FICHA TÉCNICA



Título obra El don de Adela

Notas de Título Le don d'Adéle (título en el idioma original)

Autoría Pedro Barrilet y Pablo Grédy

Notas de autoría Fernando Wagner y Margot Wagner / traducción

Dirección Fernando Wagner

Elenco Rebeca Iturbe, Pablo Larrumbe, Amparo Grifell, Margot Wagner, José Elías Moreno, Carlos Larrumbe

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Sala Chopin

Referencia Armando de Maria y Campos, “El don de Adela, astracán francés, en la sala Chopin, y Uno de tantos, por el Ateneo Español en el Ideal”, en Novedades, 19 junio 1952.




Título obra Uno de tantos

Autoría Fernando Gaos

Dirección Fernando Gaos

Elenco María Luisa de Pablo, Yolanda Ocampo, Manolo García, Antonio López, José Juárez, Ismael Ibáñez, Sara de Maria y Campos

Grupos y compañías Ateneo Español

Espacios teatrales Teatro Ideal

Referencia Armando de Maria y Campos, “El don de Adela, astracán francés, en la sala Chopin, y Uno de tantos, por el Ateneo Español en el Ideal”, en Novedades, 19 junio 1952.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

El don de Adela, astracan francés, en la sala Chopin, y Uno de tantos, por el Ateneo Español en el Ideal

Armando de Maria y Campos

Fernando Wagner se ha decidido por el camino más fácil para hacerse de una cómoda parroquia: ofrecer comedias cómicas, intranscendentes, limpiamente presentadas y escrupulosamente ensayadas. Ahora ha montado una pieza cómica en tres actos, equivalente a un astracán español de García Álvarez, Pérez Fernández o Muñoz Seca, titulada Le don d'Adéle–traducida por él mismo y por su esposa Margot con el título fiel de El don de Adela.

El don de Adela, que se estrenó como de Pedro Barrilet en el teatro Trianón, de Burdeos, a principios de enero de 1950, y que en seguida fue presentada en la Comédie Wagran, en París, con Gaby Sylvia y Suzanne Dantes, y fue honrada después con el premio Tristán Bernard, es también de Pablo Grédy, el cual, al principio, no se atrevió a firmarla porque lleva a la escena un episodio ocurrido a su madre. La obra trata de una criada de servicio dotada de facultades adivinatorias. Estas facultades, las de la clarividencia, dan pie a una serie de situaciones francamente convencionales y no escasas de comicidad, que los autores manejan con indudable habilidad.

Las contradicciones en que abunda la obra, contradicciones que van desde la psicología de los personajes hasta el cogollo del asunto, se admiten necesariamente, si se ha permitido la posibilidad de que Adela tenga el don de ver lo que les va a ocurrir a las personas que están cerca de ella. Farsa pura que precisa de una dirección y de una interpretación muy finas. No es ésta la característica de dirección o interpretación por parte de Wagner y sus discípulos. Wagner lleva la comedia a la farsa grotesca, y es a cargo de los debutantes –Rebeca Iturbide, Adela, y Pablo Larrumbe, Antonio– donde está la interpretación menos delicada y verosímil, porque la protagonista cae con frecuencia en lo chabacano, en lo convencional; diría, si no temiera no ser entendido, que en recursos de "género chico", o, mejor, en lo cinematográfico a lo churro. Procede la señorita Iturbide del cine cómico e irresponsable. Antes había sido modelo de Chatillón. En el cine, llegó al estrellato –según creo– como protagonista de películas de Tin Tan. Tiene bella presencia y, al parecer, mucha afición, pero aún le falta mucho para figurar con responsabilidad en representaciones profesionales de categoría.

Y no podía ser de otro modo. Una buena actriz no se improvisa, ni es obra de milagro. La señorita Iturbide aún no sabe manejar su voz, y actúa, cuando actúa, como en una escena de borrachera, con evidente falsedad; como en el cine, o en los sainetes de aficionados. Digámoslo en su abono que así la debe haber dirigido Wagner, quien por otra parte, no logró de Le don d'Adéle una traducción fina, insinuante, frívola en fin, que es lo que conviene a una comedia convencional y destinados a paladares acostumbrados a la golosina de la burla, del calambur, de la frase insinuada pero cargada de contenido explosivo.

Acompañan a la señorita Iturbide en la interpretación de El don de Adela una actriz profesional, Amparo Grifell, que tiene momentos excelentes, como de gran comedianta que es; la señora de Wagner (Margot) más segura que en otras ocasiones, José Elías Moreno, media figura en el cine, que es el mismo José Elías Moreno de siempre, incapaz, a lo que parece, de crear personajes, y el joven Carlos Larrumbe, aún más verde como actor de teatro que Rebeca Iturbide. Julio Prieto pintó, compuso, mejor dicho, un decorado discreto. Gustó El don de Adela a unos más, a otros menos. Todos se divierten, y la cosa no es para mostrarse demasiado exigente. En lo que acaso todos los espectadores están de acuerdo es en que pagar diez pesos por ver a un grupo de aficionados como Rebeca y Larrumbe, a semi como Margot y Moreno, y aun a profesionales tan estimables como Amparo en una comedia intranscendente, es demasiado serio para broma tan audaz. Lo que dijo algún espectador: "Si es en broma, puede pasar, mas a ese extremo llevada, ni puede probarnos nada, ni os la hemos de tolerar..."

* * *

El Ateneo Español de México presentó en el teatro Ideal –domingo 15, a las 11 horas– el estreno de la obra de Fernando Gaos Uno de tantos..., drama costumbrista en seis cuadros agrupados en tres actos, y que pretende evocar diez años de la "pequeña historia de España de 1935 a 1945", interpretada por socios del mencionado Ateneo, bajo la dirección de su joven autor.

Fernando Gaos –valenciano, nació en 1920–, como muy joven que es, sufre ahora el sarampión antifranquista, y lo sufre con rabia, con auténtico coraje. Para curárselo escribió seis estampas de la guerra intestina que van desde que ésta se gestaba en las terrazas de los cafés madrileños, hasta que la República salió de España a peregrinar por tierras hospitalarias. Antes de esta pieza de costumbres de guerra, Gaos logró ver publicada creo que en España su primera comedia: La señora cena en casa, y tan en serio ha tomado sus aficiones a escribir teatro, que en breve la compañía del Ideal le estrenará otra, titulada El pasado se mira en el espejo.

Esta, cuya representación patrocinó el Ateneo Español acusa en el joven Gaos aptitudes de observador, y facilidad para dialogar con personajes no exentos de calor humano. Deben ser muy reales los tipos que sacó en Uno de tantos... y los hechos que viven en escena, porque el público, francamente antifranquista como correspondía al objetivo de obra y función, los celebró con emocionados aplausos. La acción, tantas veces repetida en relatos de aquella guerra intestina, está llevada con naturalidad, e interesa desde principio a fin.

La interpretación muy entusiasta de parte de todos, destacando María Luisa de Pablo y Yolanda Ocampo; y Manolo García, Antonio López, José Suárez e Ismael Ibáñez. En un papel episódico, una beata muy reaccionaria, mostró simpáticas aptitudes la señorita Sarita de Maria y Campos.