FICHA TÉCNICA



Título obra Cruce de caminos

Autoría Diódoro Romero Caballero

Dirección Diódoro Romero Caballero

Elenco Ofelia Romero Caballero, Angelina Martínez de Cacho

Escenografía Juan R. Fuentes

Grupos y compañías Alumnos de la Universidad de Puebla, del Instituto Normal del Estado, de la secundaria Venustiano Carranza y de los institutos Carlos Pereyra y Madero

Espacios teatrales Teatro Principal, de Puebla

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno en el teatro Principal de Puebla de Cruce de caminos de Diódoro Romero Caballero”, en Novedades, 4 junio 1952.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno en el teatro Principal de Puebla de Cruce de caminos de Diódoro Romero Caballero

Armando de Maria y Campos

En Diódoro Romero Caballero tiene Puebla a uno de sus autores teatrales más entusiastas y tenaces. Nada le detiene en su propósito de hacer teatro, escribiéndolo, dirigiéndolo, representándolo. Romero Caballero es poblano de nacimiento, vive actualmente en Puebla, ha vivido siempre en la ciudad angelopolitana y no va a buscar sus temas o sus personas fuera de Puebla. Todo lo tiene cerca de sí, al alcance de su vista y su experiencia personal, y los puntos de su pluma trasladan al papel hombres y hechos de la realidad más estricta y espontánea.

La primera obra de Romero Caballero, una comedia con sabor quinteriano, se desarrolla en Teziutlán, delicioso lugar de la sierra poblana, donde el autor atendía un juzgado, titulada Tierra de neblina. Su segunda producción recogió aspectos y tradiciones de la vida del extinto convento de Santa Mónica y lleva por título Casa de perfección. Ahora ha trasladado a tres actos muy alegres, muy sencillos y muy frescos, la vida universitaria de la Ciudad de los Ángeles. Su nueva comedia, Cruce de caminos, fija una época de la vida estudiantil poblana, y como en Tierra de neblina y en Casa de perfección, en Cruce de caminos casi no hay fantasía ni invención, ni artilugio, porque todo es realidad tomada de la vida. En cada escena el espectador enterado recuerda un hecho cierto, casi sin adobar; ve a un personaje conocido y popular en el ambiente en que vivió, oye frases y palabras que ya antes había oído a fulano, a zutano o a perengano, que da la casualidad que son los mismos personajes, ligeramente embozados tras otro nombre, que está viendo representar. Y todo ello expuesto con naturalidad, sin franca ambición literaria, sin artificio de comediógrafo pedante, sin preocupaciones de innovación ni espasmos de genialidad histérica. Romero Caballero es un comediógrafo que escribe con claridad, que construye sus comedias con sencillez, sin seguir modelos en moda, que va en busca de un público ingenuo que ignora a Priestley, a Sartre y a Usigli. Romero Caballero es un escritor católico que dirige sus comedias a un público católico, sencillo y sano.

Nació Romero Caballero en Puebla, en 1912. Muy joven quedó huérfano y con media docena de hermanas menores que él, y con Dios delante y con Dios detrás. Estudió. De 1927 a 1937 pasó por la Universidad. Se recibió de abogado en 1939. Sus primeras prácticas fue a hacerlas a Teziutlán y allí vivió la experiencia sentimental que después había de convertirse en la anécdota teatral de su comedia Tierra de neblinas. Después, ya en Puebla, fue auxiliar de la Procuraduría, subprocurador de Justicia, agente del Ministerio Público, juez de la Corte Penal, secretario de la Junta Central de Conciliación y Arbitraje. Ya maduro, seguro de sí mismo y dueño de un amplio crédito profesional, abrió despacho y ahora litiga, alejado de todo cargo oficial. Y lee y escribe teatro en los escasos ratos de ocio que le deja su profesión.

En 1950 escribió Cruce de caminos con recuerdos, anécdotas, referencias y hasta chismes intrascendentes de la vida estudiantil y universitaria de la ciudad de Puebla. Cruce de caminos se representó en el viejo teatro Principal, de Puebla, que por cierto amenaza ruina, este último fin de semana –sábado 1, domingo 2 y lunes 3–, muy estorbado por la lluvia y el entusiasmo de los sectores político y sindical a causa de la visita a la Ciudad de los Ángeles y de Zaragoza del candidato del PRI a la presidencia de la república, don Adolfo Ruiz Cortines. Sin embargo, las tres representaciones se vieron muy concurridas por el público católico poblano y por el anuncio de que en la primera de las tres representaciones hablaría el ilustre tribuno y comediógrafo don Nemesio García Naranjo.

Sobre el fondo de una vida estudiantil alharaquienta, corre fluida y fácil, la anécdota –que fue historia verdadera– de un estudiante pobre, de un padre que no comprende lo que significa que se haga una carrera con privaciones, fe y sacrificios, y de una madre comprensiva y abnegada. El primer acto, en los patios de la Universidad; el segundo, en la humilde casa del estudiante pobre y tenaz, y el tercero, otra vez en la Universidad, para desenlazar el argumento, con el brillante examen del estudiante porfiado, al que sus compañeros sacan en hombros del aula. Entre Lessing, que aconseja que "la observación más estricta de las reglas no puede pesar más que el más pequeño defecto de un carácter", y la recomendación de Corneille de que "es cierto que hay leyes del drama, ya que es una arte; pero no es cierto que estas leyes existan". Romero Caballero camina solo, seguro de sí mismo y buscando únicamente distraer, interesar, emocionar al público, y lo consigue ampliamente con los sucesos que se desarrollan en ese Cruce de caminos que es toda Universidad.

Hablan los estudiantes de sus ambiciones y aventuras, y los catedráticos de sus desesperanzas, con su resignación a las intrigas tradicionales y a las bromas de los estudiantes. En el personaje de la estudiante Floris los estudiantes de ayer reconocieron a la que pasó por la Universidad arrastrando su mote de "La Petrolera"; en el burlador de muchachas estudiantes, al norteño que una vez recibido se marchó a Matamoros; en el "gordito y calloso", que le decían "El Loro", al ahora respetable urólogo doctor Rafael Cañete. Algunas escenas –como la de la muchacha que, pistola en mano, va en busca del estudiante "para que le cumpla", casi son fotografías –me dijeron– de una realidad que pasa de curso en curso como conseja. Todo esto lo vio, lo vivió Romero Caballero, que ha sido catedrático de primer año de Educación Cívica en la Preparatoria, de primero y tercer año de Civismo en la secundaria Venustiano Carranza, de primero, segundo y tercero en el Instituto Carlos Pereyra, y de primer año en el Instituto Madero. No inventa nada Romero Caballero, se concreta a pintar del natural.

Interpretaron Cruce de caminos alumnos de la Universidad de Puebla, del Instituto Normal del Estado, de la secundaria Venustiano Carranza y de los institutos Carlos Pereyra y Madero. Treinta y cinco estudiantes en general, que fueron un problema para la dirección, aparte algunos elementos del grupo que dirige el propio Romero Caballero, como la señorita Ofelia de los mismos apellidos, y la señorita Angelina Martínez de Cacho, que interpretaron a la hija Lupe y a la madre, símbolo ésta de las abnegadas madres poblanas que son consejo y sostén de sus hijos, estudiantes pobres.

La interpretación salió muy bien, particularmente en el segundo acto –vivienda de una familia pobre–. El director de la Academia de Bellas Artes de Puebla, Juan R. Fuentes, pintó dos decoraciones muy exactas, una reproduciendo alguno de los bellos patios de la universidad poblana. La dirección, a cargo del autor, sencilla y clara. Y el público en el que había infinidad de catedráticos y multitud de estudiantes, contentísimo. El licenciado Romero Caballero salió a saludar en unión de sus intérpretes y discípulos.