FICHA TÉCNICA



Notas El autor comenta la génesis del teatro pánico, estableciendo una línea que va de Eugène Ionesco a Fernando Arrabal y deriva en Alejandro Jodorovsky

Referencia Armando de Maria y Campos, “Alejandro, Arrabal y teatro Pánico”, en El Heraldo de México, 18 enero 1967, p. 2.




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Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   18 de enero de 1967

Columna Escenarios

Alejandro, Arrabal y teatro Pánico

Armando de Maria y Campos

El premio concedido al director Alejandro Jodorowsky como el mejor animador durante el año teatral 1966 coloca frente al cronista el tema del teatro. "Pánico", del que Alejandro, así a secas, se le conoce familiarmente, es su mejor propagandista en México. Para nadie que está enterado del desarrollo de las nuevas tendencias teatrales es ignorado el nombre de Ionesco, fundador en París de este movimiento del que nació el teatro del español Fernando Arrabal, ahora de moda en el mundo. Es oportuno, pues, hablar de Arrabal, melillense, que hace una década emigró a Francia, ya que en su propio país le negaban la posibilidad de seguir su vocación de escritor.

En España, las primeras obras de Arrabal no despertaron interés alguno. Su teatro se inspiraba abiertamente en el de Ionesco. Los críticos oficiales le volvieron la espalda. Arrabal, casado con una francesa, emigró a Francia y mientras en España Arrabal seguía siendo un desconocido los teatros de vanguardia de París alzaban sus telones para dar a conocer las obras de este autor que muy pronto alcanzó en vida el sol de la gloria que parecía reservado a los muertos. Sus obras se mantenían en cartel durante todo un año. ¿Puede haber consagración más definitiva? Salieron de Francia y el éxito le siguió como un lebrel. Arrabal es ahora uno de los pontífices del teatro "pánico", que ha llevado al triunfo en México a Alejandro. Se define el movimiento de teatro "pánico" como algo mágico, aspiración a la incoherencia, al irracionalismo, al humor negro y explosivo, en realidad arranca del surrealismo, pero su afán es iconoclasta y en él explota todo el pensamiento, la religión, la moral, el sexo.

Al lector de El heraldo de México le interesará saber cómo es Arrabal. Es un hombre bajo, gordezuelo, lleva barba abundante y muy negra y los cabellos generosamente descuidados. Usa gafas y tras ellas su mirada oscila entre la ironía y el desprecio. Unos le llaman loco, otros lo consideran genio y, en general sus obras provocan la indignación de los críticos de la vieja ola, poco comprensivos. Llegarán pronto a México las obras de Arrabal. Ahora Europa, la Europa de vanguardia teatral, discute su última pieza titulada La noche de las muñecas. En España se le continúa ignorando menos, claro está, en los círculos de vanguardia. Hace prosélitos. Entre nosotros Alejandro es uno de ellos.