FICHA TÉCNICA



Notas El autor anuncia que en sus próximas colaboraciones comentará algunas de sus lecturas sobre materia teatral, afirmando que existe una intima unión entre la reflexión sobre el arte y el arte vivo

Referencia Armando de Maria y Campos, “Orientar no hace daño”, en El Heraldo de México, 15 febrero 1967, pp. 4-5.




imagen facsimilar

imagen facsimilar 2

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   15 de febrero de 1967

Columna Escenarios

Orientar no hace daño

Armando de Maria y Campos

El Cronista se propone divulgar sus experiencias sobre la materia teatral, dirigidas a cuantos aman el teatro.

Palabras graves para un tema de tan ligera apariencia... Pero quienes lo aman saben que el teatro es cosa grave, porque se trata de un misterio. Y lo es doblemente por la reacción del poeta, que imagina y por la del actor, que encarna. El primer misterio es común a todas las artes; por el segundo vemos que el teatro no es un arte como los demás: el drama no es ni un objeto como la estatua o el cuadro, ni un relato como la novela o la epopeya, sino más bien un intento de alcanzar la creación divina. El teatro eleva, en torno del actor que olvida su propia biografía, un universo enteramente "trucado", donde una tela pintada es un árbol, el sol un proyector y el espacio está liberado de la geografía como el tiempo de la historia. Metamorfosis universal que une todas las artes en una sinfonía viva, donde texto, representación, pintura, música, arquitectura y danza juegan armoniosamente una parte.

Y he aquí que los problemas más concretos, los que proceden de la vida cotidiana del teatro, surgen a cada momento de su análisis. ¿Cuál es el papel del texto? ¿Cuál es el lugar del director de escena? ¿Qué aporta la música? ¿Qué significa la comunión entre el hombre que está en la escena y el que se encuentra en la sala? ¿Cuáles son las relaciones entre el teatro y el cine? ¿Por qué actores, directores y dramaturgos poseen un sentimiento tan profundo de participar en una tarea sagrada? Henri Goubier plantea todos estos problemas allí donde ellos mismos se plantean: busca la esencia del teatro no como final de un análisis abstracto, sino en la infinita variedad de la experiencia dramática. Y, para afirmar la íntima unión de la meditación sobre el arte con el arte vivo, recorreré mis experiencias lectivas. Aseguro a mis lectores que el camino será ameno y que quienes [p. 5c] amen al teatro escucharán de labios de los grandes maestros de la escena, muy sabios y oportunos consejos.

Invito, pues, a mis lectores, a que me sigan con la seguridad de que todo lo que aquí se diga les será útil para entender el maravilloso arte de representar la vida.