FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios de Amado Nervo sobre el teatro, citando pasajes del Epistolario inédito de Amado Nervo

Referencia Armando de Maria y Campos, “Recuerdos y nostalgias. Amado Nervo relata cómo pudo tener una aventura con la actriz francesa Lola Noyr, que le gustaba más la Guerrero que la Bernhardt, y por qué se conmovió con Sadaa Yacco. I”, en Novedades, 19 junio 1951.




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Columna El Teatro

Recuerdos y nostalgias. Amado Nervo relata cómo pudo tener una aventura con la actriz francesa Lola Noyr, que le gustaba más la Guerrero que la Bernhardt, y por qué se conmovió con Sadaa Yacco. I

Armando de Maria y Campos

Acaba de aparecer un Epistolario inédito de Amado Nervo, formado con cuarenta y tres cartas que el poeta escribió desde Europa, entre 1900 y 1915, a su amigo don Luis Quintanilla y Fortuño. "El contenido de estas cartas es íntimo, pero no secreto, dice Ermilo Abreu Gómez en el suave y comprensivo prólogo a la edición el Epistolario; Nervo las escribió con naturalidad, sin posturas ni retóricas. No muestran falsos pudores, ni esconden melindres, ni acusan pudores". En algunas de ellas se refieren a sus... aventuras con mujeres de teatro, sencillas aventuras. Nervo, como se sabe, murió en olor de santidad... poética. Pero fue un hombre que amó y sufrió, un sensual místico, y que al morir su figura evocaba aquella feliz de Graca Aranha:acabau santamente, com pouca carne e muita alma.

Amado Nervo fue aficionado al teatro. A fines del siglo pasado escribía, mano a mano con Urbina, las crónicas teatrales de El Mundo primero, de El Imparcial después. Estrenó en el teatro Principal de México una zarzuela titulada Consuelo, a la que puso música Antonio Cuyas, gerente del diario El Imparcial para el que Nervo escribía algunas notas sobre teatro. Este singular hecho se registró el 14 de octubre de 1899. De Consuelo, única obra que Nervo escribió para representarse, se dijo que "era un verdadero poema, y (que) contenía muy ingeniosos chistes que hicieron reír al público grandemente, teniendo que salir el autor a escena repetidas veces a recibir la calurosa ovación que se le tributó". El libreto de Consuelo creo que se habrá perdido.

Se encontraba Nervo en París, a mediados de 1900. Una tarde de julio fue a ver a Rubén Darío, y mereció del gran nicaragüense un cordial recibimiento. "Fuimos luego ambos a Calisaya (Calisaya es, por mal de mis pecados, una cantinita del boulevard Montmartre). Me dio su último libro, Castelar; todo una monada... A eso de las cuatro se presentaron en escena Gómez Carrillo y Lola Noyr. Lola Noyr es una actriz francesa: pelo de cobre, ojos entre azul y buenas noches; blanca, treinta años. Quería que debutara yo con ella el miércoles, en una pieza francesa traducida al español. Para eso iba a buscarme y para que le tradujera unas canciones. Pagaba diez francos por cada una. Yo le ofrecí hacerlo de balde. Ella, por su parte, me regaló una mirada prometedora.

"–Trabaje usted conmigo.

–No accedo porque me voy a Lucerna. Así quedamos y se fue".

Como veis no pasó nada. Pero qué sutil perfume de aventura pudo ser que dejaría en el poeta la "mirada prometedora" que le dejara Lola Noyr. Esa noche Nervo cenó con Darío, Gómez Carrillo a quien conoció después de haber hablado con Lola. Serían las doce de la noche y Nervo y Darío seguían bebiendo. ¿Qué era lo que bebían Rubén y Amado? "Bebíamos, dice Nervo, whisky con soda, una bebida que no te aconsejo". Rubén improvisó un soneto a Nervo. Aquel soneto que empieza: La tortuga de oro, etc... A las tres de la mañana –prosigue Nervo– Darío se empeñaba en seguirla. Yo le dije que era una tontería grande que poetas como él y yo, la corriéramos sin dinero, Darío convencido se metió a su casa, donde estaba empeñado que Nervo se quedara, pero él quería irse a dormir recordando la "mirada prometedora" de Lola Noyr.

En agosto del mismo año fue Nervo a ver El aguilucho, de Rostand. En seis líneas de la carta en que recuerda esta función, aparece el antiguo crítico de teatro y el hombre de ideas propias y de buen gusto: "anoche fui por primera vez al 'Aiglon'. Muy bello pero inferior en mi concepto al 'Cyrano'. Bonitos versos, efectos admirablemente buscados. Hay un final del primer acto, de un efecto novísimo, mise en scéne, notable. Pero, dentro de todo, mucho deseo de halagar los cariños populares. Muchas sonoridades y enfatismos. Sarah –la Bernhardt– estupenda claro, parfaite, pero hermano... ¡no me satisface! Decididamente no estoy con Sarah. E insisto: María Guerrero tiene mucho más talento."

Ese mismo mes de agosto de 1900 tuvo Nervo otra gran emoción viendo trabajar a la gran trágica japonesa Sadda Yacco. Esta carta íntima que Nervo escribió con tal motivo a su amigo dice: "Rubén Darío fue a buscarme el otro día. No me encontró y no cejó hasta hallarme. Quería llevarme a comer al restaurante para revelarme algo divino: a la gran actriz trágica Sadda Yacco de la cual habla todo París y a quien ha ido a ver a Sarah seguramente para aprenderle sin duda cómo se mueve en escena.

"Te aseguro hermano del alma, que fue para mí aquello la más grande revelación de arte que halla recibido en mis días. Imagínate una japonesita ideal en su tipo, calzada con inmensos coturnos, vestida con muchas sedas de una policromía vivaz, una figurita desprendida de un kimono de Outamaro, voz de pájaro, gestos y actitudes diferentes para nosotros y que, sin embargo, es el que más se asemeja a la vida, el arte mismo que han labrado esos halcones heráldicos en bronces multicolores, que parece que van a volar de los pergaminos de los palacios de los Daimias.

El drama está también como engarzado en toques festivos. Los actores son mimos excelentes todos... pero ella según mis ideales estéticos es sobrenatural en el amor, el desdén, los celos, la muerte... ¡cómo los expresa! Sobre todo la muerte. Yo jamás había visto morir así, no creía lo que veía, porque ¡precisamente así es como se muere! ¡Y pensaba que Juan José Tablada ha ido al Japón, y no verá, como Darío y yo, a esta gran artista trágica que embelesa los ocios del Mikado y a quien han traído para nuestro regalo!

Darío y yo estábamos tan conmovidos que no podíamos hablar y esa noche inolvidable no comprendíamos la inmensa grandeza de ese Japón pequeño, que da el tratamiento de Monseñor a los ladrones, labra ánforas con ensueños, paisajes con ilusiones y acorazados con aluminio impenetrable".