FICHA TÉCNICA



Título obra Un sombrero de paja de Italia

Notas de Título Un chapeau de paille d'Italie (título en el idioma original

Autoría Eugène Labiche y Marc Michel

Dirección André Moreau

Elenco André Moreau, Xavier Massé, Carole Vernay, Robert Kremper, Jacques Bellier, Lucile Donnay

Escenografía Agustín Lazo

Grupos y compañías Compagnie d'art dramatique de l'Institut Français, Les Comédiens de France

Espacios teatrales Teatro Moliére del Instituto Francés de América Latina

Eventos Saison officielle de théâtre français 1951 organizado por Société des Amis du Théathre Français

Referencia Armando de Maria y Campos, “Un chapeau de paille d'Italie, por Les Comediens de France, en la sala Molière”, en Novedades, 18 julio 1951.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Un chapeau de paille d'Italie, por Les Comediens de France, en la sala Molière

Armando de Maria y Campos

Un sombrero de paja de Italia que recorre alcobas y un hombre que persigue al sombrero como condición indispensable para su felicidad, en una síntesis de gracia y de buen humor netamente franceses, forman la intriga del precioso vaudeville de Eugenio Labiche y Marc Michel, que fue escogido para la "saison officielle de théâtre français" 1951 que, bajo el patrocinio de la Societé des amis du Théâtre Français, A.C. y de la Embajada de Francia, se inició en premier de gala en el teatro Moliére del Instituto Francés de América Latina, la noche del 12 de julio.

Un sombrero de paja de Italia fue estrenado el 14 de agosto de 1851, en el Théâtre de la Montansier, de París, es decir, que le falta escasamente un mes para ser centenario sobre los escenarios de toda Europa y de media América. Por algo será que, después de cien años de estrenado, vuelva a figurar en los escenarios de París –fue reprisado el año próximo pasado– y ahora el de éste de México, que mantiene viva la llama del espíritu de Francia; al lado de Le misanthrope de Molière, que es ayer de oro, y de La repétition ou l'amour puni de Anouilh, luminaria contemporánea. La razón es sencilla: Labiche, que se codea en la inmoralidad con Molière y Dancourt, está ya considerado como el mejor autor francés del siglo XIX, después de Musset; renovador de la farsa, que es el género teatral más antiguo, fue considerado en su tiempo como "l'homme le plus gai de la France 2. Ser públicamente estimado como "el hombre más alegre de Francia", equivale a ser el heredero de Poquelín...

Eugenio Labiche (1815-1888) escribió más de cien vaudevilles; sí, él explotó como nadie lo había hecho antes, y con qué alegría, sprit y desenfado, el famoso triángulo –¡el adulterio!–, el juego del marido, la esposa y el amante, pero con frivolidad única. Como para muchos nada dice ahora el nombre de Eugenio Labiche, no obstante que hace unos cuantos meses se exhibió en la misma sala Molière la película muda que René Eclaire filmó en 1927 con El sombrero de paja de Italia, conviene recordar algunos datos de ese autor de piezas que parecen intrascendentes y que tienen todavía una gran trascendencia.

Eugenio Labiche nació en París, vivió en París y murió en París. Líneas arriba están las fechas de su nacimiento y de su muerte. Estudió en el colegio Borbón y continuó sus cursos de Derecho, pero no ejerció la carrera, ingresando al periodismo y, por esa puerta, se coló en la literatura. En 1838 publicó su primer trabajo literario, que fue una novela titulada La clef des champs, y en el mismo año estrenó su primera pieza de teatro: M. de Coislin, ou l'homme infiniment poli, y ya no descansó hasta componer un centenar de piezas, aunque no solo, pues colaboraron con él Emilio Augier, Nyon, Durn, Barriéres, Marc Michel, Varin, Ed Martin y Gondinet, entre otros. No está de más citar algunos de sus grandes éxitos, muchos de los cuales se representaron en México durante el siglo pasado, bien por las compañías francesas que nos visitaban, o en español, por nuestros conjuntos nacionales. Ya mencioné su primera obra teatral. A ésta, estrenada en 1837 ó 1838, siguieron –y sólo menciono sus grandes éxitos– Deux papas tres bien (1845), Un garçón de chez Very (1850), Embrassons-nous Follenville (1850), Le chapeau de paille d'Italie (1851), Edgart et sa bonne (1852), Si jamais je te pince! (1855), L'affaire de rue de Lourcine (1857), Le voyage de M. Perrichon (1860), Les vivacités du capitaine Tic (1861), La poudre aux yeux (1861), La station Champbaudet (1861), Célimare le bien aimé (1863), Un mari que lance sa femme (1864), Moi (1864), La Cagnote (1864), La Grammaire (1867), La main leste (1867), La papa du prix d'honneur (1868), Le choixs d'un gendre (1869), Le plus hereux des trois (1870), Doit-on le dire (1873), Madame est trop belle (1873), Les trente millions de Gladiator (1875), Le prix Martin (1876), Le cigale chez les fourmis (1878), etcétera. Su Théâtre complet está reunido en 10 volúmenes que se publicaron entre 1878 y 1879, en París, naturalmente.

En 1880 Eugeno Labiche ingresó en la Academia Francesa, y casi simultáneamente su teatro quedó incorporado en el repertorio de la Comedia Francesa con sus obras Le voyage de M. Perrichon y Un chapeau de paille d'Italie. Al sentarse bajo la Cúpula, el autor de los vaudevilles más famosos de su época, la farsa se hacía académica, porque un descendiente de los improvisadores del Puente Nuevo ceñía el codiciado uniforme verde y el espadín plateado; su discurso de ingreso ha sido considerado como uno de los más justos, delicados y traviesos que se han pronunciado bajo la majestuosa Cúpula de los inmortales franceses.

Tal vez el lector contemporáneo se preguntará en qué consistió el teatro frívolo y gracioso de Labiche. Pues... Labiche, gran conocedor del escenario, fue inagotable en la habilidad de plantear y desarrollar las situaciones cómicas y las intrigas más entretenidas; su contacto con la sociedad burguesa de aquella época y su vivo ingenio, le permitían construir un fluido diálogo en el que retozaba lo más travieso del espíritu francés de sus días, salpicado con la oportuna interpolación de couplets populares en su tiempo. (En El sombrero de paja de Italia se cantan letras alusivas, o letras auténticas, de los couplets "¡Sonad campanas!", "No tardemos" de "La novia de Poisy"; la romanza –con letra alusiva– de "L'Amandier"; "Vayamos pronto" de "Las tentaciones de Antonieta"; un tema musical de "El hada de las rosas", el tema del coro de "Nargeot", el tema de "El vals de Satán", el de "Esos bosquecillos de laureles" y el tema del coro de "Werther", el de "El sobrino del mercero", el del couplet del "Plastrón", los de "Me gusta el uniforme" y "Los dos Cornuchets", el de "Basta discutir" de "Los pequeños medios", el de "Vivan los húsares de Berchini" del segundo acto de "Las tentaciones de Antonieta"; el coro del cuarto acto de "Es el amor", y el coro final de "la Torre de Ugolino", con el que concluye la obra.

En la representación a que ahora me refiero, se prefirió la música de Offenbach, y muy particularmente el característico can-can, que aún no me explico cómo cerca o más de veinte personas pudieron bailarlo en el reducido escenario del teatro Molière, de Nazas 43.

Los vaudevilles de Labiche representan, en general, la continuación de las tradiciones de la antigua farsa francesa, y se caracteriza, aparte de por su fino espíritu francés, por la inversimilitud "real" pero no "teatral" de las situaciones, y por su sabia arquitectura escénica; se estima que es su "teatro de relojería, cuyas situaciones de efecto cómico van sucediéndose con puntualidad de horario riguroso", y es característica de toda la producción de Labiche las situaciones concebidas con voluntaria inverosimilitud, propias de la caricatura escénica.

Les Comédiens de France, bajo la sabia y exquisita dirección de André Moreau, lograron una deliciosa versión, tomando en serio lo bufo de todas las situaciones, sin caer jamás en la pantomima, revelando extraordinaria habilidad para divertir, maestros todos los actores en el arte de provocar la sonrisa nada más, Moreau simplificó muchas escenas, y le dio a todas el mayor movimiento; personalmente logró una creación del suegro Nonancourt, pero el conjunto merece elogio: Xavier Massé llevando el paso de la representación, con su Ferdinand; Carole Vernay, muy dulce y tímida en Anais; muy justo Robert Kremper en Bobín; gran caricato Jacques Bellier en el iracundo Beauperthuis; muy femenina Lucille Donnay en su Clara tan parisiense. Lo justo sería –es– mencionar a todos y todos dense por mencionados. Los decorados de Agustín Lazo, del mejor gusto, mejorados, si cabe, por la mise en scène de Moreau, verdadero héroe de esta inolvidable jornada teatral.