FICHA TÉCNICA



Notas El autor comenta las ideas de Georges Pitoeff sobre el director de escena

Referencia Armando de Maria y Campos, “El teatro y el director de escena”, en El Heraldo de México, 17 febrero 1967, pp. 4-5.




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Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   17 de febrero de 1967

Columna Escenarios

El teatro y el director de escena

Armando de Maria y Campos

Nuestro primer acompañante es Georges Pitoeff, bien conocido como gran maestro de la escena. Muchos consideran, opina Pitoeff, al director de escena como un intruso. Pero lo ha creado la necesidad. Es un producto natural de la evolución del teatro contemporáneo. El actor no ha cambiado. Si Talma, Rachel o Molière volvieran entre nosotros nos entusiasmarían tanto como lo hicieron a sus contemporáneos. Lo que es nuevo es la importancia que ha tomado el decorado. El de las obras clásicas era neutro o, por mejor decir, inexistente. Hoy, equivocadamente o con razón, la decoración ha llegado a ser elemento esencial del espectáculo, lo mismo que los accesorios, la iluminación y el ritmo de la obra. Durante el periodo de transición se dejó al azar el equilibrio de estos elementos. Ocurría que un hallazgo fortuito producía un conjunto afortunado; pero, con más frecuencia, los trajes desentonaban con el decorado, éste del espíritu del texto, etc. Hacía falta un nuevo personaje que se apoderase de estos elementos y los hiciera confluir en un resultado premeditado. El director de escena ha introducido la composición y la unidad que caracteriza la obra de arte, allí donde el azar reinaba como amo y señor. Considerado así, es un creador como cualquiera otro artista.

[p. 5c]

En el pintor la creación se produce en dos tiempos: aquel en que coloca los colores en la tela y aquel otro en que se retira para juzgar el efecto que producen. El actor se encuentra privado de este segundo tiempo. El director de escena se encargará de él.

No tiene ninguna idea preconcebida respecto a la escenificación. Se esfuerza en abordar cada nueva obra que ha de montar con un espíritu totalmente virgen. Es la obra misma la que le inspirará los elementos que han de servir para su escenificación. Su fin no es otro que ayudar al pensamiento del autor a revelarse al espectador del modo más perfecto posible. Sin duda, tendrá una manera personal de iluminar determinado rincón dorado que distinguirá el montaje del de cualquier colega. pero éste es el caso de toda interpretación. Si se trata de obras de repertorio clásico, cada director intenta resaltar el carácter que le parece esencial. Nuestro próximo acompañante será Charles Dullin.