FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios sobre las representaciones teatrales en la India

Referencia Armando de Maria y Campos, “La verdad sobre las representaciones en la India legendaria”, en Novedades, 13 octubre 1951.




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Novedades

Columna El Teatro

La verdad sobre las representaciones en la India legendaria

Armando de Maria y Campos

El fugaz, delicioso paso de la danzarina hindú Mrinalini Sarabhai por el escenario del Bellas Artes ha permitido traer a las columnas de los diarios y a las páginas de las revistas el tema de las representaciones teatrales en la India legendaria. Hemos hablado del Kathakali, o drama bailable, que tuvo su origen en la primera mitad del siglo XVI, en Malabar. Mrinalini Sarabhai, que es la danzarina más famosa de la India contemporánea, es también actriz y dramaturga; ha publicado un drama en la India, y, como ya dije, su repertorio incluye dramas bailables modernos. Su presentación de Hombre, un drama bailable basado en la vida del hombre, le atrajo elogios estáticos del mundo occidental.

Pero en la India el drama no es sólo baile. No es el teatro, espectáculo ajeno a la sensibilidad y gustos de los hindúes, aunque reconozcamos que las representaciones dramáticas no constituyen precisamente su distracción favorita. Abundan los teatros en el remoto y legendario país y ofrecen las funciones teatrales, peculiaridades características que le distinguen de los teatros de occidente, tanto como se aproximan a los gustos y maneras privativas del de China o Japón.

Tengo amplias referencias sobre las representaciones teatrales en la India, y como considero que difundirlas contribuye al conocimiento de la vida teatral en países que nos son casi desconocidos, lo hago, y porque con estas notas se completa la información sobre teatro y danza en la India, que comenzó con el breve y deslumbrante paso por el Bellas Artes del ballet hindú de Mrinalini Sarabhai.

Los teatros por lo general, en las grandes provincias y estados hindúes, no suelen ser precisamente modelos de lujo o comodidad; las paredes de adobe, bancos y sillas de madera, salvo excepciones no muy numerosas, y un alumbrado deficiente. Por fuera, se advierte enseguida que se trata de un teatro. Grandes letreros en rojo con los nombres de los actores más destacados, en los muros unas luces de colores, banderitas de muchos y abigarrados tonos, un cartelón de feria con el programa, o varios cartelones en el suelo, casi siempre arrimados a la fachada, y una taquilla ante la que se agolpa el público y se está horas muertas regateando el precio del boleto, aunque éste figura con claridad en los anuncios.

Entremos. Lo primero que se observa es la abundancia de elemento masculino en el público. Algunas, muy pocas, mujeres. Y éstas cubiertas con un velo, a pesar de que están comprometiendo su reputación, pues no se admite de buen grado que una mujer vaya a las representaciones teatrales. El escenario, a simple vista, es igual a los europeos, o a los nuestros. Tiene su telón que se levanta una sola vez y no cae hasta que se ha terminado el espectáculo, y delante de la escena, un poco escondida, la orquesta, pero no tanto que no podamos ver un órgano, varios tambores de extrañas formas, otros instrumentos raros. La orquesta es imprescindible en el drama, porque tiene su misión.

Los comediantes, si no tienen mucha categoría hacen de todos. Sirven de tramoyistas, de carpinteros, de iluminadores, suben el telón... No hay mujeres en el teatro hindú. Los papeles de éstas son representados por jóvenes escogidos, y se asegura que tienen tal perfección, que muchas veces, no estando advertidos, parece que son realmente mujeres las que actúan. La religión prohíbe terminantemente a ellas tomar parte en cualquier representación dramática. Cada función dura de siete ocho horas, y la hora de empezar suele ser de ocho a nueve de la noche. Las obras son una mezcla de tragedia, comedias, drama, ballet, todo mezclado, variado, movido, no obstante su relativa lentitud. Como en el antiguo teatro español, las danzas acompañan la acción teatral propiamente, y son elemento indispensable en la representación. Al recital declamado en varios tonos, no importa el sentimiento trágico o cómico que exprese el actor con palabras o simples ademanes –el lenguaje de las manos en el teatro hindú es riquísimo–, acompaña la orquesta con su monótono y rítmico son, que únicamente cambia en los pasajes dramáticos o trágicos. Una especie de "gracioso" interviene fuera de la representación, y en determinado momento sale a divertir con muecas y discursos que el público celebra jubilosamente. El decorado no se diferencia del nuestro más que en los tonos. Tiene un estricto sentido realista, y sus colores son agrios y violentos, auténticas orgías cromáticas, de gusto discutible. La escena permanece abierta durante toda la representación, pues el telón no baja en los finales de actos o "intermedios". Durante éstos, que es cuando actúa el "gracioso", no es extraño ver en algún rincón del escenario a los intérpretes de la pieza propiamente, sentados en el suelo simplemente en calidad de público también...

Leyendas hindúes, árabes también y particularmente, en las que se mezcla lo real y lo poético, lo cómico y lo trágico, componen el repertorio de estos teatros en los que se advierte cada día más la influencia de occidente, particularmente en el decorado, que tratan de seguir fielmente, provocando contrastes muy curiosos y desconcertantes. Los actores no sólo han de declamar muy bien y ser expertos en la mímica acusada y expresiva, sino que han de saber bailar. Es costumbre que los actores que sólo hacen papeles de hombre lleven bigote, para distinguirse de los que se encargan de los papeles femeninos, que van con el rostro rasurado, limpio de pelo y bozo. Sin embargo, el público es tolerante, al extremo de no chocarle que un actor de los que representan papeles femeninos se presente mostrando sus pantalones largos debajo del traje de mujer.

Un gran sentido teatral preside las representaciones de la India. Para un europeo, para un americano, la representación, de treinta o más actos, parece inacabable y aun aburrida, no obstante que lo trágico alterna con lo cómico y que abundan las danzas. En realidad, el teatro en la India, es variado, distinto, múltiple. Unicamente es pesado y monorrítmico el subrayado musical, lento y triste, como un lamento inacabado que se arrastra desde hace siglos, que acompaña al diálogo y gestos muy vivos y expresivos en todo momento.