FICHA TÉCNICA



Notas El autor reflexiona sobre la relación entre arte y política, en el caso de la URSS.

Referencia Armando de Maria y Campos, “El teatro revolucionario soviético”, en El Heraldo de México, 8 diciembre 1967, p. 5.




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Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   8 de diciembre de 1967

Columna Escenarios

El teatro revolucionario soviético

Armando de Maria y Campos

No fue conquista propiamente bolchevique. La Edad de Plata precedente a la revolución, con su abundancia de talentos e ideas, su alto nivel artístico y una vida social impregnada de amor a las artes, era base indispensable para el florecimiento del teatro en la década del 20. Debe recordarse que mucho antes del triunfo de la Revolución Rusa la vida intelectual había asumido un carácter revolucionario, lo mismo en el campo político que en de las artes, y que estaba en oposición con el régimen zarista.

Igualmente cierto es, por supuesto, que al teatro ruso de los años veinte le dio forma el espíritu de la revolución –y especialmente el bolchevismo, en cuanto era la expresión mas radical de las ideas revolucionarias. En los años de los levantamientos, el bolchevismo parecía ser la respuesta a las exigencias fundamentales y a los anhelos del pueblo ruso: medidas tales como la firma de un tratado de paz, la distribución de tierras en 1917, la industrialización, las reformas sociales, la expansión de la enseñanza y las reformas culturales fueron recibidas con beneplácito por amplios sectores de obreros, campesinos e intelectuales. Muchos artistas que habían abrigado convicciones izquierdistas o de vanguardia bajo el régimen zarista aprobaron la abolición de las convenciones académicas y vieron inflamados sus impulsos creadores por el carácter de la revolución. Cuando el Estado se hizo cargo de las instituciones culturales, encontraron aquéllos seguridad material y aliento.

Sin embargo, la alianza, entre el arte y la política izquierdistas que se forjó en los comienzos revolucionarios nunca llegó a ser una verdadera identificación. Hasta comunistas como Meyerhold y Maiakovski habían tenido siempre opiniones propias bien definidas y chocaban con el partido una y otra veces. Por otra parte, la jefatura del partido reconoció desde los primeros momentos los problemas inherentes al arte revolucionario; a los artistas los clasificaba sólo como "compañeros de camino". De suerte, que hasta en los años iniciales del teatro soviético se demostraba la imposibilidad de un acuerdo completo entre el arte y la política.