FICHA TÉCNICA



Notas Recomendaciones para los directores de escena

Referencia Armando de Maria y Campos, “Cronista predicador. Las tareas del director para la interpretación”, en El Heraldo de México, 13 agosto 1967, p. 3.




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Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   13 de agosto de 1967

Columna Escenarios

Cronista predicador. Las tareas del director para la interpretación

Armando de Maria y Campos

Decíamos ayer... ¡Oh manes de fray Luis de León!, que para que se realice la tarea del director respecto a la interpretación de una pieza, experimental o de cualquier tipo, precisa una cuidadosa selección. Ya están elegidos los intérpretes para primer actor y primera actriz.

La dama joven y el galán deben hacer pareja. Sus voces y sus físicos han de proyectar al público sensación agradable y dar la impresión de que están exactamente hechos el uno para el otro. El actor no debe traicionar la obra que representa, poniéndose constantemente en primer término para "robar escena".

El director tiene que apaciguar el ardor de algunos y darle fuerza a otros, como el director de una orquesta armoniza la intervención de los instrumentos al servicio siempre de la partitura. El director está siempre al servicio de la obra, él la siente a través de todos sus personajes, y por eso sus indicaciones son más justas que las del actor que siente la obra casi siempre en relación con la importancia que él mismo le da a su papel. Pero el director da solamente las indicaciones y es el actor quien debe tomar en cuenta esos consejos y reproducirlos equilibrados de acuerdo con su carácter y la importancia de su papel. A menudo se da el caso de que el director tiene que representar una escena para indicar a los actores, más claramente que con palabras, lo que él desea. En estos casos el actor no debe imitar fielmente lo que le ha mostrado el director, pues es lógico que director y actor posean temperamentos diferentes. De ahí que el director debe ser también actor, porque es de todo punto imposible enseñar el manejo de un instrumento que se desconoce o nunca se ha manejado.

Vive en nuestro movimiento de teatro experimental una etapa de titerismo o de cotorrismo. Los jóvenes actores son movidos como títeres y se les obliga a recitar sus papeles de memoria, sin que lleguen a comprender el sentido de lo que dicen y deben expresar. Consecuencia todo esto de la dictadura artificial de los directores, y si, como es evidente, éstos carecen en su mayoría de los conocimientos indispensables para comprender la obra y dirigirla después, se explica la lógica desorientación de los actores jóvenes.