FICHA TÉCNICA



Notas El autor comenta los fundamentos de la obra de Piradello

Referencia Armando de Maria y Campos, “Centenario de Pirandello, III”, en El Heraldo de México, 9 junio 1967, p. 2.




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Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   9 de junio de 1967

Columna Escenarios

Centenario de Pirandello, III

Armando de Maria y Campos

Hemos venido comentando con nuestros lectores la vida y la obra de Pirandello con motivo de su centenario, interiorizando en el hombre que en su época rivalizó con los más contados escritores de su tiempo.

Teatro y vida unidos entre sí, en la tragedia de Pirandello, sin principio ni fin, mezclados en su apotegma de cuándo el teatro es su vida y cuándo la vida es su teatro.

A partir del éxito de sus Seis personajes Pirandello escribió, dirigió, interpreto, viajaba constantemente con su compañía. Parecía un desarraigado, un trashumante, un nómada de la escena: Alemania, Francia, Estados Unidos, Argentina. Era como si el escritor buscara una coartada permanente. Rechazaba ser el prisionero de su editor, de su familia, de sus admiradores.

Y en medio de su obra le sorprendió la muerte. Dejó poesías, ensayos, más de doscientos cuentos, ocho novelas, veintitrés comedias largas y otras tantas en un acto. Además de las citadas, Uno, ninguno y cien mil (novela) y Cada cual a su manera, Enrique IV, La vida que te di, Vestir al desnudo, El hombre de la flor en la boca, y tantas otras, famosas en el mundo entero.

La obra de Pirandello parte de un pesimismo inicial. Del paisaje siciliano, de sus personajes atormentados de sus fúnebres recuerdos infantiles, extrajo el escritor muchos de sus temas.

Se preguntó por el hombre, por el sentido de la condición humana y la desgracia le hizo oponer a la realidad triste y oscura, la otra realidad que él mismo fabricaba: su arte.

"El arte venga a la vida" –llegó a decir–. En la creación artística, el hombre se convierte en Dios".

Y hasta llego a poner en cuestión la propia vigencia de su arte. Este teatro qué; reflexiona sobre el teatro le llevo a los aciertos de Seis personajes, o Enrique IV.