, con Luis Aragón y Georgina Barragán, en los principales papeles –ahora a cargo de Sara Guash y Enrique Rambal–. Revisada, corregida la traducción de Fernández Bustamante por Wagner –según declaración de éste–, y conservando para cada personaje la importancia que el autor inglés les dio, Vidas privadas tampoco ha logrado interesar verdaderamente a nuestro público, pero el que acude a verla, pasa un rato delicioso, porque la obra es divertidísima y la situación teatral en que se basa la intriga en que se ven envueltos dos matrimonios, uno de ellos divorciado por razones de "crueldad mental", no deja de interesar, ni aun por lo inverosímil, desde la primera a la última escena.

Los intérpretes de Vidas privadas actúan en plena farsa, y a veces aparece que en plena broma; se sienten alentados por el público satisfecho, regocijado. Sara Guash y Enrique Rambal, la pareja principal, actúan con dominio de la escena y con singular desenfado. Menos, Víctor Junco y Margot Wagner.

El empresario del Ideal dio la sorpresa de presentar a su parroquia una obra atrevida y deliciosa: La visita de la cigüeña de André Roussin, el autor de aquel formidable vaudeville, La pequeña cabaña, al que un comediógrafo nuestro, Federico Sodi, tuvo a bien agregarle un epílogo. La visita de la cigüeña, estrenada en Bruselas con el título de Lorsque l' enfant parait (septiembre de 1951) y al mes siguiente en París, es una magnífica pieza en su género, y luce mucho en español por la excelente traducción de Magda Donato. Buena interpretación de parte de Ana María Blanch y Francisco Jambrina –que acaba de regresar a España, después de 23 años de trabajar en nuestros teatros–; Alberto Catalá y Rosario Gálvez.