FICHA TÉCNICA



Título obra Los arrieros con sus burros por la hermosa capital

Autoría Willebaldo López

Espacios teatrales Teatro Comonfort

Referencia Armando de Maria y Campos, “Los arrieros con sus burros por la hermosa capital”, en El Heraldo de México, 26 agosto 1967, p. 3.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   26 de agosto de 1967

Columna Escenarios

Los arrieros con sus burros por la hermosa capital

Armando de Maria y Campos

Esta es la historia que puede ser una lección de justicia social. Obtuvo el Primer Premio B en el concurso convocado por el Instituto Nacional de Bellas Artes, en el Primer Festival de Primavera de Teatro, de acuerdo con la fina intuición del dirigente divulgador del teatro Héctor Azar.

Esta pieza, cuyo titulo desconcertante es el de Los arrieros con sus burros por la hermosa capital, y de la que es autor Willebaldo López, de quien no tenemos más noticia que ésta, desconcierta y apasiona desde el primer instante. Son dos actos largos, presentados en diversas estampas, con lo que, por lo pronto, no se respetan las unidades aristotélicas del lugar tiempo y espacio.

El lector debe conocer parte de su argumento para comprender mejor el significado de esta pieza, que ahora disfruta el público que acude al teatro Comonfort, distinto, como es natural del que la conoció en el Julio Jiménez Rueda, en el mismo corazón de la metrópoli.

Dos indios, padre e hijo, llegan a la ciudad con el propósito de vender su mercancía. No los toman en serio y ellos sienten que se les rompe su buena fe. Sin embargo, insisten hasta que se ven obligados a volver al pueblo, completamente desmoralizados por el trato que recibieron, perdiendo toda su mercancía y lo que es más sus burros que eran prestados. El padre borracho de desesperación se cuelga de un capulín, y el hijo regresa a la capital con el propósito de tomar venganza, y en vez de ser explotado ser explotador. Con el sentido ladino, es decir, actuar un poco de lado que es característica del indio explotado.

El hijo, en el borde de la resignación, se da a la borrachera y así se suceden los cuadros, con la circunstancia de que induce a su hijo a caer en el vicio del alcohol, como único refugio para sobrellevar una vida triste y sin estímulo ni ayuda de nadie. Todo para él es explotación y miseria.

Con un largo reparto destacan con méritos propios dos proyectos de buenos actores. El hijo está personificado por el propio actor y el conjunto actúa con homogeniedad e intuición. Es bastante para una actuación incipiente y entusiasta.