FICHA TÉCNICA



Título obra La guerre de Troie n'aura pas lieu

Autoría Jean Giraudoux

Dirección André Moreau

Elenco André Moreau, Carole Vernay, Joceylne Grandval, Lucille, Donnay, Xavier Massé, Magda Donato, Louis Marrasé,Jaques Artus, François Bourlon, Jacques Belier

Escenografía Manuel Meza y Pedro Ávalos

Grupos y compañías Compagnie d'art dramatique de l'Institut Français, Les Comédiens de France

Notas de grupos y compañías André Moreau / director

Espacios teatrales Teatro Moliére del Instituto Francés de América Latina

Eventos Saison officielle de théâtre français 1951 organizado por Société des Amis du Théathre Français

Referencia Armando de Maria y Campos, “Jean Giraudoux en la sala Molière. Termina la temporada de Les Comédiens de France”, en Novedades, 9 octubre 1951.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Jean Giraudoux en la sala Molière. Termina la temporada de Les Comédiens de France

Armando de Maria y Campos

Con el estreno en México de La guerre de Troie n'aura pas lieu de Jean Giraudoux, en lengua francesa, por el grupo Les Comédiens de France que dirige André Moreau –4 de octubre–, ha terminado la temporada 1951 organizada por la Société des Amis du Théatre Français, que acogió el teatro Molière del Instituto Francés de América Latina. La preciosa y profética obra de Giraudoux, estrenada por Louis Jouvet, Falconetti, Madeleine Ozeray, Pierre Renoir y R. Bouquet, en el Théatre del Athénée, de París, el 22 de noviembre de 1935, alcanzó por parte de los comediantes que dirige Moreau, una interpretación digna, muy clara y entonada, del mejor gusto, poética y patética, realizada en su decorado por Manuel Meza y Pedro Ávalos reproduciendo exactamente a las proporciones del escenario con que contaban, la postura que dirigió Jouvet hace dieciséis años. El mismo color gris blanco, los mismos planos geométricos, idénticos vestidos. Sería de justicia hacer constar la intervención que tuvieron todos y cada uno de los comediantes, pero reciban todos el elogio que merecen en el que dejamos consignado para Moreau en el Héctor, Carole Vernay en Andromaque, Jocelyne en Helena, Lucille Donnay en Casandra, Xavier Massé en Paris, Magda Donato, Louis Marrassé, Jacques Artus, François Bourlon, Jacques Belier, etcétera.

La sombra de Jouvet, el desaparecido, se proyectó, misteriosa y cordial en esta representación, porque gracias a Jouvet, Giraudoux ocupará un lugar preferente en el teatro francés. Todo el teatro de Giraudoux fue interpretado por este gran actor, desde Siegfried (1926) hasta La loca de Chaillot (1945), no obstante que cuando Giraudoux fue interpretado por primera vez por Jouvet, ya era célebre por sus novelas. Es conocido el hecho de que cuando Giraudoux llevó a escena su primera obra teatral –Siegfried– los críticos declararon que "eso no era teatro". ¿Por qué? Primero, por su prosa, ágil y alada como la poesía, con una cadencia ligera y suave, deliciosa para el que la declama, deliciosa para el que la escucha. Segundo, que no da a sus personajes una vida realmente individual. En sus obras ningún personaje se destaca y no encontramos ninguna creación tipo Alcestes, Tartufo o Fígaro. Finalmente, en su teatro no hay ninguna intriga complicada que mantenga al espectador ansioso por conocer el desenlace. En La guerre de Troie n'aura pas lieu la emoción dramática es muy grande; en cambio la acción desaparece casi voluntariamente, diluida en un sinnúmero de acontecimientos secundarios. No presenciamos ningún choque, ninguna lucha entre dos voluntades; allí sólo vemos dos voluntades; la oposición de una voluntad, contra algo indefinible: la fatalidad.

En La guerra de Troya no tendrá lugar se trata naturalmente del problema de la guerra. "En víspera de una guerra, nos cuenta el autor, dos jefes de los dos pueblos en conflicto se reúnen sin testigos en una apacible aldea, en una terraza, a orillas de un lago, en el rincón de un jardín. Admiten que la guerra es la calamidad más grande del mundo, y la mirada puesta sobre los reflejos y las ondulaciones de las aguas, reciben sobre los hombros los pétalos de las magnolias; los dos son pacíficos, modestos, leales. Se observan mutuamente. Se miran... Y no encuentran en el rostro del otro ninguna seña que justifique el odio que llame al amor humano..., los dos se sienten realmente llenos de paz. Y se separan, estrechándose las manos y sintiéndose hermanos. En sus carros se dan vuelta todavía para dirigirse una sonrisa. Sin embargo, al día siguiente estalla la guerra".

La guerra, la gran guerra que presentía el corazón de Giraudoux, sí tuvo lugar. Y fue atroz. Arrojó de Francia a Jouvet, sacó del mundo a Giraudoux. Los alemanes le prohibieron a Jouvet representar obras de Romains y Giraudoux. No quiso, ni hubiera podido someterse a tal prohibición. Resolvió salir a respirar otros aires. "Solamente –dijo– es posible hacer teatro por gusto y por libertad". Llegó a América, vino a México. Giraudoux se quedó en Francia. Con otros cinco hombres heroicos emprendió la tarea de crear una especie de agencia de investigación de cuanto sucedía en la patria ocupada, para revelarlo después. La Gestapo tuvo revelación en lo que hacía Giraudoux; pero éste era un poeta demasiado célebre en el mundo entero, para que su fusilamiento o hasta su encarcelamiento no hubiera causado una inmensa sensación –recuérdese el caso de García Lorca en España–, con reacción contraria en Alemania. Y supo esperar... hasta después de la derrota.

Un célebre escritor, Luis Aragón, acusó públicamente a la Gestapo de haber asesinado a Jean Giraudoux, revelando que pocos días antes de su muerte –en 1945; Giraudoux había nacido en 1882– se encontró con el poeta, lleno de salud y esperando con pujanza el porvenir. Rechaza enérgicamente Aragón la versión oficial de un ataque de uremia como causa del fallecimiento, y explica cómo, cuando quiso esclarecer el asunto, tropezó con un hermetismo más que sospechoso: el doctor que lo cuidó se atrincheró en el secreto profesional, para no responder a sus preguntas; su viuda le confesó que las autoridades habían negado hacerla autopsia del cuerpo... En tal virtud –concluye Aragón–, la Gestapo lo envenenó. Giraudoux pagó con su vida la intentona más audaz y útil emprendida por cualquier escritor de Francia que haya permanecido en el país durante la ocupación del mismo por el enemigo, Giraudoux, poeta de la Resistencia, quería consagrar a ésta el único libro que meditaba: Legajos, y que probablemente haya sido la causa de su asesinato.