FICHA TÉCNICA



Título obra ¡Que no quemen a la dama!

Notas de Título The lady's not for burning (título original en inglés)

Autoría Christopher Fry

Notas de autoría León Felipe Camino / versión

Dirección Charles Rooner

Elenco Augusto Benedico, Héctor Mateos, José Riande, Francisco Meneses, Rafael Montalvo, Álvaro Matute, Francisco García Luna, Bugarini, Luisa Rooner, Dulce María Serret (Tana Lynn), Alicia Rodríguez

Escenografía Toby Joysmith

Vestuario Jean Joysmith

Espacios teatrales Sala Molière

Referencia Armando de Maria y Campos, “Christopher Fry en escenarios experimentales. Venus observed por el grupo Aguileón y Que no quemen a la dama, por el de Rooner”, en Novedades, 11 marzo 1952.




Título obra Venus observed

Autoría Christopher Fry

Grupos y compañías Grupo Teatro Aguileón

Referencia Armando de Maria y Campos, “Christopher Fry en escenarios experimentales. Venus observed por el grupo Aguileón y Que no quemen a la dama, por el de Rooner”, en Novedades, 11 marzo 1952.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Christopher Fry en escenarios experimentales. Venus observed por el grupo Aguileón y Que no quemen a la dama, por el de Rooner

Armando de Maria y Campos

Mal periodista es aquel que se entera por el periódico de lo que pasa o le interesa. Debo confesar que gracias a la información que hace unos días trajo la página en inglés de un colega, tuve noticias de que el grupo Teatro Aguileón estaba representado exclusivamente para la colonia inglesa y para algunos de sus íntimos, una pieza nueva de Christopher Fry: Venus observed. La noticia era gráfica: la foto de una escena y algunos nombres de los intérpretes al pie de ella. Nada más. Días después, ahora sí precedida de alguna publicidad, se empezó a representar en la sala Molière de la calle de Nazas, otra comedia de Fry: The lady's not for burning (¡Que no quemen a la dama!), representada en inglés en diciembre del año próximo pasado por el mismo grupo de actores que ahora ha interpretado también en su lengua original Venus observed. La representación de ¡Que no quemen a la dama! en la sala Molière, por discípulos del ponderado y excelente director Charles Rooner, es en castellano, a través de una excelente versión del gran poeta español León Felipe Camino.

Con ocasión del estreno en inglés de The lady's not for burning escribí1 un comentario con algunos datos biográficos y otros anecdóticos de Fry, y aventuré algún juicio sobre esta deliciosa comedia. Al final de aquella nota avisé a mis lectores que el poeta León Felipe trabajaba una traducción libre de esta pieza, que es la que representan, magníficamente por cierto, los discípulos de Rooner. León Felipe realizó una excelente traducción, él dice que "con una libertad irreverente". Yo opino que con una fidelidad sorprendente, porque León Felipe es, sin hipérbole, el único gran poeta que puede traducir al castellano al gran poeta inglés que es Fry. La obra original "está escrita en verso –uso palabras de León Felipe–, un verso inglés, tradicional y shakesperiano. Yo la he trasladado al español en unas formas que están más atrás de nuestros días clásicos, y que no siendo propiamente formas romancescas, se entroncan con la métrica de los cantores épicos y con mi propio aliento. Quiero decir que son versos sin época ni escuela". Yo agrego: casi no son versos. La traducción de la poesía de Fry por León Felipe es musical y poética por excelente; importa el fondo, aliento y espíritu, y no la forma; el vino y no la copa, por más que ésta de León Felipe sea fina, frágil, transparente. A través de la forma musical y rítmica no se pierde ni una sola de las audaces, desconcertantes, siempre teatrales metáforas características de Fry.

La obra del inglés trata, con un fino aire de sátira, de la manía persecutoria de brujas de principios del siglo XV, y se refiere a una joven acusada y a un joven soldado, asqueado de la vida, que trata de apartar de ella la atención pública, pretendiendo que él es todo lo que se piensa que es ella y más. –¡Quiero que me ahorquen!... dice, y, luego, cuando el amor ilumina su espíritu: ¡Que no quemen a la dama!... Ya lo dije en crónica anterior: los diálogos de The lady's not for burning se desarrollan con agilidad e ingenio extraordinario, salpicados, como los prados en primavera de florecillas imprevistas, de imprevistas imágenes poéticas, que nos hacen pensar en una frase de Tomás Mendip, el personaje central. ¡Trato de decir que la vida es, de todos los milagros, el más real y milagroso!

El director Charles Rooner tuvo su primer acierto al elegir para cada personaje el tipo más apropiado. Todos están en papel, y él así pudo lograr una interpretación total admirablemente dirigida. Es sin disputa, su mejor realización en México. Lo mismo vale decir de la interpretación de Augusto Benedico, que dice y actúa y recita su papel con fría emoción y seguridad insuperables. Lleva el peso de la obra, ¡y de las metáforas! y en todo momento sostiene el interés creciente de la obra. Héctor Mateos (el alcalde) y José Riande (el capellán) le siguen en mérito y seguridad, y con no menos talento actúan Francisco Meneses, Rafael Montalvo y Álvaro Matute, García Luna y Bugarini. Únicamente tres mujeres intervienen en el reparto, y las tres logran hacerse admirar, particularmente Luisa Rooner en Margaret, la madre, por su fino aire cómico y su absoluto domino del matiz; Tana Lynn, de espléndida belleza, no tiene como aliada a su voz, a veces demasiado clara, o, mejor, sin color dramático. La señorita Alicia Rodríguez compuso una deliciosa ingenua diciendo y actuando con soltura la solterita Alizon Eliot. Completan esta magnífica versión de Fry hecha por León Felipe y Charles Rooner la muy característica escenografía de Toby Joysmith y el vestuario muy propio de Jean Joysmith.

Unas palabras sobre Venus observed, que no he visto, y no por falta de deseos (¡cuesta tanto trabajo adivinar cuándo, cómo y dónde actúa el grupo Teatro Aguileón!). Actualmente la aplauden públicos de Londres y Nueva York. Leo en una crónica de J.C. Trewin, que con ocasión del estreno de Venus observed, en el St. James Theatre de Londres, con Lawrence Olivier como empresario y actor al frente de un estupendo conjunto, se veía a muchos espectadores tomar rápidas notas en los programas, a medida que se iban prodigando las frases bellas, las metáforas desconcertantes, porque –lo dicen todos los críticos– nunca se sabe qué es lo que Fry va a decir. En Venus observed un personaje se refiere a un eclipse y dice que es: "un penique situado, no en el ojo muerto, sino en el vivo, del sol". En otra ocasión dice refiriéndose a un personaje: "allí se sienta y murmura, como si la mañana fuera un plato de leche". Y así prosigue la obra –refiere un crítico inglés– en un torrente de frases de una originalidad que pocas veces se encuentra en los escenarios de Londres. Y cuando el río suena –Londres oye constantemente el lenguaje elocuente del río– es porque algo lleva.

El argumento de Venus observed, en sí, es difícil de narrar. Figuraos: un duque, astrónomo y enamorado, ha invitado a tres de sus antiguas amantes a que acudan a su observatorio durante un eclipse solar, también invita a su hijo para que, de las tres mujeres elija una madrastra. Pero al llegar de América la hija del administrador de tierras, la obra se convierte en una lucha, muy correcta, entre padre e hijo para alcanzar la mano de la gentil recién llegada. Triunfa el hijo, tras una larga conversación nocturna, unos ejercicios de tiro de flecha en el parque y un incendio en la torre del observatorio. El duque se conforma y consuela con una de sus antiguas amantes. La trama es peligrosamente escasa, pero la obra es rica en frases, en metáforas. "Pudiera uno decir de la obra –opina Trewin–, que es un brillante tapiz de palabras, tejido con hilos de plata, por lo que respecta a la escena de noche de luna, del segundo acto, y de colores otoñales –bermejo, bronce y cobre– por lo que se refiere al resto de la obra", que es, en definitiva, según tan autorizada opinión, "extraordinaria, en muchos sentidos".

Felicitémonos de que dos obras de Fry se representen simultáneamente en México. Y resignémonos a que en otros escenarios se expendan las palomitas de maíz o el cacahuate garapiñado que produce el señor Torrado. Que cada quien se sirva según su paladar...

1 N. de la E. La crónica referida está fechada el 27 de diciembre de 1951.