FICHA TÉCNICA



Título obra Bajo el bosque blanco

Autoría Dylan Thomas

Dirección Juan José Gurrola

Referencia Armando de Maria y Campos, “Bajo el bosque blanco, de Dylan Thomas”, en El Heraldo de México, 28 octubre 1967, p. 3.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   28 de octubre de 1967

Columna Escenarios

Bajo el bosque blanco, de Dylan Thomas

Armando de Maria y Campos

Una tibia noche de mayo de 1962 se dirigió el cronista para cumplir con sus tareas informativas a presenciar la representación de una de las más bellas y originales comedias que haya tenido la fortuna de contemplar.

Ahora vuelve en distintas condiciones, no desfavorables, pero tampoco propicias: el autor, la pieza en sí, el tema que se desarrolla en la pieza, interpretación y dirección. Lamenta la falta de espacio.

El autor fue un hombre de una inquietud arrolladora. Galés de nacimiento vino al mundo en 1914, y llevó una vida intensa hasta alcanzar una edad madura. Leyó una pieza de teatro que le inspiró otra para la radio. Esto supone una técnica previa de narradores. Este es el arranque de Bajo el Bosque Blanco, inspirada en Muy Temprano una Mañana y en El Pueblo Estaba Loco. El tema es alucinante, embrujado de fantasía, porque se trata de un pueblo que se ha vuelto loco, y que a sí mismo no se convence de que lo está. Hay pueblos que, como los hombres, nacen locos, viven su locura con mucha cordura y dan pábulo a que un autor de imaginación deje volar su fantasía, también loca como todos los personajes que habitan el pueblecillo, gente pintoresca que a sí misma se considera que la viven con toda normalidad. Para el cronista no puede haber tema más delicioso por lo original y cargado de sugerencias y poesía. El campo de la imaginación es tan amplio que el crítico se siente a sus anchas cuando se usa el teatro con fines tan nobles y originales. Todo en la pieza de Dylan Tholnas tiene un noble sentido de irrealidad, como la vida, que en el teatro es donde es más espejo que recoge imágenes del fondo misterioso del azogue.

Un director con fina y desbordada imaginación realiza el milagro de mover personales y caracteres que se desenvuelven poetica o satíricamente en un pueblecillo que tiene la dicha de estar loco. La necesidad de hacer vivir a todo un pueblo lleva al director, Juan José Gurrola, a encerrarlo en las cuatro paredes de un teatro comercial, lo que equivale a cautivar una avecilla en el puño de la mano. El tema nos llevará a cruzar el cielo de la crónica en distintas direcciones.