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Notas Comentarios sobre el teatro árabe contemporáneo en Egipto

Referencia Armando de Maria y Campos, “Inquietud y realidad del teatro árabe contemporáneo”, en Novedades, 13 agosto 1952.




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Novedades

Columna El Teatro

Inquietud y realidad del teatro árabe contemporáneo

Armando de Maria y Campos

El más joven de los teatros contemporáneos es sin duda el de los árabes –que acaba de libertarse de su dictador Faruk, sibarita como el que más, muy aficionado al teatro por conducto de sus actrices–; tiene un poco más de medio siglo de edad. La protección que Faruk otorgaba a los espectáculos frívolos de origen europeo, y su desdén por los de comedia o drama, impone una rápida y creo que oportuna revisión sobre el teatro árabe contemporáneo.

La literatura árabe, tan rica en poesía lírica, en cuentos, en narraciones históricas, incluso en escarceos filosóficos, no produjo sino hasta fines del siglo XIX obras dramáticas de algún valor. Hacia esa época aparecieron en Egipto los primeros autores dignos de mencionarse como tales, pudiendo citarse entre ellos a Yazbek, que escribió Las ofrendas, y a Ahmed Chawky, que obtuvo sonados triunfos con sus dos producciones Cambises y El loco de Leola. La juventud del teatro árabe puede atribuirse a que el oficio de dramaturgo no da nada en Egipto para la subsistencia del autor. El escritor teatral, egipcio o extranjero, no participa de los beneficios derivados de su obra, no habiendo sido sino a últimas fechas, con ocasión de la visita que a invitación del Teatro Nacional Árabe hizo a Egipto –antes de la última guerra– la Comedia Francesa, cuando los directores teatrales tuvieron la generosidad de compensar con una ínfima cantidad al autor del manuscrito, a la entrega de éste, y sin reconocerle cuota o porcentaje por representación, no aceptando que el único medio posible para estimular la aparición de escritores se basa en reconocer legalmente el principio de la propiedad literaria, y de hacer partícipes a los derechos y honorarios que legítimamente les corresponden.

Por otra parte, los autores no gozan aún de plena libertad de expresión. Las ideas religiosas imperantes son muy fuertes, y resulta peligroso tratarlas en el teatro, lo mismo que un sinnúmero de carácter social que han echado profundas raíces en el alma egipcia, por lo que muchos temas no pueden ser tratados en público, aparte de que lo impediría la censura oficial. Sin embargo, no pocas obras árabes son de positiva calidad, aunque insuficientemente desarrolladas por falta de conocimientos técnicos. La mayor parte de las obras son de tesis, en las cuales los autores confrontan las costumbres del Egipto contemporáneo con las de los tiempos de Mehemet Alí, o bien abordan el problema de los derechos respectivos de marido y mujer, los del padre con respecto a su hijo, o los del paria o "fellah" frente a los del burgués y del capitalista.

Para representar obras teatrales es evidente que el comediante constituye una de las materias primas. Durante siglos no existieron en Egipto comediantes en la acepción europea del término, no habiendo sido sino hasta hace más o menos cincuenta años cuando algunos sirios, de lengua arábiga, pero de religión católica, se atrevieron a aparecer en un escenario. Su ejemplo fue seguido después por actores de religión musulmana, y más tarde por actrices de esta religión, quienes tuvieron el valor de enfrentarse a tenaces prejuicios, a ideas arraigadas, y, frecuentemente despreciados, representaron ante el público.

En la actualidad existen en Egipto varias compañías teatrales. Entre ellas se pueden citar a la que cuenta con Fathma Rochdi como su principal atracción, mujer madura de rara belleza, que se vio peligrosamente inodada en un drama de sangre en Bagdad, lo que le dio popularidad; a la del pintoresco actor Alí Kassar, que se ha especializado en papeles de negros berberiscos; a aquellas en que actúan los excelentes actores Whaby y Naguib el Rihami... Este último ha creado un tipo popular, el de un alcalde campesino llamado Kich Kich bey, el cual tiene puntos de semejanza con algún personaje de Deudet o de Pagnol. Causa sorpresa la composición humana de estas compañías por su mezcla de cristianos, mahometanos, judíos o coptos. Todos se consideran egipcios. No faltan turcos, sirios, libaneses, árabes y griegos, formando la máscara, una y múltiple, del Egipto moderno, mostrándose a través de una "troupe" teatral.

Estas compañías, errabundas por naturaleza, realizan giras interminables de Bagdad a Túnez, de Beyrouth a Tentah, de Dahmanour a Luxor, dándose el caso de que sus excursiones se han prolongado hasta la América del Sur, atraídas por el señuelo de los innumerables, probables espectadores, que en esas regiones hablan la lengua arábiga. El público espectador, sencillo y sano, reacciona favorablemente, ríe y en ocasiones interroga a los intérpretes, con lo que se producen largos diálogos entre público y actores.

La compañía que de manera permanente actúa en el teatro Nacional de El Cairo, es la que muestra mayor cohesión y decoro. Su organización es parecida a la de la Comedia Francesa, y figuran en el comité, el director o secretario de Educación, el presidente de los diputados, el decano de la Facultad de Letras y el director de un periódico, ahora el Mokattan.

Uno de sus últimos directores escénicos fue Khalil bey Mouttran, poeta traductor de Molière y de Musset.

Recojo de una revista europea el comentario de un espectador del más reciente teatro árabe: "Me llamó la atención la veracidad, sencillez y naturalidad de los actores (vio representar Intriga y amor de Schiller). Actores y actrices tienen gestos ponderados, actitudes naturales. Las mujeres son más nerviosas que las nuestras (las francesas), algo gauches, como si no hubieran todavía podido desprenderse de las trabas impuestas por más de trece siglos de esclavitud, pero poseen gran sensibilidad, gracia, la gracia primitiva de las gacelas montaraces. La dicción es justa, aunque a veces nos parece un tanto monótona para nuestros oídos acostumbrados a las cadencias de las lenguas europeas, inhábiles para captar los matices e inflexiones de un idioma exótico. Mas cuando piensa uno que no existía un ápice de teatro en Egipto hace apenas unos cuantos años, y que ha sido a través de miles de dificultades como han podido agruparse los actores y aficionados al teatro, para levantarlo y hacerlo prosperar, creando un arte enteramente nuevo para el país de su nacimiento, no puede uno menos de sentir profunda admiración por semejante voluntad y energía".

La más reciente noticia que sobre el teatro árabe poseo se refiere a la temporada que la actriz egipcia Fathma Rochdi hizo en Túnez, representando obras que se titulan El collar de perlas, Salambó, Ben Youcef, Cuasimodo y Cleopatra. ¡Casi nada! Al lado de la Rochdi actuó otro famoso artista egipcio, Saied Chata, tenor y compositor de talento, nacido en la ribera del Nilo, y que ha fijado su residencia en Túnez, consagrado exclusivamente a organizar espectáculos de carácter arábigo.