FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios sobre los apoyos oficiales al sector teatro, con motivo del libro El teatro en México durante la administración del presidente Alemán

Referencia Armando de Maria y Campos, “Un libro sobre la protección de presidente Miguel Alemán al teatro durante sus seis años de gobierno”, en Novedades, 3 julio 1952.




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Novedades

Columna El Teatro

Un libro sobre la protección del presidente Miguel Alemán al teatro durante sus seis años de gobierno

Armando de Maria y Campos

Antes de que concluya el periodo presidencial del licenciado don Miguel Alemán aparecerá un libro en el que se recogerá, de manera minuciosa, detallada, anecdótica y documental, el desarrollo en general del teatro en México de 1946 a 1952, cuyo auge, inquietud y excelentes resultados nadie pone en duda, y que han sido lógica consecuencia del apoyo y protección que a todos los sectores de la rama teatral les ha prestado el presidente Alemán, por más que nunca se haya manifestado públicamente aficionado al teatro como simple espectador, pues salvo las naturales excepciones que justifican toda regla, jamás se le vio en alguna función de comedia o drama, de revista o de ópera, como simple ciudadano, o como jefe de la nación. No es aficionado personal al teatro el actual presidente de México y, sin embargo, es uno de los que más lo han protegido con subvenciones, al grado de poder afirmar que, sin sus oportunos acuerdos para refaccionar situaciones de crisis o temporadas accidentales, la metrópoli hubiera carecido de espectáculos durante largos periodos.

Todos los presidentes de la República, casi sin excepción –esta excepción podría ser don Plutarco Elías Calles, que gustaba más de las corridas de toros, y fue amigo íntimo del sin par Rodolfo Gaona, el que llegó a torear, ya retirado de la profesión, exclusivamente para el jefe máximo y sus amigos–, han protegido al teatro bien con subvenciones bien planeadas, o con accidentales aportaciones económicas que le han ayudado a salir de crisis angustiosas. Muchos de ellos fueron asiduos asistentes al teatro. El presidente Juárez estuvo siempre abonando a una platea, ya del Nacional, ya del Principal, y cuando alguna empresa le quiso hacer donación graciosa del importe de esta localidad, montó en cólera y mandó pagar inmediatamente el importe íntegro del abono. Lerdo de Tejada fue el primero que reglamentó, con todos los requisitos de Ley, una ayuda al teatro permanente, francamente oficial, del Estado. Su magnífica y fecunda protección al teatro la recogí en un libro La dramática mexicana durante la administración del presidente Lerdo de Tejada, publicado en 1946, y afortunadamente ahora agotado –la edición fue reducida– sin necesidad de vender un sólo ejemplar a la administración del presidente Alemán.

Don Porfirio Díaz acudía con frecuencia al teatro, como presidente de la República, en unión de su esposa, doña Carmelita. Su presencia, como de los reyes de Europa de aquel tiempo, constituía un acontecimiento y un espectáculo también. Don Francisco I. Madero también concurrió mucho al teatro. Los domingos por la tarde asistía a su palco primero –el pegado al foro, a la derecha– del Arbeu. En ese mismo palco vi muchas veces, en funciones dominicales y por la tarde, al presidente convencionista Lic. don Roque González Garza. Asistía de guerrera gris y calzando botas federicas. No fue asiduo concurrente al teatro don Venustiano Carranza, pero lo protegió en la medida de su austeridad de espectador. Fue amigo, intachable, de Virgina Fábregas, a quien ayudó a salir de las deudas que pesaban sobre su coliseo, y Esperanza Iris, recibió también ayuda económica para concluir su teatro, a cuya solemne inauguración asistió oficialmente don Venustiano.

El presidente de la Huerta sí fue muy aficionado al teatro, y lo protegió espléndidamente. Le cambió de nombre al de Hidalgo por de la Ópera. Lástima que su interinato fuera tan breve. Asistía por las noches al Colón, cuando se representaba la revista de Guz Águila La Huerta de don Adolfo. El general Álvaro Obregón fue un teatrófilo empedernido, hasta antes de que se marchara a Sonora a sembrar garbanzo. Alentaba a los autores a que lo sacaran como personaje de revistas. No sé, sin embargo, que ayudara en serio al desarrollo del teatro en México. Al general Calles jamás se le vio en un teatro; confesaba que se aburría. En cambio no dejaba corrida de toros. El presidente Portes Gil hizo más que nadie antes que Alemán por el teatro en México. Y todo con plan organizado, encauzado, sabiendo a dónde debía llegar. Todavía se palpan los beneficios que el teatro alcanzó durante el interinato de Portes Gil.

Don Miguel Alemán inauguró su ayuda al teatro, su protección económica mejor dicho, días después de haber escalado la primera magistratura, otorgando una fuerte subvención a María Tereza Montoya para que fuera a hacer teatro mexicano y del otro, por la América española. El bogotazo de 1946, cortó esta gira, que ya se verá lo que costó al país. Animados por el éxito que María Tereza alcanzó con el presidente Alemán, otros artistas, también recibieron benéfico maná. ¿Quiénes fueron? ¿Cuánto recibieron? ¿Qué fue lo que hicieron? Todo eso se sabrá. En seguida, durante aquella dramática crisis que sufrió la administración alemanista en 1948, el presidente de la República inauguró la serie de subvenciones considerables para fomentar el teatro desgraciadamente por conducto de los líderes de la Federación Teatral. De cien mil pesos fue el primer riesgo. No se hizo otra cosa que abrir teatros, que funcionaran, que los trabajadores –incluyendo a actores– cobraran. Tres o cuatro meses después hubo necesidad de darles veinte mil pesos más, ahora para que algunos teatros no cerraran. Luego, han seguido periódicas subvenciones de cincuenta mil, siempre administradas por los líderes de los trabajadores manuales, muy pocas veces por los autores. Y, al menudeo, han abundado las subvenciones tan generosas como bien intencionadas. (No se hablará en ese libro –El teatro en México durante la administración del presidente Alemán– de lo que se ha hecho en el INBA, porque ese es otro cuento y otra cuenta.)

Conviene a todos, por lo que fue, por lo que será, hacer un balance exacto, objetivo, sereno y puntual. Porque se trata, en último o en primer término, de fondos de la nación. Don Miguel Alemán se ha portado como un excelente gobernante. Ahora falta saber cómo se ha aprovechado su generosidad, su propósito de mantener viva la tradición teatral mexicana. Hurgaré –lo estoy haciendo– papeles oficiales del Departamento Central, de la Secretaría de Educación, etc. Todo con autorización oficial. Pero me harán falta muchos datos, muchos documentos, muchas informaciones personales. Todo aquel que sepa algo, y que quiera y pueda decírmelo, o proporcionarme un documento, o referencias fidedignas, debe hacerlo... en beneficio de esta época, del teatro mexicano y su futuro.

Urge acabar con los mercaderes del teatro. Hay que volver a echarlos del templo de Talía. Que se vayan los "vividores", que se queden los que viven del teatro. A propósito, ¿quién podría darnos noticias de un ágil agente de teatro, Juan Toledo (a) Toledito, ajonjolí de todos los negocios subvencionados? Sabe y conoce muchas cosas de éstas, que deseo recoger en mi libro, para el que solicito la colaboración de todos, y se ha vuelto ha ojo de hormiga, con valiosas y tal vez difíciles de reponer documentaciones teatrales.