FICHA TÉCNICA



Notas El autor comenta su concepción de Bruto en Julio Cesar de Shakespeare

Referencia Armando de Maria y Campos, “Shakespeare en el Tepeyac, I”, en El Heraldo de México, 11 junio 1967, p. 5.




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Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   11 de junio de 1967

Columna Escenarios

Shakespeare en el Tepeyac, I

Armando de Maria y Campos

Para quienes duden de la autenticidad de la obra de Shakespeare, conviene seguir a uno de sus biografos, Frank Harris, y estudiar la interpretación que obtiene de cada uno de los personajes shakespereanos, en los que el toma siempre el carácter con el que se siente identificado.

En el caso específico de Julio Cesar, tragedia, Shakespeare se siente en su propio dolor y bondad, en el personaje de Bruto, por la traición que sufrió de una mujer amada y de un amigo al que quería.

En este personaje en el que el hombre Shakespeare debería aparecen resentido por la doble traicion, toma para si el carácter más apasionante de esta tragedia, que es Bruto, y revela toda la honda bondad fundamental de su carácter que habrá de conservar hasta su muerte.

Para muchos de sus críticos más acerbos Shakespeare en el personaje de Bruto, muestra una copia fiel de su complicada personalidad, y por boca Marco Antonio pronuncia una de las mas maravillosas despedidas que pueda hacérsele a hombre alguno.

(Fue el más noble romano de entre todos... Dulce su vida fue. Los elementos –en él tan combinados, que bien pudo– orgullosa exclamar naturaleza –Un hombre ahí ved al universo entero.– G.M).

Pero este Bruto no era asesino ni conspirador, no era un republicano fanático, sino sencillamente el buen Shakespeare descubriéndose su propio corazón triste y la dulzura que los sufrimientos habían puesto en él de manifiesto.

A todo lo largo de los primeros actos del drama, resulta Bruto un personaje increíble, pues se halla en una situación imposible: Shakespeare, sencillamente no podía encontrar razón valida para que Bruto matase a Cesar. Pero desde el momento que se comete el asesinato, hasta el final del drama, Bruto-Shakespeare se encuentra en paz consigo mismo.