FICHA TÉCNICA



Elenco Lola Flores

Notas Comentarios del autor sobre Lola Flores, cantante y bailarina española, citando su libro El teatro español contemporáneo

Referencia Armando de Maria y Campos, “Lola Flores, torbellino espectacular de la canción y del baile español”, en Novedades, 15 mayo 1952.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Lola Flores, torbellino espectacular de la canción y del baile español

Armando de Maria y Campos

Lola Flores estuvo a punto de venir a México hace cuatro años. Yo la tuve contratada en unión de Manolo Caracol, para una temporada que proyecté en unión de Vicente Miranda, el gerente de El Patio, cuando fui empresario del Arbeu. Me falló Miranda, y Lola y Manolo se quedaron en España. Formaban entonces pareja de cante y baile insustituible en este género. Ahora viene sola Lola Flores, contratada por tres hombres de empresa, de empresas de espectáculos: Rómulo O'Farril, de radio y televisión, Paco Sierra, de teatro, y Carcho Peralta de clubes nocturnos. La presentación de Lola Flores en el Iris, en el Capri, en la XEX y en la XHTV, ha conmovido en sus cimientos la tradición teatral española en México.

Desde hace cuatro años debía saberse en México qué y quién era Lola Flores. En mi libro El teatro español contemporáneo –Editorial Stylo, 1948– formado con crónicas publicadas en esta columna, hablo largo y con detalle de Lola Flores. Relaté como habían coincidido ambos, Lola y Manolo en Cabalgata, y cómo Caracol formando pareja con Lola, había creado ese género, imitado hasta la saciedad, de cantarle a una bailadora, no desde el cuadro, sino siguiéndola en su baile, conduciendo la acción con el ademán y el baile.

"Lola Flores –dije en mi libro aludido, y repito ahora que el público mexicano la conoce al fin– de arrolladora personalidad y mucho y fuerte atractivo para el público, es una derivación de lo que fue Pastora Imperio. No una imitadora, sino una consecuencia. No tiene la majestad, ni la plástica que tuvo Pastora, pero sí una fuerza temperamental igualmente brillante en lo dramático y en lo cómico y, en ambas facetas, ha logrado creaciones inolvidables. Sin saber cantar, se expresa con tal fuego y sentimiento que para nada necesita de una voz mejor timbrada. Sin haber aprendido declamación, hay muy pocas actrices actualmente que tengan el instinto y la eficacia con que ella se expresa. Y en cuanto a su baile que es a juicio de los buenos catadores, lo menos puro de su arte, y que, sin embargo, la cataloga principalmente como bailarina, tiene por lo menos personalidad, la que les falta a todas sus imitadoras, que son legión, sin que esa forma responda, como en el caso de Lola, a su temperamento. Su baile se ha formado, de la vibración de sus nervios y del arrullo del cante de "Caracol" que para ella es una fuente de improvisaciones y le ha sido sumamente beneficioso, en contra de lo que suponen muchos. Si Lola Flores no tuviese un compañero de arte tan compenetrado con ella hasta el punto de infundirle facetas que no tiene, se vería, al faltarle esa colaboración, que su arte es cortísimo y no podría sostener sin repetición, ni monotonía, tantas intervenciones como ahora lleva al cabo. Otro error de la masa que la aplaude y la admira tanto es suponerla gitana. Los que saben de eso, notan en seguida que de calé no tiene ni gota. Antes bien, podría parecer morisca, india asiática o afroantillana que gitana.

Ni su baile tiene nada en colocación de brazos, de estilo cañí, ni su cante tiene relación con el de ninguna cantaora. Es una graciosa cancionista flamenca, llena de fuego y de expresión, y una bailarina dinámica que retuerce los brazos y revolotea la falda con tanto ímpetu como ausencia de línea pura. Mas, a pesar de ello, arrolla y hasta... sobrecoge".

Eso escribí en 1948, pero habría mucho que agregar, sobre todo si se tiene en cuenta que Manolo Caracol ha desaparecido de su vida. Su debut en México ha sido arrollador, a pesar del programa –un absurdo batiburrillo– que le forma marco. Debutó con una antigua creación suya: la Zarzamora, y estuvo cataclismal, egocéntrica. Bailando se mostró más patética, como electrificada. Y menos pura como bailarina flamenca. Muy "cobera" en todo; quería echarse al público en el invisible bolsillo de la bata, y lo logró seguramente. El público de México –el noventa por ciento, esa noche español– la aplaudió mucho; Lola fue aclamada hasta la histeria, y no faltó el discursito de gratitud, porque el público le reconoció sus méritos.

El público no tuvo esa noche más ojos y oídos que para la creadora de la canción del "Lerele". Y aunque hubiera querido ver y oír otra cosa, no habría encontrado nada extraordinario. Ni menos en el cuadro español, del que es fulgor único Lola Flores.