FICHA TÉCNICA



Título obra Corona de sombra

Autoría Rodolfo Usigli

Notas de autoría Seki Sano / versión

Dirección Seki Sano

Elenco Amparo Villegas, Lilliam Oppenheim, Carlos Bribiesca, Carlos Riquelme, Héctor Mateos, Gabriela Morett, Miramón, Mejía, Labastida, Bazaine

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Referencia Armando de Maria y Campos, “Se representa en el Bellas Artes una adaptacion de Seki Sano de la pieza de Usigli, Corona de sombra”, en Novedades, 30 octubre 1951.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Se representa en el Bellas Artes una adaptación de Seki Sano de la pieza de Usigli, Corona de sombra

Armando de Maria y Campos

Por fin, después de larga preparación de meses se representa en el escenario del Bellas Artes la adaptación hecha por Seki Sano de la pieza en tres actos Corona de sombra de Rodolfo Usigli. Durante el largo periodo de preparación, el director japonés tuvo que cambiar varias veces el reparto, arribando a la representación definitiva con un grupo de actores, de los que la mayoría pisan las tablas por primera vez, diferente del que le obedeció en los primeros ensayos.

En la última etapa de estudio, según ha declarado el director, fue necesario hacer algunos cambios importantes en la obra que abarcan más de un cincuenta por ciento de la misma. De veintisiete personajes suprimió diez, lo que le obligó a cortes y tijeretazos –"con anuencia del autor de la pieza"–. El resultado fue una Corona de sombra según la visión –y la versión– de Seki Sano, porque para el director asiático –son palabras de él–: "el teatro no es solamente un medio de esparcimiento, sino también es un vehículo de cultura y orientación (y) al escenificar una obra de esta índole, me cumple manifestar expresamente que como director me interesa antes que nada, su idea fundamental, su esencia positiva".

Diversas consideraciones impulsaron a Seki Sano a introducir en la pieza de Usigli modificaciones que creyó fundamentales, eliminando escenas íntegras –la Celda de Maximiliano en Querétaro–; agregando puentes, como el del famoso decreto del 3 de octubre de 1865 que contra su voluntad firmó el Hapsburgo y fue causa indiscutible de su ajusticiamiento, con lo que la pieza de Usigli resulta distinta a como fue escrita, representada y publicada. Salve a Seki Sano su buena intención, porque hizo de ella lo que hizo, cortes y cambios, "en beneficio y fluidez de la representación", dicho sea con sus propias palabras.

Yo me quedo con la pieza tal y como la vi representar hace años, y la leí después, sin cortes, supresiones, ni mensaje –estilo Piscator– como el del telón adicional por el que se recuerda al público al decreto fatal. Soy uno de los pocos que de verdad estuvimos en el Arbeu la noche del 11 de abril de 1947, en aquella única representación de Corona de sombra, con Josette Simón y Alberto Galán como los emperadores (es de justicia recordar la muy estimable Carlota de Josette, el equilibrado y austero Max de Galán, bajo la directa dirección de Usigli). Magnífica representación, con un reparto superior al de ahora: Julio Villarreal, Bazaine; Jambrina, Napoleón III; Baviera, el Papa, etc.; un poco cansada por lo largo de la pieza, pero muy bien resuelto su movimiento de mutaciones por medio de cortinas parciales, que dividieron la escena por mitades.

Corona de sombra se representó varias veces en el extranjero, en francés (en el teatro Nacional de Bélgica, en noviembre de 1948, con Irene Lecarte y Marcel Berteau en Carlota y Max, respectivamente); en holandés e inglés. Ahora, nuevamente en México, bajo la dirección muy personal de Seki Sano, interpretada por aficionados procedentes de diversas academias, con la sola excepción de Amparo Villegas, ilustre actriz profesional.

La dirección de Seki Sano, minuciosa y lenta, disciplinada siempre, no me gustó. Sus movimientos me parecen demasiado democráticos; será "muy Stanislavsky" la técnica de hacer que todos los personajes, aún de los emperadores, y por "muy románticos" que se les suponga, se sienten en las gradas del trono en vez de en el trono mismo, y en los escalones, indispensable o no, que abundan en las piezas que dirige Seki Sano. Este arrastrarse por los suelos de los actores es exótico en la postura teatral de los escenarios no orientales. Otra característica de la dirección de Seki Sano: todos sus discípulos hablan igual, como si tuvieran empeño en olvidar la dulce, inconfundible musicalidad del castellano que se habla en México.

Temo pecar de severo o inconforme. Soy, simplemente, sincero, e imparcial. Y tanto, que prefiero acogerme a unas palabras que siento como si las hubiera dicho por cuenta propia, las que el ecuánime cronista Alfonso de Icaza puso en reciente crónica, y que a mi ver resumen y ajustan el fenómeno teatral que confrontamos. "Basta un acierto momentáneo de tal o cual artista –dice–, o el hecho de que el grupo actuante tenga numerosas relaciones de amistad y hasta, simplemente, que el actor imberbe crea que está viendo cosas grandes y maravillosas, para que estallen los aplausos y los 'bravos', que a los que peinamos canas nos hacen reír, porque mentalmente comparamos a la muchachita entusiasta y bien intencionada, con las grandes actrices de antaño, o al actor novato o mediocre, con aquellos que le han dado verdadero lustre y valor al arte teatral".

Con ocasión del estreno de Corona de sombra en el Arbeu, en 1947, hice amplio comentario de la bella, interesante pieza de Usigli, y no creo oportuno repetir ahora lo que entonces escribí. Entre aquella Corona de sombra y ésta –para el autor– de espinas, me quedo con aquella. Pero como los intérpretes son otros, a éstos sí habré de referirme, aunque brevemente.

La señorita Lilliam Oppenheim hizo discretamente de emperatriz Carlota Amelia, y su mejor momento fue el acto de la locura en el Vaticano. Muy justo elogio será decirle que parecía una María Tereza Montoya vista con los gemelos al revés. Bribiesca estuvo demasiado incoloro en el Max. Riquelme hizo un Napoleón III muy frívolo; Mateos sacó bien su Pío IX; la emperatriz Eugenia de Gabriela Morett, insignificante; Miramón, Mejía, Labastida y Bazaine, sin encontrar nunca el tono de voz o el ademán que los identifique con los históricos personajes que simulan ser...

Corresponde el mayor éxito de esta Corona de sombra a la escenografía proyectada y realizada por Julio Prieto, usando con acierto el magnífico escenario giratorio que enriquece la maquinaria del Bellas Artes, sobre el que repartió, en tres sectores, la diversa acción de la pieza, usando cortinas, puertas, escaleras y muebles indispensables para lograr la mejor propiedad de los escenarios casi simultáneos. El vestuario rico y propio, y la iluminación excelente.