FICHA TÉCNICA



Título obra Mi marido tiene complejos

Notas de Título Le complexe de Philémon (título en el idioma original)

Autoría Jean Bernard-Luc

Notas de autoría Luis G. Linares / traducción

Dirección Fernando Wagner

Elenco Sara Guash, Magda Donato, Amparo Grifell, Marión de Lagos, Carolina Barret, José Elías Moreno, Carlos Riquelme, Eduardo Uthoff

Espacios teatrales Sala Chopin

Eventos Inauguración de la Sala Chopin

Referencia Armando de Maria y Campos, “Inauguración de la sala Chopin. Estreno de Mi marido tiene complejos de Jean Bernard-Luc”, en Novedades, 30 abril 1952.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Inauguración de la sala Chopin. Estreno de Mi marido tiene complejos de Jean Bernard-Luc

Armando de Maria y Campos

El 24 de abril se inauguró la sala Chopin con un concierto a cargo de la Orquesta Filarmónica Mexicana que dirige el maestro Higinio Ruvalcaba. Se tocó la obertura Eleonora No. 3 de Beethoven, el Concierto en Mi menor de Chopin, con Esperanza Cruz como solista, la Suite Tierra de Raúl Lavista y la obertura Los maestros cantores de Wagner. El maestro Manuel Barajas dijo unas palabras explicando los propósitos del propietario de la sala Chopin, don Jorge C. Altamirano, que no son otros que hacer y propagar la buena música, y de ocupar, también, la sala con algunos espectáculos teatrales.

La sala Chopin, ubicada en un soberbio edificio en la esquina de Insurgentes y Puebla, lujosa y con el mejor gusto decorada, cuenta con 500 butacas, y su acústica es magnífica. Al día siguiente de su inauguración oficial como sala de música, abrió su cortina para ofrecer la representación de una comedia francesa: El complejo de Filemón de Jean Bernard-Luc, estrenada en París hace dos temporadas, con éxito de público que movió a un traductor español, Luis G. Linares a traducirla para un teatro de Madrid habiéndola interpretado la compañía de Conchita Montes en el de la Comedia, en diciembre de 1951. Algunos meses antes se había de conocer en Buenos Aires.

¿Qué tipo de comedia es Le complexe de Philémon y quién es su autor, Jean Bernard-Luc? De éste se sabe que ha estrenado: Don José, comedia, que fue representada en Bruselas el año 1950, cuando su autor andaba alrededor de los treinta años. En 1944 el público de París lo conoció a través de su comedia Le diner de famille, que pasó de las 150 representaciones, pero con teatro lleno. Una nueva obra suya alcanzó éxito en París en 1947: L'amour vient en juant, con Danielle Darrieux, quien la llevó a las 276 representaciones. En 1949 representóse en París otra obra de Bernard-Luc, que ya conocen varios públicos de Europa: Nuit des hommes. Finalmente, viene ésta: Le complexe de Philémon, que interpretaron en la Ciudad Lux Suzanne Flon, Henry Guisol y Madeleine Barbulée. En Madrid la hicieron Conchita Montes, Pedro Porcel, Lola Gálvez, Juan Espantaleón, José Franco, Pilar Muñoz, Carmen Posadas y Ángeles Puchol. Ahora, en la sala Chopin, Sara Guash, bella y frondosa actriz –que por cierto se encargó del papel central Elena, esposa modelo como la Baucis mitológica seis días antes de su estreno–; Magda Donato, un poco fuera de edad, Amparo Grifell, muy humana y maestra en el matiz; Marión de Lagos, Carolina Barret, encantadora, pero cayendo en arranques del peor gusto; José Elías Moreno, en el Francisco, esposo modelo, acomplejado de fidelidad, como Philemon; Carlos Riquelme y Eduardo Uthoff. La postura escénica está equivocada. El autor pide un interior de casa burguesa en una provincia de Francia, Wagner prefirió un apartamentito, de esos muy monos, de la colonia Cuauhtémoc, Sara –Elena Baucis– lució una rica bata de estar en casa; Marión de Lagos prefirió un modelo, y Carolina Barret salió disfrazada de vampiresa de Hollywood... En ese ambiente mundano cuesta trabajo hallar un marido víctima del complejo de Filemón, menos aún, con complejos diversos. De ahí el error del título elegido por Magda Donato en la presente traducción.

Ovidio narra el episodio de Filemón y Baucis en el libro VIII de sus Metamorfosis, capítulo IV: El lector curioso puede hallarlo en la edición de F. Didot, París, 1864. Gounod compuso una ópera sobre este asunto y Van Hoech inmortalizó a la feliz, moral pareja, en un lienzo inolvidable. Etcheverry pintó un cuadro representando la visita de Júpiter y Mercurio a la casa de Filemón y Baucis, origen de la leyenda que aprovechó Bernard-Luc para su ingeniosa pieza de teatro, al estilo de las de Alfred Savoir. Júpiter, cuenta la mitología, andaba por el mundo en unión de Mercurio, quien se había quitado las alas para no ser reconocido, observando como los hombres practicaban la virtud de las hospitalidad. Les habían cerrado muchas puertas, cuando tocaron en las de la choza de Filemón y Baucis, en Frigia. Fueron objeto de hospitalidad humilde y cordial, parca y frugal, en la medida de los anfitriones, Júpiter quiso premiar la unión estrecha, a base de mutua fidelidad, de Baucis y Filemón, y les dijo que podía concederles la gracia que quisieran. Ellos le pidieron la de sobrevivirse uno al otro. Abreviando, Júpiter les convirtió su choza en palacio de la lealtad mutua, viviendo juntos hasta la hora señalada por el destino; entonces hizo que su muerte no fuese tal, sino una gloriosa transformación: "Un día en que, al paso de los años, la pareja contaba a los viajeros la historia de aquellos parajes, Baucis vio que Filemón se cubría de follaje en todo el cuerpo, y Filemón a su vez vio que Baucis se cubría de ramas verdes; al poco una corteza fue cubriendo el cuerpo de ambos y descendiendo por todo el cuerpo. Mientras pudieron hablar, cambiaron entre sí tiernas palabras; finalmente, se dieron un mutuo adiós y la verde sustancia vegetal cubrió sus bocas. El habitante de Tyana muestra aún hoy al visitante los dos troncos del árbol en los que se hallan convertidos los cuerpos de la pareja fiel." Así narra Ovidio el bello episodio que, en manos de Freud, se convirtió en el complejo de Filemón.

Jean Bernard-Luc levanta alegremente su comedia sobre una situación cómica y... clásica. Recordemos la pedantería del médico molièresco, que todo lo explica, todo lo demuestra y todo lo cura, y no rechaza procedimiento extraño, por absurdo que parezca, siempre que el sujeto paciente esté imbuido de una fe supersticiosa, que nada tendría que ver ni con su cultura, ni con su posición social. La fiebre del psicoanálisis, la boga de los psiquiatras conferenciantes y con consultorio, hace en la comedia de Bernard-Luc de idéntico resorte molièresco. Un psiquiatra de segunda mano logra introducir en un matrimonio tan perfecto como el de Filemón y Baucis la angustia de los complejos freudianos, y logra, gracias a su ingenio travieso y agilísimo, sorpresivos efectos cómicos, que se antojan, en ese resbaladizo terreno, inagotables. El resultado es una sátira entretenida, graciosa y fina, jugando libremente con situaciones que se confunden en lo real y en lo incongruente. Juego peligroso que pone a prueba la sensibilidad del director y la elasticidad de temperamento y facultades de los intérpretes. En el presente caso, tanto el deber como el haber corresponde a Fernando Wagner, director mexicano de origen alemán. Tengo para mí que a veces permitió que sus actores desbarraran por lo chocarrero. No se redujo al lógico ambiente provinciano, y esto desorbitó por igual la realidad y la incongruencia. No contó, tampoco, y para su desgracia, con un grupo de actores que produjera una interpretación equilibrada. Esta, al parecer forzosa, mixtura de gente que por igual proviene del teatro, que del cine, que de los grupos llamados experimentales –tres cosas distintas y raras veces teatro verdadero–, da qué pensar si favorece, o si perjudica, nuestras representaciones.

Gustó al público del estreno El complejo de Filemón –o Mi marido tiene complejos– a pesar de lo largo de los actos –en Madrid se redujeron a dos los tres actos–, y el director y los actores fueron muy aplaudidos.