FICHA TÉCNICA



Notas El autor comenta una tendencia, a mediados de los años sesenta del siglo XX, de representar el repertorio zarzuelas que habían estado en boga décadas atrás.

Referencia Armando de Maria y Campos, “[Recordar es vivir]”, en El Heraldo de México, 11 febrero 1967, p. 5.




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Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   11 de febrero de 1967

Columna Escenarios

[Recordar es vivir]

Armando de Maria y Campos

Semanalmente, los domingos por la tarde, el pasado teatral de México vuelve. Se dice con frecuencia que "recordar es vivir". En realidad la vida, como los ríos que van hacia el mar, no regresa. El pasado no vuelve jamás. Sin embargo, un enorme sector de público metropolitano goza y cree revivir el pasado asistiendo a funciones teatrales en las que se representan piezas que fueron su deleite hace muchos años. Con esto cree volver a vivir, y si es verdad que recuerda esto no significa que vuelva a vivir días que no tornarán.

El cronista se refiere a las funciones del género zarzuelero que tuvo su momento hace muchos años. Un numeroso público maduro acude a los coliseos en cuyos escenarios se representan zarzuelas que en su momento tuvieron auge, y como se da la circunstancia de que son interpretadas, en su mayoría, por elementos que las representaron en aquel tiempo, hay un instante en que parece que el pasado esta presente, vivo, palpitante. Lo mismo para el público que para los intérpretes. Se sienten por una tarde viviendo una época remota. Bella ilusión que anima los espíritus de público y de intérpretes.

Los intérpretes no se ven en el espejo del tiempo y el público, entornando los ojos, añora. Doble mentira que a nadie hace daño y que en realidad satisface a ambos. Hay géneros teatrales de un corte clásico, como la ópera, que permanecen inmutables, porque está pensada por sus autores para que no varíe, limitándose el cambio a los intérpretes que se ajustan a una pauta, esto es, a una partitura, que fue escrita para perdurar, como las estatuas, a las que no daña el tiempo y que, sin embargo, recuerdan un suceso ocurrido muchos años atrás.

El teatro es un fenómeno inexplicable. Tal vez el más interesante sea su afán de volver al pasado. El cronista contempla con emoción cómo los intérpretes se creen por unos instantes los mismos de hace años. y cómo el público entorna los ojos, casi los cierra, para sentir que en su pecho vuelve al pasado. A esto se ha dado en llamar "recordar es vivir". Por supuesto el cronista comprende el fenómeno y en tanto arriba, en la escena, los intérpretes se imaginan ser los mismos de ayer, abajo, en las butacas, un numeroso público siente que vuelve el pasado y se estremece de emoción.