FICHA TÉCNICA



Notas Breve relato de la historia del teatro yugoslavo y la obra de Marin Drzic

Referencia Armando de Maria y Campos, “El teatro yugoslavo”, en El Heraldo de México, 17 noviembre 1967, p. 13.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   17 de noviembre de 1967

Columna Escenarios

El teatro yugoslavo

Armando de Maria y Campos

El teatro nacional yugoslavo que apareció a fines del siglo XI en la costa oriental del Adriático, con orígenes que datan de los misterios de la Edad Media y que desde la primera mitad del siglo XVI cuenta con Marin Drzic (1508-1567), el más grande de los autores cómicos de los pueblos de Yugoslavia, no puede ser considerado en forma alguna, dentro del arte dramático renacentista, como un simple episodio de carácter histórico y cultural. Efectivamente, algunas de las obras de esa época, especialmente las de Marin Drzic que han sido conservadas, no sólo han mantenido su poder de atracción para el público, sino que además constituyen el esqueleto de los repertorios dramáticos yugoslavos de hoy, No hay que buscar la explicación de este fenómeno en motivos de patriotismo local, ni que los teatros yugoslavos de hoy presenten comedias y dramas en los que hace más de 400 años la lengua popular encontró por primera vez su expresión escénica. No; no se trata en modo alguno de reverencia, sino de la vitalidad de este teatro.

Las mejores obras del teatro yugoslavo del Renacimiento reviven ahora en las escenas yugoslavas gracias sobre todo a sus altas cualidades artísticas. Los caracteres esenciales de esta producción dramática son naturalmente y en primer término los del gran teatro del Renacimiento que ha dado al mundo a Maquiavelo y Bibbiena, así como a los grandes dramaturgos ingleses de la era isabelina. Pero, además, contiene ciertos rasgos específicos que no se explican totalmente por la factura literaria nacional de los textos.

El éxito que tiene actualmente "Dundo Maroje", una de las comedias más populares de Marin Drzic y que está atestiguado por centenares y centenares de representaciones en todos los escenarios yugoslavos, no puede explicarse más que reconociendo el valor eterno del espíritu brillante de este ragusano, cuya obra no se resiente del transcurso del tiempo.