FICHA TÉCNICA



Título obra Bajo el bosque blanco

Autoría Dylan Thomas

Dirección Juan José Gurrola

Referencia Armando de Maria y Campos, “Bajo el bosque blanco, en la Unidad Cuauhtémoc”, en El Heraldo de México, 2 noviembre 1967, p. 7.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   2 de noviembre de 1967

Columna Escenarios

Bajo el bosque blanco, en la Unidad Cuauhtémoc

Armando de Maria y Campos

Dos caminos alucinantes ofrecen sus rumbos remotos ante la curiosidad informativa del cronista informador. Pocas veces como ahora se ven unidos por un hilo de misterioso encanto poético dos nombres. Es natural que primero sea el del autor (1914-1953), en plena madurez. Thomas llevó las características de su apellido en su personalidad. Ni inglés ni escocés propiamente; no estuvo ajustado a ninguna regla, sino que con sus propias seguridades creaba y no seguía ninguna regla al mismo tiempo.

Dylan Thomas llevó una vida misteriosa, mito de los más terribles. Por eso se inclinó a los temas embrujados como el del pueblo de Llareggyb, lleno de personajes excéntricos que el mundo exterior lo declaró como una zona de demencia, y en vez de tratar de acomodara toda la población en un manicomino, fue cortado por el mundo cuerdo desviando el tráfico del turismo y el comercio que normalmente pasaba por él. Los ciudadanos indignados protestan pura que la cordura de Llareggyb sea puesta en el Palacio de la Justicia como una prueba de que para la reivindicación se siguen las formas legales. Thomas estuvo indeciso en los varios títulos que le proponían un tema distinto, pero al fin se decidió por el título ambiguo y prometedor de Muy Temprano una Mañana (Under Milkwood). Su pasión por las mentiras era congénita, aunque más bien eran invenciones que embustes. Decía algunas cosas por completo y no las que le servían para nada, como ir a un cine y declarar que había ido a otro y falsear la pelicula que había visto. También poseía el enojoso hábito de colocarse en el bando opuesto en una discusión, sólo por el gusto de atacar, y mentía para probar sus argumentos. Thomás sabía exactamente lo que le gustaba y lo que no le gustaba, lo que quería y lo que no quería: lo quería sin tener que averiguarlo. Cuando se enteró de la gravedad de su mal Dylan se resignó a su suerte. Lanzó sus últimos destellos contra las ampolletas, las agujas hipodérmicas y los líquidos que alimentaban su cuerpo inútil.

Gurrola, director, encontró en él al autor que necesitaba. Igual pasó con Thomas. Gurrola realiza una dirección estupenda demostrando su técnica sólida en el juego de los personajes que habitan el pueblo loco.