FICHA TÉCNICA



Título obra The innocents

Notas de autoría Henry James / autor de la novela The turn of the screw; William Archibald / adaptación teatral

Dirección Roberto Ramírez

Elenco Toy Bauman, Rodney Bauman, Aenid McCrae, Millicent Cedar

Notas de escenografía Will Gorge, Bill Meador, John W. Brille / equipo técnico

Grupos y compañías Grupo Teatro Internacionale

Notas de grupos y compañías Arnold Coty / empresario

Espacios teatrales Hotel Shangri-La, Cuernavaca

Productores Roberto Ramírez

Referencia Armando de Maria y Campos, “The innocents de William Archibald, en el teatro Internacionale del hotel Shangri-La de Cuernavaca”, en Novedades, 4 marzo 1952.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

The innocents de William Archibald, en el teatro Internacionale del hotel Shangri-La de Cuernavaca

Armando de Maria y Campos

El grupo Teatro Internacionale de Arnold Coty, que durante el año 1951 se instaló en el hotel Chulavista de Cuernavaca, se trasladó este año al hotel Shangri-La de la misma población. La nueva residencia del TI es magnífica. Actúa en un gran salón enclavado en el jardín del señorial hotel de la avenida Emiliano Zapata, con mejor área de actuación, y más comodidad y visibilidad para el público.

La primera obra de la temporada fue The innocents de William Archibald, producida y dirigida por Roberto Ramírez, y se representó del 5 al 12 de enero. Temas de inaplazable actualidad, los comentarios a la obra teatral de don Manuel Eduardo de Gorostiza cuyo centenario estamos celebrando y la reseña de las novedades teatrales en la metrópoli, me habían obligado a retrasar ésta sobre The innocents, a cuya primera representación en la República asistí –3 de enero–, como lo he seguido haciendo y me propongo continuar con todas las obras que presente el Teatro Internacionale, único medio de conocer los más recientes sucesos teatrales en Broadway. Esta con la que inició Coty su temporada 1952 pertenece al grupo de obras estrenadas en Nueva York en 1950 –febrero 1, Playhouse– y alcanzó 141 representaciones, interpretada por Iris Mann, Isobel Elsom, Beatrice Straight y David Cole, en los principales papeles –los nombres de los otros personajes no aparecen en los programas porque... interpretan a fantasmas–, bajo la dirección de Peter Glenville. La acción ocurre en Inglaterra, en 1880.

"The innocents está inspirada en un cuento de Henry James titulado The turn of the screw (La vuelta del tornillo). Ni el cuento de James, ni en consecuencia el drama de Archibald proponen un tema nuevo. Los fantasmas son tan viejos en la literatura de todos los tiempos como la misma literatura de sus respectivas épocas. Shakespeare descubrió que ningún problema ha sido más difícil para el dramaturgo que el manejo de fantasmas. Hay algo perversamente cómico en los espectros que aparecen en el escenario pretendiendo flotar entre velos, bañados de la imprescindible luz azul. Solamente cuando el fantasma se revela tal como era en la vida real, es decir, disfrazado de ser viviente, resulta lógica su aparición y fácil su manejo en la escena.

"Si se presenta de otra manera y con el antiguo estilo de tul y gasa, los espectros necesariamente tienen que recordar, y no muy en serio, una función de Loie Fuller o de Isadora Duncan... Con el consiguiente bochorno de los empresarios dramáticos", escribió George Jean Nathan, hablando de The innocents.

La pieza de Archibald, independientemente de que haya sido inspirada en el cuento de James que no conozco, resulta divertidísima, y en ningún momento pierde el suspense fantasmal que la llevó al éxito teatral. El estilo fantasmal ha sido tan crédulo y convencionalmente establecido que aunque no se hiciera tan en serio, menos teatral, de todas maneras resultaría de un atractivo singular. El autor de The innocents, creyó sin embargo, pertinente anticipar al público alguna consideración: "Como lo más de James –dijo– no está implícito en la acción, sino en lo que acontece en la mente de los sujetos que actúan y como en este cuento, en particular es oscuro y ambiguo, lo que ocurre tuvo que aclararse a los auditorios teatrales". Repito que no conozco el cuento que inspiró a Archibald, y por eso me atengo a lo que a este respecto dijo la crítica neoyorquina: "menos aclaración de Archibald y más dosis de James hubiera dado a su drama mayor calidad y valor". Y es verdad, porque Ibsen no juzgó necesario lo oscuro y ambiguo de La dama del mar o El pato salvaje, y lo mismo Strindberg de La danza macabra o Hauptmann en La campana hundida, ni Pirandello en la mayoría de sus obras.

Archibald compuso una pieza con nervio dramático y rasgos humorísticos para darle gusto al público, o por lo menos a ese sector conforme y dócil, que no ve el engaño sencillamente porque se ha dejado engañar. La verdadera dificultad de presentar fantasmas en la escena es problema que el autor deja al director. Mucho más fácil es imaginar fantasmas, hacerlos visibles, en la página impresa, porque el lector no los ve, excepto en su imaginación, pero hay considerable diferencia entre el libro y el escenario. El teatro es menos afortunado a este respecto que el cine que, mediante dobles exposiciones, u otro truco cualquiera de superposición de imágenes, puede lograr que los fantasmas aparezcan, mucho más fantasmas y más reales al mismo tiempo sin contar, lo repito, con que el público de cine tiene en general, mentalidad menos estricta que el aficionado al teatro. Archibald se coloca en el término medio, uno de sus fantasmas se muestra en su forma mundana, aunque detrás de cortinas de gasa que deben oscurecer su silueta, y el otro a la clásica manera antigua, flotando en luces azules. Véase como se vea el drama de relativo terror de William Archibald es una pieza que emociona de principio al fin. Mantiene despierto el interés del público, sujeto a algo que va a suceder, que muchas cosas deben pasar entre luces semiapagadas, sombras en la noche, ruidos misteriosos –todo sugerido con música sugestiva incidental–. El equipo con que cuenta Coty –Will George, Bill Meador, John W. Brille– tuvo que luchar con muchos obstáculos de modestia de escenario, falta de recursos materiales, de iluminación, para lograr que The innocents se representara como la imaginó el autor, pero supo vencer la mayoría de ellos, logrando una presentación por demás estimable.

Sobre cuatro personajes –sin contar los fantasmas– descansa la representación e interpretación de The innocents, lo que a ratos imprime cierta monotonía a la acción. Pensamos en el cuento y en que la visión se amplía según la fantasía del lector. Esta vez tuvimos que echar a volar todos los pájaros locos de la imaginación para ver los fantasmas que la institutriz Miss Giddens afirma la rodean y los que los niños aseguran que no existen...

En la representación de The innocents de Cuernavaca intervinieron Toy Bauman –Flora–, Aenid McCroe –Mrs. Corse–, Millicent Cedar –Miss Giddens– y Rodney Bauman –Miles–. Todos actuaron con propiedad, muy seguros como es característico en ellos. La señorita Cedar tuvo momentos admirables en la neurótica institutriz que ve fantasmas por todas partes... La reconstrucción de la época –Inglaterra, 1880– muy exacta y la iluminación manejada con acierto y maña. Todo debe abonársele a Roberto Ramírez, excepción hecha de la supervisión musical, que tomó a su cargo Arnold Coty. Por la índole del argumento de The innocents no se mencionó en Nueva York a los niños que toman parte en la representación. Aquí debe ser distinto, por ser de justicia también. En la obra toman parte dos niños. En la versión de Cuernavaca intervinieron los niños Toy y Rodney Bauman.