FICHA TÉCNICA



Título obra La casa

Autoría José María Pemán

Dirección Elisamaría Ortiz de González Garza (Elisamaría de Monterrey)

Elenco Elisamaría Ortiz de González Garza (Elisamaría de Monterrey), Carlos G. Cirilo, María Guadalupe Barragán, Elena Barjau Garza, Rubén González Garza, Ofelia Gómez, Amalia Garza, María Cristina González, Magdalena Garza Cortés, Edna González Cepeda, Federico A. Lozano, Rodolfo Garza Cortés, César Treviño Boesch, Jaime Padilla, Jesús Hugo Santos

Grupos y compañías Núcleo de Arte Teatral de Monterrey

Notas Festejos del cincuenta aniversario del Círculo Mercantil Mutualista de Monterrey

Referencia Armando de Maria y Campos, “Elisamaría de Monterrey en la casa de José María Pemán, con motivo del jubileo del Círculo Mercantil Regiomontano”, en Novedades, 9 junio 1951.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Elisamaría de Monterrey en La casa de José María Pemán, con motivo del jubileo del Círculo Mercantil Regiomontano

Armando de Maria y Campos

Monterrey, N.L., a 5 de junio.– Don José P. Saldaña, otro regiomontano ilustre, tuvo la bondad de invitarme a nombre del Círculo Mercantil Mutualista de Monterrey, del que es presidente, a los festejos que, para conmemorar el L Aniversario de su fundación, se celebraron en la ciudad reinera del 31 de mayo al 4 de junio. No me fue posible asistir a todos como era mi deseo. Entre los que tuve el honor de disfrutar ocupa como es natural un sitio aparte, por razones obvias, la representación de la comedia en tres actos La casa de José María Pemán, que doña Elisamaría Ortiz de González Garza, directora y primera actriz del Núcleo de Arte Teatral de Monterrey, eligió al ser requerida por la directiva del Círculo Mercantil Mutualista para que se sumara a las fiestas de este jubileo.

"Escogí la comedia de Pemán –dijo Elisamaría de Monterrey en oportuna entrevista que divulgó un diario neolonés– porque La casa es para nosotros los regiomontanos, el tipo de nuestras familias, la verdadera unidad familiar, la idea cristiana en todo... Sueño con dar verdadera calidad humana a sus personajes, trabajar duramente la naturalidad con dicción, expresión e intención; dar a las frases su sentido y contenido máximos...; en fin, pulirla como joya". ¡Elisamaría de Monterrey en La casa española de Pemán!... La frase no es una simple frase, es un símbolo de un teatro perenne y de una sociedad que cuida de permanecer fiel a su tradición, a su fe en el hogar cristiano. Nadie mejor que Elisamaría, y ninguna sociedad mejor que la reinera norteña, para andar, como en su propio hogar, por La casa de Pemán.

El público de España ha vivido en La casa de Pemán. El de la ciudad de México, también. Quiere decir esto mucho. En Madrid, hecha por Concha Catalá; en México, interpretada por María Tereza Montoya. En la provincia mexicana, por Elisamaría de Monterrey. (Cuando estas líneas aparezcan, el Núcleo de Arte Teatral que dirige la señora Ortiz de González Garza la estará representando en Saltillo), José María Pemán, como dice acertadamente Joaquín de Entrambasaguas, ha creado un "teatro para españoles", no sólo, cabe añadir, por razones ideológicas o temperamentales, sino también en función de un criterio puramente literario o artístico. Hay mucho teatro clásico, comprendiendo dentro de éste al romántico, ha escrito recientemente Fernández Almagro, en las comedias y dramas de Pemán, y por lo que hace al autor de Julieta y Romeo y de La casa, marca la transición del teatro magistral de Benavente y los Quintero, al que están realizando los autores de la generación más reciente. Este tipo de comedia sentimental y satírica que acaba de verle hacer a su indiscutible primera actriz el mejor público de Monterrey, de fondo realista, por mucho que lo matice el sentido poético de la vida y del arte que prevalece en Pemán, está llamado a persistir, si bien se renueve bajo la natural presión de nuevos gustos estéticos y usos sociales. Fijando su planta con firmeza, Pemán no pierde nunca –cualquiera que sea de sus obras– el equilibrio de su sana inspiración, de su grácil inventiva, de su tornasolado estilo.

Me honro con la amistad de Pemán, de quien periódicamente recibo breves cartas, me comunica alguno de sus proyectos de escritor que toca todos los temas como el arco iris reúne en un instante de la tarde todos los colores. Me agrada releer, de regreso de La casa de Pemán, los proyectos del poeta que llevó al teatro poético la gran aventura de El divino impaciente. Dice: "Hace años que tomo apuntes para un libro de sentido religioso que desearía escribir. Creo que se llamará Lo que María guardaba en su corazón. Dice el Evangelio de María: "Guardaba `aquellas cosas' –las cosas de su Hijo– en su corazón". Conocemos la línea, bastante catastrófica, de la interpretación de las revelaciones por el pueblo y aún por los apóstoles. O la desoyeron o la desfiguraron con ideas políticas o nacionalistas. Pero había una interpretación silenciosa y clara que María guardaba en su corazón. Sería interesante ver la vida de Cristo reflejada en ese espejo limpio. Como una especie de diario íntimo del corazón de María".

Pero no divaguemos. Estamos –ya lo he dicho– en La casa de Pemán, no en su luminoso Cádiz, sino en el febril Monterrey. Todo el mejor público reinero se ha metido esta noche en el teatro Florida, porque Elisamaría le ha dicho: esta es La casa de Pemán, pero yo, que la habito esta noche, os digo que es la casa de todos ustedes. ¡Estáis, pues, en vuestra casa! ¡Y qué "Casa" la que nos ha presentado Elisamaría en su casa de Monterrey! Un triunfo legítimo para su Núcleo de Arte Teatral, una satisfacción auténtica para el público y la sociedad regiomontana, y un recuerdo grato, imborrable, para nosotros, huéspedes indignos y muy reconocidos.

Culmina la empeñosa y entusiasta trayectoria de Elisamaría como directora, animadora y actriz responsable. Su María Antonia aporta al teatro provinciano "aires de fuera", que, en ella, me parecen espontáneos y naturales; justeza de ademanes, estilo propio y conciso, expresión elocuente y exacta, que nace, se desarrolla y extingue naturalmente en su rostro enérgico y elocuente; en sus manos, en el modo de andar y de moverse con arrogante desenvoltura, en la voz que es corta pero rica en inflexiones; en el erguirse, en el abatirse, en el escuchar con la mirada, en el cambiar suavemente de actitud y de gesto. En este simbólico personaje de Pemán la he hallado más actriz que en La enemiga, El rosario o En los árboles mueren de pie, dominando perfectamente el matiz y el gesto con singular donaire. En las anteriores obras que le vi en Tampico o en el propio Monterrey, quizá pecaba de calculado artificio, pero en La casa vibra adueñada del papel, graduando sabia y deliciosamente la transformación que le impone su viudez primero, su probable cambio de estado, su renunciación finalmente.

Como animadora cuenta ya Elisamaría con un grupo excelente, entusiasta, disciplinado. En primer término, Carlos G. Cirilo, que en difícil Ciriaco Saragatua reveló dotes de gran actor cómico ponderado, justo en todo instante. Lindas y distinguidas damitas, fragantes capullos de actrices experimentales, hicieron de sus hijas Teresa y Flor, las señoritas María Guadalupe Barragán y Elena Barjau Garza, y ambas lucieron su claro talento, su fino temperamento. La señorita Barragán tuvo en el tercer acto momentos que serían el orgullo de actrices profesionales que aspiran a los más altos destinos, Rubén González Garza no desmereció al lado de sus "pemanescas" hermanas, y también tuvo su escena, en el segundo acto, cuando abofetea al chocolatero intruso. La señorita Ofelia Gómez, deliciosa en su cometido de "villana". Las señoritas Amalia Garza, María Cristina González, Magdalena Garza Cortés y Edna González Cepeda, y los señores Federico A. Lozano, Rodolfo Garza Cortés, César Treviño Boesch, Jaime Padilla y Jesús Hugo Santos, encajados con justeza y precisión en el conjunto de este intachable Núcleo de Arte Teatral de Monterrey.