FICHA TÉCNICA



Título obra Tartufo

Notas de Título Le Tartuffe (título en el idioma original)

Autoría Molière, Jean-Baptiste Poquelin

Dirección André Moreau

Elenco André Moreau, Lucille Donnay, Magda Donato, Xavier Massé, Therese Vankey, Jacques Bellier, François Nicolas, Robert Kremper, Louis Marrassé, Daniele Dufillot, Alam Vals, Farnesio de Bernal

Grupos y compañías Les Comédiens de France

Espacios teatrales Sala Molière

Eventos Temporada de teatro organizada por la Societé des Amis du Theatre Français en México

Notas Comentarios del autor sobre Miguel Hidalgo y Costilla como traductor y director de la obra Tartufo con motivo de la presentación de esta obra en la Sala Molière

Referencia Armando de Maria y Campos, “El centenario de Hidalgo. Las Palmas Académicas francesas para el padre de la patria, traductor de Tartufo”, en Novedades, 10 julio 1952.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

El centenario de Hidalgo. Las Palmas Académicas francesas para el padre de la patria, traductor de Tartufo

Armando de Maria y Campos

Es frecuente y natural pedir un honor para un vivo. Rompiendo la costumbre, que por añeja es tradicional, yo pediría que el gobierno de Francia quisiera proceder a un merecido honor póstumo: otorgar las Palmas Académicas al padre de la patria mexicana: don Miguel Hidalgo y Costilla, humilde cura del pueblecito de Dolores en el estado de Guanajuato, traductor de Tartufo de Molière.

Don Miguel Hidalgo y Costilla merece el valioso símbolo con que el gobierno de la República premia periódicamente a quienes a Francia y por Francia hacen obra perdurable en favor o beneficio de la patria adoptiva de Napoleón Bonaparte, creador de la Legión de Honor francesa. El cura Hidalgo merece las Palmas Académicas francesas porque fue uno de los más activos y entusiastas divulgadores del teatro francés en momentos decisivos y peligrosos para México utilizándolo como vehículo para agitar las ideas de igualdad, lealtad y fraternidad de los mexicanos nacidos en México. El cura Hidalgo ya traducía a Molière, y de Molière Tartufo, cuando Tartufo estaba proscrito por las autoridades eclesiásticas, y Molière podía ser madera de rebelión de ideas.

La inesperada suspensión de dos comedias elegidas por Los Comediantes de Francia –La loca jornada y Los huevos de avestruz–, parece que porque S.E. el embajador de Francia en México no las consideró propias o morales para el abono de la Societé des Amis du Théâtre Français en México, dio ocasión de que subiera a esena el Tartufo de Molière –qué coincidencia–, en una de las obras más discutidas y logradas de Juan Bautista Poquelín. Y tal vez se presentó en señal de protesta...

Tartufo es el retrato más acabado del falso devoto, pero como la pieza fingida es una variante de la hipocresía, al extremo que el nombre de Tartufo es empleado en francés y en otras lenguas para designar al hipócrita.

Los tres primeros actos de Tartufo fueron representados el 12 de mayo de l624, pero Luis XIV, aunque le divirtió aquella semblanza con la virtud, los prohibió. Fueron muchos los incidentes que se suscitaron en torno a Tartufo hasta llegar a la prohibición, castigada con la excomunión por la lectura o la asistencia pública o privada de la comedia, por el arzobispo de París, Hardouin de Perefixe, en diciembre de 1667. Aunque la prohibición fue levantada en febrero de 1669, Tartufo no era obra de teatro recomendable para los públicos de las colonias de España en América, ni menos puesta en español y en escena por curas.

Molière era representado en la capital de la Nueva España por lo menos desde el año 1790. Este año, don Ramón Blasio solicitó del virrey don Juan Vicente Güemes de Pacheco y Padilla, segundo conde de Revillagigedo, la concesión del teatro en México por cinco años, fundando su petición en su propósito de "hacerlo todo al modo de Europa, funciones y bailes y traer obras... de los autores reputados entre los mejores." Poseo un programa de la temporada celebrada en el Coliseo –después teatro Principal– el año cómico 1790-1791, del que desgloso este párrafo, valioso y preciso: "Se representará asimismo ese día (el programa carece de fecha, según costumbre de entonces) El casamiento a la fuerza, pepitpieza francesa, compuesta por el célebre M. Molière, y traducida al castellano con toda su naturaleza y elegancia." Molière, pues, se representaba en castellano –¿por primera vez?– en nuestro teatro en 1790-91. Antes de esa fecha no he encontrado citado el nombre de Molière en las listas de obras representadas en el Coliseo y naturalmente autorizadas por el censor eclesiástico...

¿Hubiera permitido el censor eclesiástico que se representase en el primer coliseo del virreinato Tartufo? Seguramente que no. Pero se representaba, a espaldas de la autoridad eclesiástica en un rincón del país, donde vivía un humilde cura párroco, inteligente, activo e inquieto, que soñaba para su pueblo una vida mejor, libre, responsable, independiente. Era la época en que los curas de las pequeñas poblaciones del país hacían representar –¿1800 a 1808?– por y para sus fieles, coloquios tradicionales y pastorelas ingenuas. Todos menos uno, que traducía subrepticiamente a Racine y a Molière, Migel Hidalgo y Costilla, cura párroco en la villa de San Felipe de los Herreros o de Torresmochas, Guanajuato. Las representaciones, dirigidas por el anciano de juvenil espíritu, cura Hidlgo, se harían en el curato, dirigidas personalmente por él, explicándolas en detalle a sus intérpretes y al público. Parece que una joven llamada Josefa Quintana tenía a su cargo los papeles principales. Hay la certeza de que se representó Tartufo traducida y dirigida por el cura don Migel Hidalgo y Costilla, dos o tres años antes de que diera en Dolores el "grito de Independencia."

¿Fue el padre de la patria mexicana el primer traductor al castellano de Tartufo? Creo que sí, por lo que se refiere a América. A principios del siglo XIX tradujeron esta pieza en España, en prosa, Trigueros y Vallés, aguél con el título de El gazmoño, éste denominándola El hipócrita. En 1810 Marchena dio una hermosa traducción en verso, en 1858 la tradujo Rosell y en 1859 Cabayens. ¡Qué fortuna sería encontrar la traducción de Tartufo hecha por el cura don Miguel Hidalgo y Costilla!

Viendo representar a Les Comédiens de France Le Tartuffe, y muy bien por cierto –vaya un elogio para Moreau, gran actor y director, para Lucille Donnay, que hizo una Dorina llena de fuego; para Magda Donato, Xavier Massé, Therese Vankey, nueva en el elenco y excelente actriz; Jacques Bellier, François Nicolas, Robert Kremper, Louis Marrassé, Daniele Dufillot, Alam Vals y Farnesio de Bernal– pensaba en que haría muy bien la última y actual República francesa, en prender al pecho, simbólico pecho, del padre de la independencia mexicana, primer traductor y director en América de Tartufo, de Molière, también de Racine, uno de los primeros animadores de teatro francés en México –fijaos, en un humilde cura de remoto pueblezuelo, diríamos haciendo uso de términos actuales que dirigiendo "teatro experimental"–, por lo menos la roseta encarnada de la Legión de Honor francesa, y ahora, precisamente, en que nos encontramos en vísperas de su oficial apoteosis bicentenaria.

Cuando se despertaba en mi corazón el amor al teatro supe que Francia había honrado –como antes lo hiciera con la Duse, italiana, con la Bernhardt, francesa–, a Virginia Fábregas, con tan precioso galardón, en premio a una larga labor de teatro francés en México. Ahora en que aún luce el sol en las barbas de mi pecho, Francia acaba de otorgar igual distinción al director José de J. Aceves, quien logró llevar a la pieza La prostituta respetuosa de Sartre más allá del centenar de representaciones. No dudo que el cura Hidalgo, traductor de Tartufo, director del teatro de Molière, alcance honor simbólico semejante al ya concedido a Virginia Fábregas y a J.J. Aceves, alfa y omega de miembros mexicanos de teatro de la Legión de Honor francesa...