FICHA TÉCNICA



Título obra Contigo pan y cebolla

Autoría Manuel Eduardo de Gorostiza

Notas de autoría Salvador Novo / adaptación

Dirección Salvador Novo

Elenco Rosa María Moreno, Manolo Fábregas, Andrés Orozco, Neri Ornelas, Ángeles Marrufo, Marcela Prado, Mario García

Escenografía Antonio López Mancera

Vestuario Armando Valdés Peza

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Eventos Centenario de la muerte de Manuel Eduardo de Gorostiza convocado la Agrupación de Críticos de Teatro de México

Notas Con motivo del centenario de Manuel Eduardo de Gorostiza, el autor cita y comenta una crónica de Contigo pan y cebolla del cronista Fernando José de Larra Fígaro en 1833

Referencia Armando de Maria y Campos, “Contigo pan y cebolla, según el juicio de un cronista de la época de su estreno: ‘Fígaro’”, en Novedades, 22 febrero 1952.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Contigo pan y cebolla, según el juicio de un cronista de la época de su estreno: "Fígaro"

Armando de Maria y Campos

El argumento de Contigo pan y cebolla de Gorostiza es sencillo, casi pueril. "Fígaro" lo refiere en su crónica con toda clase de detalles, según era costumbre en los escritores de aquella época. Conviene recordarlo, pero no con la extensión de Larra, sino más brevemente, como lo hizo Pimentel, por ejemplo.

"Matilde, hija de don Pedro, la cual disfruta de comodidades en su casa, tiene relaciones amorosas con Eduardo, mozo rico. Los padres de Matilde aprueban el afecto de los jóvenes y todo se facilita para su enlace, lo cual basta para que Matilde cambie de parecer hasta el grado de rechazar la mano de Eduardo. Esta conducta se explica con la circunstancia de que Matilde tenía exaltada la imaginación por la lectura de novelas románticas; su ideal era un amor contrariado y lleno de dificultades, y aun le llegó a parecer prosaico que su novio heredase el título de alguacil mayor. En este estado de cosas, Eduardo se finge desheredado y pobre, y de acuerdo con don Pedro, éste aparenta rechazar las pretensiones de aquél. Entonces la niña vuelve su cariño a Eduardo, y se encapricha en casarse con él, al grado de escaparse de la casa paterna y casarse clandestinamente. Más adelante aparecen ya casados Eduardo y Matilde, está arrepentida de lo que ha hecho al experimentar los inconvenientes de la pobreza. Al fin de todo, don Pedro se presenta buscando a su hija, ésta le pide perdón y se vuelve con el marido a la casa, curada de su manía."

"Fígaro" no se muestra parco en el elogio, pero no deja de censurar con exceso. ¿Paradójico, verdad?... Así era Larra, entusiasta y severo; un inconforme permanente. "Ya puede inferir el lector qué de escenas cómicas ha tenido el autor a su disposición –comenta 'Fígaro'–. El señor Gorostiza no las ha desperdiciado; rasgos hemos visto en su linda comedia que Molière no repugnaría, escenas enteras que honrarían a Moratín. El carácter del criado y las situaciones todas en que se encuentra son excelentes y pertenecen a la buena comedia; del padre pudiéramos decir lo que dice la marquesa de su marido: ni es feo ni es bonito; es un hombre pasivo, es un instrumento no más del astuto don Eduardo. Éste es un bello carácter: la carta que escribe es del mayor efecto y pertenece a la alta comedia. El lenguaje es castizo y puro; el diálogo bien sostenido y chispeando gracia, si bien no quisiéramos que se desluciesen algunas demasiado chocarreras, como la de los malhados 'fetos' por 'efectos', la de 'cebolla' que se 'repite', etc., y otras que no queremos citar porque no se nos tache de rigurosos. Estas gracias son de mal tono, de no muy buen gusto, y de baja sociedad, por más que el público las ría y las aplauda en el primer momento."

Hasta aquí el elogio, muy justo por otra parte. En seguida, "Fígaro" muestra la otra cara de la moneda, no menos interesante que la primera. "Después de haber tributado el debido homenaje de elogios que de nuestra pluma reclamaba imperiosamente la divertida comedia del señor Gorostiza, ¿nos será –se pregunta– permitido indicar algunos de los defectos de que rara obra humana consigue verse completamente purgada? ¿Se dirá que nos ensangrentamos (sic), que somos parciales, si ponemos al lado del elogio el grito de nuestra conciencia literaria? Quisiéramos equivocarnos, pero el carácter de la protagonista nos parece por lo menos llevado a un punto de exageración tal, que sería imposible hallar en el mundo un original siquiera que se le aproximase... Esta exageración hace aparecer a Matilde loca las más veces; quiere ser el don Quijote de las novelas... Si la comedia pedía un carácter, era preciso no haber pasado los límites de la verosimilitud, pues pasándolos, Matilde no resulta enamorada, sino maniática; por eso en varias ocasiones parece que ella misma se burla de sus desatinos; lo mismo hubiera sucedido con don Quijote si Cervantes no nos dice al principio: –Miren ustedes que está loco..."

A "Fígaro" le parece que el plan de la comedia de Gorostiza, en que un personaje finge una intriga para escarmiento de otro, es incompleto y "conspira contra la convicción: que debe ser el resultado del arte." Agrega que ni "en Molière ni en Moratín se encuentra un solo plan de esta especie." "Si Matilde –argumenta Larra– no se ha de casar más de una vez con Eduardo, si esa vez que se ha casado no ha hecho realmente locura alguna, ¿de qué puede servirle el escarmiento y el ver lo que hubiera sucedido si hubiera hecho lo que no ha hecho?" Todavía hace "Fígaro" otras consideraciones muy juiciosas antes de volver al elogio sincero: "A pesar de estas observaciones que no podemos menos de hacer, nos complacemos en repetir que es mayor la suma de las bellezas que la de los defectos de la comedia. El señor De Gorostiza ha adquirido un nuevo laurel, y nosotros quisiéramos que la obligación de periodista se limitara a alabar: mucho nos daría que hacer aun en este caso esta composición dramática. En cuanto a la representación, podemos asegurar que no nos acordamos de haber visto en Madrid nada mejor desempeñado en este género. Sepan los actores que ningún placer podemos tener mayor que el que nos proporciona el día en que sólo elogios tenemos que escribir de ellos. Para el elogio corre nuestra pluma rápidamente. Cuando se trata empero de vituperar, sólo a fuerza de horas podemos dar concluido a la prensa el artículo más conciso."

Desgraciadamente aún no he podido localizar la fecha exacta del estreno en Madrid de Contigo pan y cebolla. Ni quiénes fueron los intérpretes, que tan cálidamente elogia "Fígaro". Pero confío en mi buena estrella más que en mi escaso tiempo para investigar. Sin embargo, se puede anticipar algo, de acuerdo con la "Lista de los individuos de que se componen las compañías de verso y baile para los teatros de esta Corte –el de la Cruz y el del Príncipe– en el próximo año cómico de 1833 a 1834." Entre las probables "Matilde" , están las primeras damas: Antera Baus y Concepción Rodríguez, y entre los probables "Eduardo" los primeros actores José García Luna y Carlos Latorre. El criado Bruno –carácter jocoso– debe haberse repartido entre Pedro Cubas o Antonio de Guzmán. El padre, don Pedro, lo habrá desempeñado o Pedro Montaño o Nicanor Puchol. La Marquesa habrá corrido a cargo de alguna de las "segundas" Teresa o Joaquina Baus, tal vez Matilde Díez de Sevilla, que empezaba, y se veía "muy mona", o Carolina del Castillo. La portera habrá sido desempeñado por Jerónima Llorente, Dolores Pinto o Casimira Delgado, y el portero, por José de Guzmán o por Ignacio Silvostri, que figuraban como "sobresalientes". Que fue un conjunto magnífico, no hay duda. Lo dijo "Fígaro".

Cuarenta y nueve años después el crítico mexicano don Francisco Pimentel refutó a "Fígaro", con razones no de paso, sino de peso.

Quede ese tema para mañana...