FICHA TÉCNICA



Título obra Virginia Woolf

Autoría Edward Albee

Notas de autoría Jesús Cárdenas / traducción

Dirección Xavier Rojas

Elenco Aaron Hernán, Sylvia Caos, Ramón Méndez

Referencia Armando de Maria y Campos, “Carmen Montejo en Virginia Woolf”, en El Heraldo de México, 15 agosto 1967, p. 3.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   15 de agosto de 1967

Columna Escenarios

Carmen Montejo en Virginia Woolf

Armando de Maria y Campos

Por segunda vez vuelvo a esta obra de Edward Albee que por tercera vez se representa en México. Así es como se forma poco a poco, lo clásico. Volver a un tema antiguo y darle vida como si antes no hubiera sido.

Recordará el lector esta magnífica pieza representativa del "tremendismo" en el teatro norteamericano. Todo es tremendo en ella, no obstante que a veces se le hace tolerable para públicos mojigatos. En sí la anécdota o el argumento de la pieza no descubren nada bajo el sol de las bambalinas. En el teatro lo que importa es como suceden las cosas y no el motivo que las provoca. ¿Resta o aumenta mérito a la pieza el hecho de que la situación principal arranque de un matrimonio de universitarios que vive en los Estados Unidos e invita a otra pareja de catedráticos a pasar la velada en su departamento? Lo fundamental es que los cuatro se entregan a un juego tremendo dejando que escapen, como el humo de las chimeneas, sus complejos, sus pasiones sumergidas, reflejo de tantas que solamente los autores teatrales saben recoger en su momento crítico. No la pareja que forman Marta y Jorge vive una vida angustiada, que el alcohol pone a flote. Entonces aparece el cieno que hay en el fondo de sus vidas, y provoca igual fenómeno en la pareja invitada. Lo demás depende de la interpretación que, anticipamos, es genial de parte de Carmen Montejo, sin duda la primera actriz dramática de habla española. En seguida vienen las situaciones como un torrente que se despeña, y cada quien, de acuerdo con el ingenio del autor, estremece al público, rotas como un madero que flota en la superficie de un pantano. Se habla a trallazos para exponer el tejido categórico de cuatro almas podridas. No se puede llegar a más en el teatro. En ocasiones abre en el cielo negro de la amoralidad una ráfaga de ternura: un hijo inventado, y la acción continua estrujante por virtud de una magnífica interpretación de Aaron Hernán, actor con futuro; de Sylvia Caos, de Ramón Méndez, conducidos todos por la audaz dirección de Xavier Rojas. La excelente traducción de Jesús Cárdenas permite conocer mejor esta tragedia de bajos fondos y pasiones encontradas.