FICHA TÉCNICA



Título obra Punto H

Autoría Yves Jamiaque

Notas de autoría Augusto Benedico/ traducción

Dirección Dagoberto Guillaumin

Elenco Virginia Manzano, Carlos Ancira, Rafael Llamas y Teresa Selma.

Escenografía Julio Prieto

Referencia Armando de Maria y Campos, “Punto H, en el Teatro Orientación”, en El Heraldo de México, 5 junio 1967, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   5 de junio de 1967

Columna Escenarios

Punto H, en el Teatro Orientación

Armando de Maria y Campos

Yves Jamiaque, autor francés de la obra teatral Punto H, nos relata en ella el tema de cóino algunos científicos se preocuparon por impedir la evolución de la bomba atómica, anua con la cual Hitler esperaba ganar la Segunda Guerra Mundial. Jamiaque recurre a un hecho histórico para plantear –en dos actos– el conflicto interior –si la negación es un derecho, la abnegación es un deber– de responsabilidad que los científicos pacifistas alemanes y sus colegas norteamericanos tuvieron que sostener, para llegar a la necesidad imperiosa, que les dictaba su conciencia, de que sólo con la confianza mutua de no utilizarla sino para fines pacíficos deberían proseguir en su terrible descubrimiento de la bomba atómica.

El contenido de la comedia es tema ya conocido por todos. A una distancia de veintitantos años de la Segunda Guerra Mundial, y a punto de estallar la tercera, la obra de Yves Jamiaque sólo llega a interesar en algunos diálogos, que permit en deducir una lógica bien estructurada; pero exceptuando esos diálogos, el autor no logra mantener un interés continuo en el espectador.

La traducción de Augusto Benedico adolece de actualidad literaria, porque permite el uso de reiterados epítetos con cierto sabor rococó, que le dan al diálogo un sentido trasnochado que no vade acuerdo con el teatro actual.

La interpretación que le dan a sus personajes Virginia Manzano, Carlos Ancira, Rafael Llamas y Teresa Selma ayuda a que la obra teatral Punto H pierda vivencia. Sus personajes se sienten acartonados, vaciados en un molde convencional de un teatro fuera de época.

Dagoberto Guillaumin no logró, esta vez, imprimirle naturalidad y sencillez a su dirección escénica.

En la escenografía de Julio Prieto no está justificado el empleo de elementos que originan un concepto de contradicción artística.