FICHA TÉCNICA



Elenco Concepción Piquer (Conchita)

Espacios teatrales Cabaret Versalles

Notas Espectáculo de tonadillas españolas de Conchita Piquer

Referencia Armando de Maria y Campos, “Conchita Piquer, tonadillera y actriz española, canta en el Versalles”, en Novedades, 6 febrero 1952.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Conchita Piquer, tonadillera y actriz española, canta en el Versalles

Armando de Maria y Campos

En el Versalles, cabaré de lujo y tronío, frente a la Alameda mexicana perfumada de ensueño y misterio, todas las noches abre sus pétalos trémulos de emoción, la flor más pura de la tonadilla española. Conchita Piquer, actriz y tonadillera de España, canta noche a noche en el club nocturno, cabe la legendaria Alameda metropolitana cargada aún de aires virreinales españoles...

La tonadilla española es desde inmemoriales tiempos, "canción o pieza corta que se canta en teatros y cafés de rumbo y alegría". En labios de Conchita Piquer, la última gran tonadillera española –¡quiera Dios que no se acabe con ella la rica veta!– y la primera y única de su tiempo, revelada plenamente cuando cesó el fuego de la fusilería intestina, la tonadilla es drama, comedia y sainete, dolor y sonrisa, tragedia y bulería, es decir, "burlería" bailada también si a ella le da la real gana de taconear con garbo, porque Conchita baila cuando quiere como Pepita Vargas o Manuel Perea, la Nena, de grato recuerdo para los cabales que están con excelente paladar las vueltas y revueltas de baile clásico español.

Conchita Piquer, de España
tonadillera,
ríe y llora cantando, olé y olé
como las buenas
Que a casi todas
les falta el resalero
que a ésta le sobra...
¡y olé y olé!

Conchita Piquer es, ni más ni menos, una gran actriz que canta tonadillas. Aparece de pronto, como nacida de la cascada de luz de los reflectores, y sobre la breve pista del lujoso cabaré metropolitano brota, así de exacta es la ilusión, un pañolón de seda de la China, para que lo pise Conchita; y se van abriendo las flores de las tonadillas más famosas, dramáticas o graciosas, porque muchas son aires habaneros que se detuvieron en Cádiz, para reposar y aclimatarse, y volar después en busca de los labios, de los brazos de la Piquer. Da Concha dos vueltas sobre la pistilla arrollando quereres, pisando corazones, y los brazos en elocuente movimiento, los ojos iluminados y expresivos, abre los labios más rojos que la sangre pura y muestra al aire los dientes blancos y frescos como espumilla de mar. Sangre pura, los labios para que por ellos salgan esas pequeñas tragedias que son "Lola Puñales", "Y sin embargo te quiero", "Ojos verdes" o "La otra", dientes blancos, de inocente blancura traviesa, para cantar, chuflillas y tanguillos gaditanos, milongas bonaerenses tan españolas siempre, o "A la lima y al limón"...

Todas las modas antiguas
se van volviendo a adoptar,
por eso las tonadillas
vuelven a resucitar.

En la heráldica tonadilleril, desde Teresa Garrido, que fue la primera que cantó tonadillas en España, hasta Conchita Piquer, pasando por María de Guzmán, la Granadina María la Chica, Rosalía Guerra y María Alcázar, que en su tiempo pasó por las más castiza de toda la majería española; la gitana trianera Juanita Garro, y Polonia Rachel, y Mariana Raboso, La Caramba (María Antonia Fernández), Vicenta Ronquillo, Silveria Ríos, la bellísima según las litografías Antonia Navarrete, la guapetona Rosa Hugalde, Catalina Tordesillas, o La Tirana (aquella actriz trágica, a quien valió uno de sus mayores triunfos, durante largo tiempo, su papel de reina en el drama Celmira, y que sólo una vez cantó, tonadillas "tiranas"), de las de ayer, y por Aurora Joufret "La Goya", de las de ahora, correspondería a Conchita para lucir en su escudo de noble auténtica de la tonadilla, lo que es bien difícil de representar gráficamente: aroma y espina, que es más que la rosa y menos que el puñal de las tragedias. Conchita Piquer, tonadillera y actriz de España, es a un mismo tiempo breve suspiro dramático, aroma de rosa y relámpago rojo que se escapa de las venas de una pasión...

Calderón, Lope y Moreto,
Cadenas, Retana y Tégclen,
Quiroga, León y Quintero
¡y hasta el propio Moratín!
en su vida imaginaron,
tal prodigio, tal portento;
lluevan de ciento en ciento
los aplausos hasta el fin

Señoras y señores: en la pista de un cabaré de lujo, escondido en los bajos de un gran hotel moderno, canta todas las noches, sufre y llora, ríe y burla, una gran actriz que canta tonadillas: Conchita Piquer. No dejéis que únicamente la admiren, y acaso no la entiendan, los nuevos ricos y los turistas apresurados y eufóricos... Usted, usted, y usted, y todos los que lleven en sus venas una gota del sol de España, debéis acudir a oír y a ver a Conchita Piquer que dota a los minúsculos dramas que canta y a las breves burlas –sevillanas, bulerías, tangos de Cádiz, alegrías– que baila, de su natural prestancia. Su belleza sensual, su desplante y seguridad en el mando de la breve escena, su gallarda actitud soberana y el aire popular de su ademanes cuando así lo ordena la canción; el desafío erótico o la súplica amatoria de sus ojos y sus manos, la caudalosa riqueza de matices de su voz y su dicción clara y exacta; esa manera de salir, de pasear su garbo sin parar mientes en el micrófono, y esa forma de natural arrogancia con que hace los mutis, dejándonos el corazón en un puño si ha cantado "Lola Puñales", o una alegría cascabelera si le hemos oído las coplas del "Almendro", las sevillanas del "Espartero", no tienen par en el tonadillerismo andante, ni menos en el folklorismo andaluz actual, que tiene menos oro calé que un trozo de latón alemán.