FICHA TÉCNICA



Título obra La soñadora

Autoría Elmer Rice

Dirección Luis del Llano

Elenco María Rivas, Andrea Palma, Marina Marín, Eugenia Avendaño, Raúl Ramírez, Jorge Lavat, Carlos Fernández, Miguel Suárez y Gerardo del Castillo

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Insurgentes

Referencia Armando de Maria y Campos, “La soñadora, en el Teatro Insurgentes”, en El Heraldo de México, 8 junio 1967, p. 3.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   8 de junio de 1967

Columna Escenarios

La soñadora, en el Teatro Insurgentes

Armando de Maria y Campos

Con Elmer Rice –1892-1967– se inicia en el teatro norteamericano el vanguardismo. Sus obras son copias fieles de las costumbres de su país. Es un crítico acerbo. Desnuda a sus personajes y los presenta sin la cuarta pared. De un realismo puro inicia un teatro diferente, junto con Tennesee Williams, Eugenio O'Neill y posteriormente con Arthur Miller. Como autor realista interioriza con agudeza en el alma de sus personajes.

La Soñadora viene a sumarse a sus éxitos. En El Metro, estrenada en 1929; en La Calle, Premio Pulitzer 1929, puesta en escena en Madrid por Margarita Xirgu, y en La Máquina de Sumar, son los símbolos los que utiliza para decir al mundo su verdad.

La Soñadora viene a ser su obra poética. Elmer Rice realiza el anhelo de la protagonista al escenificar sus deseos conforme a los sentimientos que se suscitan en su vida cotidiana. Una muchacha "soñadora" vive así todos sus buenos y malos pensamientos. La comedia de Elmer Rice es costumbrista en un país donde puede ser raro encontrar "una soñadora". El autor nos la presenta dulce, tierna y superficial. Sus problemas son triviales,y la comedia se desliza como un merengue almibarado en la boca de los espectadores que lo sepan saborear.

María Rivas en la muchacha "soñadora" ofrece una faceta más de su arte escénico. Se desenvuelve con naturalidad y tierna sencillez. Su profesionalismo en la TV la hace sentirse segura en el escenario, pero el cronista considera que le hace falta más experiencia en el contacto directo con el público. Su voz requiere encontrar otros matices para darle cabal expresión a sus sentimientos.

Andrea Palma muestra su veterana en las tablas y saca airoso su papel de madre norteamericana, preocupada únicamente de los formulismos convencionales de su país. Marina Marín, con dotes histriónicas y magnífica presencia, se perfila para mayores empeños. Eugenia Avendaño, simpática. Raúl Ramírez, Jorge Lavat y Carlos Fernandez le dan galanura a sus personajes y se proyectan ascendentemente. Miguel Suárez y Gerardo del Castillo cumplen como buenos actores que son.

La dirección de Luis de Llano –salvando acertadamente los diversos cuadros en los que se desarrolla la obra de Elmer Rice– se conduce sin tropiezo, dandole el tono justo requerido.

David Antón decora con buen gusto y propiedad los varios escenarios giratorios que utiliza para dar fluidez a los cambios rápidos y a veces simultáneos de la acción de la comedia.