FICHA TÉCNICA



Título obra Mi cuarto a espadas

Autoría Aquiles Elorduy

Dirección Manolo Fábregas

Elenco Carmen Molina Fanny Schiller, Dolores Bravo, Virginia Gutiérrez, Nicolás Rodríguez, Enrique Díaz Indiano, Pedro Mayne, Carlos S. Berne, J. A. Carvajal, Julio Villareal, Luis Beristáin

Espacios teatrales Teatro Ideal

Eventos XLVIII Aniversario de Aquiles Elorduy como Abogado Titulado

Referencia Armando de Maria y Campos, “Primera representación de la comedia Mi cuarto a espadas de Aquiles Elorduy en Bellas Artes”, en Novedades, 22 enero 1952.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Primera representación de la comedia Mi cuarto a espadas de Aquiles Elorduy en Bellas Artes

Armando de Maria y Campos

Los hijos del licenciado Aquiles Elorduy –doña Atala Elorduy de Elorduy, doña Julieta Elorduy de Gil, don Edmundo Elorduy– organizaron la representación de su comedia inédita, titulada Mi cuarto a espadas, para festejar el XLVIII aniversario de su recepción de abogado, que tuvo verificativo en el teatro Ideal de esta ciudad el jueves 4 de octubre del año próximo pasado, a las 11 horas. A aquella representación privada, en la que intervinieron actores profesionales –Carmen Molina, Fanny Schiller, Lolita Bravo, Virginia Gutiérrez, Manolo Fábregas, Nicolás Rodríguez, Enrique Díaz Indiano, Pedro Mayne, Carlos S. Berne y J.A. Carvajal– asistieron únicamente parientes y amigos, íntimos del licenciado Elorduy. Ahora, a instancias de más amigos, de discípulos, de compañeros de profesión, don Aquiles decidió representarla varias noches, casi con el mismo reparto. Julio Villarreal tomó el papel que había hecho Enrique Díaz Indiano y Manolo Fábregas cedió el suyo a Luis Beristáin, para ocupar la silla del director.

Mi cuarto a espadas es la tercera comedia de Aquiles Elorduy, licenciado en derecho (n. en Aguascalientes en 1876). Aficionado al teatro desde su niñez, según me ha dicho, espectador puntual en todos los espectáculos de categoría que ha disfrutado México, político liberal –perteneció a la histórica legislatura que disolvió Victoriano Huerta– profesionista eminente, nunca pensó escribir para el teatro. Pero.... una circunstancia curiosa lo llevó a escribir una comedia. Él refiere así los motivos que lo llevaron a convertirse en autor de teatro: "Cuando mi hijo Edmundo iba a recibirse de abogado, tenía yo tal satisfacción, que no me parecía bastante premio ni una joya que le comprase, ni un estudio jurídico que le dedicase; y entonces discurrí escribir una historia teatral, la primera de mi coleto, para comprobar a mi hijo, que mi cariño por él era tan grande, que me decidí a producir algo espiritual que significase un esfuerzo inaudito para halagarlo, y así nació la comedia que denominé Los juguetes, y que... se representó en el teatro ideal hace veinte años". Hace más años de este estreno, en el que intervinieron las hermanas Blanch, Anita e Isabelita, entonces (1931) en el apogeo de su popularidad, y Carlos Orellana, dirigiendo la postura de la obra el veterano gran actor Joaquín Coss.

Años después, en 1939 reincidió don Aquiles Elorduy, escribiendo a insistencia del actor Carlos Orellana, una pieza que se representó en un beneficio de este gran cómico: Una canción de Tata-Nacho y unos versos de Acuña, que se representó después de una pintoresca comedia que por aquellos años había pasado del centenar de representaciones: No basta ser madre.

La tercera pieza de teatro del licenciado Elorduy es ésta que acabo de conocer, muy bien representada, ante selectísima concurrencia, en el Bellas Artes, por cierto cedido graciosamente para una breve temporada por el secretario de Educación, licenciado don Manuel Gual Vidal, discípulo en Leyes de don Aquiles. "Hoy que me creía curado de mi pasión por el teatro –me platicaba el licenciado Elorduy horas antes del estreno de Mi cuarto a espadas– resulta que mi corazón vuelve a la carga, y que, sugestionado por el enorme, por el inmenso, por el infinito amor que siento por mis nietos, muy especialmente por "ellas", me obliga a producir una nueva comedia, Mi cuarto a espadas, para fustigar con ellas las costumbres licenciosas, los hábitos indecorosos, las liviandades tan escandalosas, y la absoluta carencia de honestidad, en una palabra, la inmoralidad ejemplar en que viven los jóvenes "bien" y las señoritas "mejor" de nuestra sociedad; vicios que me producen pavor, porque me imagino los cuadros desastrosos que habrá en los hogares que mañana formen esas criaturas que son pedazos de mi alma. ¡No, no es posible! para el que idolatra a los suyos y tiene amor por su patria, dejar que la corrupción acabe con el ejemplar, con el santo hogar mexicano, sin siquiera poner un grano de arena en pro de la buena causa. Perdone, pues, el público mi atrevimiento para aburrirlo, en gracia a la noble intención, y vaya, por favor, bebiéndose buena dosis de resignación, a ver Mi cuarto a espadas."

Don Aquiles Elorduy no aspiró nunca a consagrarse como autor de teatro, ni creo que él mismo se haya tomado muy en serio como comediógrafo o como dramaturgo. Escribe teatro para sus hijos y nietos, para sus amigos, y son éstos y aquéllos, quienes se han empeñado en someterlo a la prueba del público, el temible monstruo, que tanto quita y que tan poco da, cuando da. A Elorduy nada le puede quitar, y en cambio le ha dado más tal vez de lo que él mismo esperara; pruebas de lo que lo estima por su travieso y siempre fresco ingenio tantas veces manifestado en crónicas y en discursos, en pláticas también, porque Elorduy es un gran charlista, acaso el último gran conversador irónico, chistoso en la más noble acepción del término, sin hiel, pero no sin su poquitín de filosofía que nos queda. Los personajes de sus comedias son, como él, grandes conversadores. Todos conversan, como él, y Elorduy habla por boca de todos. No se preocupa gran cosa, ni tiene por qué, de la acción, ni del movimiento escénico propiamente. Le basta con dejar hablar a sus personajes; ellos saben como empiezan, por dónde y hacia dónde van, y por qué, cuando se callan. Mientras tanto, han dicho cuanto convenía al autor, la comedia ha transcurrido y la representación se ha verificado. Pero no todo acaba cuando cae el telón, porque Elorduy deja flotando en el aire ese rumor de la abeja que llega, pica y se escapa, que parece que no ha hecho daño, pero sí, donde hundió la lanceta, ha dejado purpúrea roncha que arde, que arde...

Mi cuarto a espadas estuvo a punto de ser estrenada –con el título de Un carácter– en la anterior temporada de teatro mexicano que realizó en el Ideal la Unión Mexicana de Autores. Entonces, como ahora en breve temporada en el Bellas Artes, hubiera gustado al público, público simplemente, distrayéndolo y obligándolo a pensar seriamente en tantas cosas frívolas en que no piensa y tolera.

Carmelita Molina compuso con frívola responsabilidad un personaje encantador de muchacha "mejor", y Beristáin se mostró muy discreto en el muchacho "bien" y comunista además. Los veteranos Julio Villarreal y Nicolás Rodríguez, que llevaron el peso de la obra, uno en serio, en broma el otro, le sacaron gran partido a sus respectivos personajes. Fanny Schiller dijo con riqueza de matices su largo parlamento del primer acto, al referir el "juergazo" inocentón que corre con los jóvenes "bien" y las señoritas "mejor." Manolo Fábregas dirigió con acierto la postura de la obra, y la escena estuvo lujosamente presentada. Al final de la representación don Aquiles se vio obligado a hablar, y pidió que fueran para los actores los aplausos que el público dedicaba a todos sin excepción.