FICHA TÉCNICA



Título obra La voz de la tórtola

Dirección Dimitrios Sarras

Elenco Bárbara Gil, Miguel Córcega

Referencia Armando de Maria y Campos, “Las 300 de La voz de tórtola”, en El Heraldo de México, 6 octubre 1967, p. 9.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   6 de octubre de 1967

Columna Escenarios

Las 300 de La voz de tórtola

Armando de Maria y Campos

Recordamos las primeras representaciones en el desaparecido teatro Rotonda de esta comedia fina y poética que nos dio la satisfacción de comprobar la calidad de actriz de una de las más talentosas comediantes mexicanas Bárbara Gil. Así lo hicimos conocer del público y propalamos con satisfacción que en la planta de grandes actrices mexicanas con que cuenta el teatro en México, se había incorporado quien podía alternar con las mejoras de su género.

Sucede con las piezas de teatro, igual que con las personas, que evolucionan y que se desarrollan según, la educación que reciben. En el teatro la educación de una obra consiste en las modificaciones que los actores les van imprimiendo al hacer concesiones a públicos de distintos paladares. Esto ha ocurrido con La voz de la tórtola: ha perdido su calidad y por concederle satisfacciones pueriles al público diverso de cada noche, poco a poco, ha derivado en una obra distinta. Lo lamentamos. El secreto del teatro para que tome los rumbos de la clasicidad, es que se conserve de acuerdo con la mentalidad del autor que lo creó. Es muy común caer en el teatro, y en otros aspectos de la creación artística, en lo fácil que desvirtúa el espíritu de la pieza. Los personajes deben ser siempre los mismos, y no hacerlos caer en acrobacias innecesarias, lo mismo en ademanes que en inflexiones de la voz, porque el actor debe respetar al personaje, como el tiempo respeta la belleza primordial de las estatuas. Vestir una estatua según la moda del momento es un error.

El director Dimitrios Sarras permite al buen actor Miguel Córcega estas libertades que alcanzan todos los aspectos de las situaciones teatrales, incluyendo las inflexiones de la voz que tanto hace que varíe un personaje.

Nos llena de satisfacción que una pareja tan brillante de comediantes como lo son Bárbara y Miguel llegue al éxito verdadero. Es una pena que para darle gusto a porciones de público se deje llevar a extremos indebidos. Triunfo y errores registramos en esta crónica como es nuestro deber, porque cronistas puntuales de nuestra época, hemos de seguir la marcha de nuestro teatro, noche a noche, vigilándolo y señalando aquellos errores que tiendan a desvirtuar su noble origen.