FICHA TÉCNICA



Título obra Las golondrinas del seis

Autoría Jorge A. Villaseñor

Dirección Jorge A. Villaseñor

Elenco Beatriz Saavedra, Joaquín Roche, Aída Quiñones

Grupos y compañías Grupo Teatralia

Espacios teatrales Teatro del Sindicato Mexicano de Electricistas

Notas Obra del Segundo Concurso de Teatro Festival de Primavera 1951. El autor también da a conocer los premios respectivos

Referencia Armando de Maria y Campos, “[Más acerca del Concurso de Grupos Teatrales. Fiestas de Primavera. III]”, en Novedades, 17 abril 1951.




Título obra El insurgente Pedro Moreno

Notas de autoría Mariano Azuela / autor de la novela homónima; Mariano Azuela y Víctor O. Moya / adaptación teatral

Dirección Víctor O. Moya

Elenco Raúl Meraz, Octavio G. Arias, Ignacio Navarro

Grupos y compañías Teatro Estudio de México

Espacios teatrales Teatro Arbeu

Notas Obra del Segundo Concurso de Teatro Festival de Primavera 1951

Referencia Armando de Maria y Campos, “[Más acerca del Concurso de Grupos Teatrales. Fiestas de Primavera. III]”, en Novedades, 17 abril 1951.




Título obra Coyote hambriento o Netzahualcóyotl

Autoría Carlos Ancira

Dirección Roberto Crespo

Elenco Ignacio López, María Elena Zelaya, Judy Ponte, Francisco Crow (Paco)

Grupos y compañías Grupo Asociación Revolucionaria de Teatro Experimental. Teatro Revolución.

Espacios teatrales Teatro Arbeu

Notas Obra del Segundo Concurso de Teatro Festival de Primavera 1951

Referencia Armando de Maria y Campos, “[Más acerca del Concurso de Grupos Teatrales. Fiestas de Primavera. III]”, en Novedades, 17 abril 1951.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

[Más acerca del Concurso de Grupos Teatrales. Fiestas de Primavera. III]

Armando de Maria y Campos

Las golondrinas del seis de Jorge A. Villaseñor fue la tercera obra presentada durante el Concurso de Grupos Teatrales de las Fiestas de Primavera de 1951. Es una comedia alegre, de argumento sencillo, trazado con diáfana claridad. Las golondrinas del seis son unas muchachas como tantas que viven en las casas de departamentos de la ciudad de México, con una madre como hay muchas, con un padre que las abandona, con novios, pretendientes y jefes de oficina donjuaneseos. En fin, un trozo de vida de la clase media metropolitana. El argumento, pues, es excelente, pero en cambio la construcción de la pieza, su desarrollo y tratamiento, no obstante un excelente primer acto que revela a un buen autor que lo será mejor si persiste, es lamentablemente inseguro, en particular sus dos últimos actos. Apuntan bien algunos caracteres, pero el conjunto se desvanece en un desaliño y desmayo que frustra toda ambición.

El propio autor formó su grupo, y lo dirigió sin muchas complicaciones, casi sin darle importancia a la dirección –fenómeno extraño en estos días en que todos los directores, por incipientes que sean, se creen genios– y sin muchas ilusiones por alcanzar el triunfo soñado por otros con menos merecimientos que Villaseñor.

La presentación de Las golondrinas del seis dio oportunidad a que fueran premiados dos de los elementos que intervinieron en esta pieza, la señorita Beatriz Saavedra, que obtuvo el premio para la mejor dama joven de este certamen, y el señor Joaquín Roche, que, como característico, fue el mejor de la temporada. De haberse repartido más premios, como el año pasado, otro le hubiera tocado, merecidamente, a la señorita Aída Quiñones.

La cuarta obra presentada durante el concurso fue llevada al foro desmantelado del auditorium del Sindicato Mexicano de Electricistas, y si su director desaprovechó la oportunidad de contar con un magnífico escenario de verdad, como es el del Arbeu, teatro en que fueron presentadas todas las restantes obras de ese evento teatral, con esto reveló que la producción presentada huía deliberadamente del género teatral propiamente dicho. Y así es, en efecto, El insurgente Pedro Moreno, pieza histórica tomada de la novela del mismo nombre de Mariano Azuela, según un arreglo libre de Víctor O. Moya, revisado y autorizado por el novelista, tiene toda la categoría de un espectáculo cuidadosamente elaborado, laboriosamente preparado. Su presentación recuerda algo de Hamlet por el Old Vic inglés. Probablemente su director, Moya, hombre culto y estudioso, se inspiró en aquel espectáculo para hacer del suyo una versión semejante, usando de la técnica convencional del cinematógrafo para darle mayor rapidez y vivacidad a la representación que se antoja más la de un guión cinematográfico que la de una obra de teatro conforme con la tradición aristotélica.

En tres partes, impropiamente denominados actos, a su vez divididas en infinidad de escenas (diríamos sketch si no fuera herejía), se divide el espectáculo, y el mérito de la representación radica en que cada escena se resuelve en una estampa, si no estrictamente histórica, muy mexicanas todas y algunas de gran calidad plástica. De las tres partes, la primera es excelente en verdad y está tan cargada de aciertos, que pesan desfavorablemente sobre las otras dos, necesariamente semejantes en su desarrollo y resolución para aprovechar los diversos planos en que se mueven los numerosos personajes.

La índole del argumento niega posibilidades de lucimiento a las mujeres. De antemano se sabría que difícilmente los premios destinados a las actrices que concursan quedarían en manos de las del grupo Teatro Estudio de México. Abundan, como es natural, las oportunidades para los actores, viéndose obligados muchos de ellos a "doblar", para satisfacer las exigencias del numeroso reparto. Todos los actores merecen un elogio –como también las damas en sus breves interpretaciones–, en particular Raúl Meraz, Octavio G. Arias e Ignacio Navarro, que mereció uno de los primeros premios.

El director Víctor Moya fue premiado por unanimidad, y con una mención especial además, y su grupo Teatro Estudio de México conquistó en la mejor lid el segundo premio –$3,000.00– para los grupos que intervinieran en este concurso.

Ocupó el cuarto lugar, como ya dije, por sorteo, en la serie de presentación, la pieza dramática Coyote hambriento –o Netzahualcoyotl– de Carlos Ancira, presentada por el grupo Asociación Revolucionaria de Teatro Experimental. Teatro Revolución. Se trata de una obra primeriza de un autor que no carece de talento ni de visión teatral. Por el título podría creerse que es una pieza histórica, pero la verdad es que, por cualquier escena que se le juzgue, no tiene gran cosa que ver con la historia, ni con la biografía –hasta donde alcanzan los datos precortesianos que nos han llegado del Rey Poeta– de ese gran monarca indígena. Su autor está indudablemente influido por los modernos autores existencialistas, y a ratos hace teatro "miserabilista", es decir teatro en el que todo es miseria, odio, rencor y venganza, y hace hablar a los indígenas con ideas que llegaron al mundo, y en particular a América, muchos siglos después de muerto "Coyote hambriento". Como pieza de teatro adolece de defectos inexcusables para una obra que se presenta a concurso, aunque naturales en todo autor que escribe sus primeras escenas.

La interpretación fue esforzada en general, tanto por parte del joven actor que se encargó del difícil papel de Netzahualcoyotl, de nombre Ignacio López, que mereció el premio para primer actor, como reconocimiento a las numerosas dificultades que tuvo que vencer para darle a su personaje la calidad teatral que fue menester para que la acción –diálogo y movimiento– no naufragara en su principio, y salvando con su dominio del personaje los connatos de fracaso por las protestas del público al final de la representación. La dirección de Roberto Crespo discreta en general. Los nombres de María Elena Zelaya, Judy Ponte y Paco Crow deben figurar en justicia al lado del premiado Ignacio López.