FICHA TÉCNICA



Título obra Les nouveaux messieurs

Autoría Robert de Flers y Francis de Croisset

Dirección André Moreau

Elenco André Moreau, Jocelyne Grandval, Suzanne Verrier, Xavier Massé, Robert Kremper, Jacques Bellier

Escenografía Antonio López Mancera

Grupos y compañías Les Comédiens de France

Espacios teatrales Sala Molière

Eventos Temporada de teatro organizada por la Societé des Amis du Théare Français

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno en la sala Molière de Les nouveaux messieurs, por Los Comediantes de Francia”, en Novedades, 6 junio 1952.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno en la sala Molière de Les nouveaux messieurs, por Los Comediantes de Francia

Armando de Maria y Campos

Tuve una vez el capricho de buscar lo que se escribía sobre la crisis del teatro en la épocas en que ahora envidiamos, y puedo asegurar que hay materia suficiente para emplear durante seis meses los ocios de un cesante. Las obras verdaderamente originales se adelantan a su tiempo y, como el teatro se dirige al mayor número, cada vez que no toca un asunto de actualidad palpitante y se eleva por encima de las preocupaciones inmediatas, corre el riesgo de no ser comprendido más que por una "élite".

Cuando esa "élite" tiene medios de sostenerlo y de sacrificarle un poco de dinero como compensación del placer intelectual que le exige, el equilibrio se establece, el teatro conserva un nivel elevado, se convierte en un educador admirable y ejerce una saludable influencia. Pero cuando queda restringido a sus propios recursos, trata de complacer a todo el mundo, pierde el sentido de la grandeza y raya a menudo en la mediocridad. El teatro, por consiguiente, está extrañamente ligado a la sociedad; ésta tiene el teatro que merece...

La colonia francesa de México –compuesta de franceses y mexicanos que conocen a fondo a Francia– tiene su teatro; el teatro que merece. Una Sociedad de Amigos del Teatro Francés, A.C. sostiene anualmente una temporada de su teatro, en francés, y año con año revisa las obras famosas definitivamente, o famosas en su momento, y las ofrece a sus abonados y al público en tres únicas funciones. Este año ha elegido nombres representativos de épocas y corrientes bien distintas –cito en el orden en que habrán de representarse–: Bernstein, Robert de Flers y Francis de Croisset, Anouilh, Jules Renard, Molière y Jacques Deval. Para muchos no constituyó acierto la obra de Bernstein –La soif, estrenada en París en 1950–, que inauguró la temporada. En cambio todos están de acuerdo en que fue feliz la elección de la segunda de la temporada: Les nouveaux messieurs, de Robert de Flers y Francis de Croisset, nueva en México no obstante que su estreno data del año 1925, en París por supuesto, con Victor Boucher, Gaby Morlay y André Dubosc a la cabeza del reparto.

El nombre del marqués Robert de Flers es común en el teatro en México, primero unido al de Armand de Caillavet, y después al de Francis de Croisset. Para nadie que tenga más de cuarenta años es un secreto que durante mucho tiempo los teatros nuestros eran como pequeñas sucursales de los de París.

El mismo año se representaban aquí las obras que triunfaban allá. Tres o cuatro traductores profesionales esperaban la llegada de La Petite Illustration, para poner en castellano la obra en turno y correr, volados, a ofrecerla a Virginia Fábregas, a Julio Taboada, a Mercedes Navarro, a Andrés Chávez, para no citar sino a aquellas figuras que no desdeñaban hacer cada vez que podían teatro francés, tan favorecido siempre en nuestro medio. Después, las hermanas Blanch se apoderaron del teatro Ideal, y se perdió ese coliseo para el teatro francés. María Tereza Montoya y Fernando Soler siguieron la tradición durante muchos años. Luego vino "lo del cine"... De Flers y de Caillavet, formaron una pareja de autores que se completaba admirablemente –fueron lo que en su tiempo Halévy y Meilhac–, para escribir un género de teatro que participaba del vodevil y de la alegre comedia costumbrista. La primera obra de De Flers y de De Caillavet que vimos fue L'amour veille, después, Le bois sacré, amable sátira del feminismo en embrión entonces; en seguida Los senderos de la virtud, que alcanzó en el antiguo teatro Renacimiento la para entonces fabulosa suma de veinticinco representaciones; El rey, sátira contra los advenedizos; El frac verde en la que se hace burla donosa de la Casa de Richelieu, que le valió, sin embargo, a de De Flers –yerno por cierto de Dumán–, que la academia lo recibiera con bicornio, frac verde y espadín, bajo la Cúpula de los inmortales. De todas las obras que he visto y recuerdo de De Flers y de De Caillavet –El ángel del hogar, El corazón tiene sus razones, El asno de Buridan (qué bien que estaba Julio Taboada), El abanico, Miquette y su madre, La oportunidad del marido–, están fijas en mi memoria una deliciosa interpretación de Primorose por Mercedes Navarro, y varias de La bella aventura, en la que doña Virginia Fábregas recorrió todos los papeles femeninos, según iba superando las etapas de la vida, desde la nieta hasta la abuela. En 1947 todavía la representó en el Ideal...

Cuando desapareció De Caillavet en 1945, De Flers encontró colaborador en de De Croisset, y con él escribió El que mucho abarca..., Por cortesía, El corazón dispone, Fuego entre cenizas, El gavilán, La felicidad, señores, Las viñas del Señor (representada recientemente por Los Comediantes de Francia) y Los nuevos señoresLes nouveaux messieurs– risueño azote de los advenedizos en todo, en el arte, en la política, en la sociedad, hasta en la burguesía. Aquí se trata de un dirigente sindical electricista que llega a ministro del Trabajo –rara coincidencia con la vida de nuestro líder electricista y ministro de Industria y Trabajo don Luis N. Morones, y más porque coincide en fechas–, y como no puede haber "arribismo" sin mujer, hay de por medio una, a la que también desea un aristócrata y senador de la República. Pero los argumentos de De Flers no se pueden, ni se deben, referir en tres líneas...

Les Comédiens de France dieron excelente interpretación a Los nuevos señores. Aparte las primeras figuras, de los profesionales diríamos: André Moreau, Jocelyne Grandval, que hizo una semi ingenua Suzanne Verrier deliciosa, y del galán Xavier Massé que habitó al personaje Jacques Gaillac, incorruptible entre sus principios y los atractivos de Suzanne Verrier a dos j'accepte, que son algo en verdad fantástico, las segundas partes estuvieron bien, muy bien, especialmente Robert Kremper en el Martín –l'huissier du Sénat–, que impregnó de fina comicidad, y Jacques Belliar, como el Barón de Courcieux, en una escena por teléfono en el último acto, que revelan cuanto hay de buen actor en él.

La postura escénica fue muy digna en todo, y la dirección de Moreau cuidó todos los detalles, y que trabajo debe costar en escenario tan reducido. El decorado del joven escenógrafo Antonio López Mancera, un gran decorado, y de muy buen gusto, resuelto con habilidad y pericia.

Muchas gracias a la Societé des Amis du Théare Français por sostener su teatro.