FICHA TÉCNICA



Título obra El tragaluz

Autoría Antonio Buero Vallejo

Referencia Armando de Maria y Campos, “Buero Vallejo, en Madrid”, en El Heraldo de México, 19 de noviembre 1967, p. 2.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   19 de noviembre de 1967

Columna Escenarios

Buero Vallejo, en Madrid

Armando de Maria y Campos

El tragaluz, de Antonio Buero Vallejo, queha inaugurado la temporada teatral de Bellas Artes, de Madrid, es sin duda alguna una obra importante. Ausente de los escenarios, donde hace cuatro años la reaparición de Buero era esperada por sus incondicionales, que no han quedado defraudados.

La obra se presenta al público como "experimento", para lo cual una pareja de actores –las dos voces del coro clásico– sitúa al espectador en el siglo XXIII y le anuncia que verá un drama ocurrido en 1967 en Madrid, recogido por las "máquinas del tiempo", que han "reconstruido" los diálogos. Sin esta pareja y sin este enclave inicial sin duda la obra sería perfectamente comprensible; pero es necesaria la presencia de los "experimentadores" para, según el plan del autor, convertir al público en juez –sin dejar de ser parte– de la realidad de hoy. La historia es de guerra y amor; una historia que arranca del año 1939, a poco de acabar la guerra civil española, en la que la familia protagonista no parece haber intervenido sino como víctima de las consecuencias.

Vicente y Mario son hermanos; de niños, su distracción favorita era abrir el tragaluz del sótano donde vivían. La pequeña ventana les permitía ver las piernas de los seres humanos que iban y venían. Con los años, para Vicente el juego ha perdido interés; Mario, en cambio, sigue soñando con la adivinación de los seres que pasan ante la ventana. Es, por esto, quien más cerca está del padre, aquejado de locura senil, que le convierte en un anciano cuyo entretenimiento es cortar estampas y postales y preguntar insistentemente por quienes aparecen en ellas. ¿Quién es éste? ¿Qué hizo? Comprensivo testigo de esta locura es la madre, muy en su papel (madre "unamuniana" del marido-niño más que de los hijos- hombres) de equilibradora de la agitación que se advierte entre Vicente y Mario.

Es en la última escena donde estalla toda la carga del drama, aunque la obra tenga una escena-epílogo y un posterior parlamento.