FICHA TÉCNICA



Título obra El misántropo

Autoría Molière, Jean-Baptiste Poquelin

Dirección André Moreau

Elenco André Moreau, Carole Vernay, Lucille Donnay, Magda Onato, Xavier Massé, Jacques Bellier, Louis Marrassé, Alexandre Vals, Roberto Kremper, Víctor Tardan, François Nicolas, Farnesio de Bernal

Escenografía Agustín Lazo

Grupos y compañías Compagnie d'art dramatique de l'Institut Français, Les Comédiens de France

Espacios teatrales Teatro Moliére del Instituto Francés de América Latina

Eventos Saison officielle de théâtre français 1951 organizado por Société des Amis du Théathre Français

Referencia Armando de Maria y Campos, “Les Comédiens de France en El misántropo de Molière”, en Novedades, 2 agosto 1951.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Les Comédiens de France en El misántropo de Molière

Armando de Maria y Campos

Recuerda Ramón Fernández en su magnífico libro dedicado a Molière, que, hacia el final de su reinado, Luis XIV se complacía en contemplar su larga perspectiva. Un día preguntó a Boileau cuál era, a su parecer, el mejor escritor de su tiempo. Boileau declaró sin titubeos que Molière. "No lo creía así, contestó el rey, pero vos entendéis más que yo de eso".

Les Comédiens de France acaban de presentar en la sala Molière, del Instituto Francés de América Latina una obra –de las más características– del mejor escritor del reinado de Luis XIV, Jean Baptiste Poquelin, llamado Molière (1622-1673), autor, director y actor: El misántropo. No pretendo a estas alturas descubrir un nuevo Molière. El gran creador "ya está", y basta. No se le puede descubrir ni siquiera en el México colonial, porque es de sobra sabido que, desde mediados del siglo XVIII, se le representaba en el Coliseo de la capital del virreinato y en el teatro Principal de la ciudad de Los Ángeles, más conocida por Puebla. ¿Qué buen mexicano ignora que el cura don Miguel Hidalgo y Costilla, padre de nuestra independencia política, traducía y hacía representar en su humilde curato del pueblecito de Dolores piezas de Molière, El Tartufo entre otras?

Pero Molière es tema de actualidad permanente, ya se trate de una o de otra pieza suya. Todas son válidas para recordar al mejor escritor del reinato de Luis XIV, uno de los más característicos de la Francia. Ahora es El misántropo, como ayer fue El avaro o El burgués gentilhombre. Hablemos, pues, de Molière y de El misántropo con ocasión de la temporada que la Société des Amis du Théathre Français celebra en el teatro de La Casa de Francia, y porque la segunda obra ha sido, precisamente, ésta, en la que Cecile Sorel se inmortalizó creando la Celiména, cuya frívola vida tornó en misántropo a irreductible Alceste.

El misántropo fue representada por primera vez en la escena del Palacio Real, de la corte de Luis XIV, por Molière y su trouppe, el 4 de junio de 1666. Era la décima sexta pieza de Molière. La actitud del público fue al parecer bastante fría, y el éxito, según el abate Du Bois, "no se señaló sino hasta las ocho o diez representaciones". Sin embargo, El misántropo fue representado treinta y cuatro veces en 1666, lo que es una magnífica cifra para aquella época. Parece que a despecho de la acogida ruidosa que se le dispensó a esta pieza por parte de las gentes inteligentes, el gran público desdeñó El misántropo. Esta reserva subsistió por algún tiempo. Reconocida, sin embargo, como obra maestra de Molière, El misántropo obtuvo en Francia de 1666 a 1939, mil cuatrocientas veinte representaciones, con la sola presentación alternada de El avaro y Tartufo. La pieza apareció en las librerías francesas a principios de 1667, con el título de El misántropo o el atrabiliario amoroso, con lo que se precisa la idea del autor y nos ayuda a comprender el carácter del personaje, Alceste, en la que Diderot ve el primer ensayo de creación del drama social que tiene por tema la crítica de la sociedad desde las posiciones de la razón y la moral natural.

Con todo, El misántropo no es una obra de teatro perfecta, por lo menos como ahora entendemos la perfección teatral. Al comienzo no hay acción, al menos en el sentido que por ello se entiende. Desde el punto de vista estrictamente dramático, El misántropo tiene las apariencias de una obra mal construida. Y se comprende que el alemán Schlegel haya podido decir: "En esta comedia la acción, pobre por sí misma, se desarrolla penosamente, porque con excepción e algunas escenas más animadas, sólo son seis sostenidas en todas formas; ligeros incidentes sin ninguna relación entre ellos, sirven para entretener una débil apariencia de movimiento". Por otra parte, Hanon encuentra en El misántropo una acción fuerte, movida, progresiva: "Todas las manifestaciones de misantropía de Alceste son dramáticas, porque, lejos de ser un estado de alma siempre igual, se exalta de escena en escena y llega a su paroxismo al final". Finalmente, y para que el lector tenga opiniones de dónde escoger, Louis Veillot escribe de El misántropo: "Alceste no es sino un virtuoso del paganismo, de éstos que se llaman Sócrates, Bias, Diógenes, mezclado de una fuerte parte de aquel fariseo del Evangelio que ruega en el templo, principalmente ocupado en rendir justicia a sus virtudes". En sus Retratos literarios, dice Sainte-Beuve: "En Molière, frente a Sganarello, en lo más alto de la escena, aparece Alceste. Alceste, es decir, lo que hay de más serio, de más noble, de más elevado en lo cómico, el punto dónde el ridículo confina con el coraje, con la virtud. Una línea más alta y lo cómico cesa, y se tiene un personaje puramente generoso, casi heroico y trágico".

Una línea más alta, y lo cómico cesa... dice Sainte-Beuve. Lo mismo podríamos decir, con entera justicia, de la interpretación de El misántropo por André Moreau y su trouppe. Moreau hizo un Alceste justo, preciso, ponderado, en la línea intermedia que separa lo cómico de lo bufo y lo tragicómico. El Alceste de Moreau dio la nota, y nadie desafinó. Encantadora, frívola, coqueta y persuasiva, la Céliméne de Carole Vernay. Discretas, como elogio, que la verdadera discreción es mérito, Lucille Donnay y Magda Donato en Eliante y en Arsinoé. Excelente el Filinte de Xavier Massé, y muy desenvuelto el Oronte, poeta de corte, de Jacques Bellier. El resto –Louis Marrassé, Alexandre Vals, Roberto Kremper, Víctor Tardan, François Nicolas y Farnesio de Bernal–, sin rebasar esa línea precisa donde lo cómico cesa. El decorado de Agustín Lazo sobrio, prodigio de proporciones, dándole al escenario un ágil aspecto de juguetería antigua.

Viendo representar a Moreau y su trouppe El misántropo viene a la mente el recuerdo de Molière, según sus biógrafos contemporáneos:

"No era –dicen los documentos que tengo a la vista– ni muy robusto ni demasiado delgado; más bien alto que bajo, de noble porte, bello andar. Solía caminar despacio y su aspecto era muy serio. Tenía nariz gruesa, boca grande, labios carnosos, tez morena, cejas negras y espesas que en los movimientos que solía ejecutar con ellas tornaba su rostro cómico en extremo. Era actor íntegro de pies a cabeza. Parecía estar dotado de varias voces: todo hablaba en él; con un paso, una sonrisa, una mirada, un simple asentimiento de cabeza, sabía decir más de lo que podría en una hora el más grande hablador del mundo". Otro dice: "Tan excelente era su trabajo en el papel del virtuoso Alceste, amante de la libertad, como en el del malvado Harpagón".

Sin embargo, la Iglesia prohibió sepultar en sagrado al autor de El misántropo. Porque Molière no renunció a sus convicciones ni a su oficio, Luis XIV permitió que su autor favorito fuese sepultado en el cementerio, pero secretamente y sin ningún cortejo. En la noche, a la mortecina luz de las antorchas, los actores sacaron de la casa el cadáver del primer escritor de su época, y una muchedumbre que se había congregado secretamente ante la casa del creador de Tartufo, se movió en la oscuridad, descubriéndose, mientras baja al seno de la tierra el creador de la Comedia Francesa.