FICHA TÉCNICA



Notas El autor comenta la génesis de las coplas pastoriles en la Nueva España

Referencia Armando de Maria y Campos, “Como nacen las coplas pastoriles”, en El Heraldo de México, 30 diciembre 1966, p. 4.




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Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   30 de diciembre de 1966

Columna Escenarios

Como nacen las coplas pastoriles

Armando de Maria y Campos

Al mismo tiempo que el Niño Dios, nacen las coplas pastoriles, y, desde entonces pastores, zagalas, chiquillos, todo un mundo candoroso e ingenuo canta con sana alegría sencillos versos, inocentes folias y amables coros a la Divinidad y sus misterios.

Recién nacida América para la civilización cristiana, los misioneros españoles encendieron en los corazones de los indios el amor por los sentimientos pastoriles. El benemérito franciscano fray Bernardino de Sahagún compuso en el año 1588, en el pueblo de Tepeapulco, un libro maravilloso en que aparecen cánticos de Navidad en lengua mexicana que ya de viva voz había enseñado a cantar a los naturales estos mismos primeros villancicos mexicanos de Pedro de Gante. El libro de Sahagún se llama Psalmodia cristiana sermonario de los santos del año, en lengua mexicana Ordenada en cantares o salmos, para que canten los indios en los areitos que se hacen en las iglesias.

El libro de Sahagún es raro. García Icazbalceta lo menciona en su Bibliografía mexicana del siglo XVI. Tiene este libro su historia que lo hace más valioso. Aunque no se imprimió la obra de Sahagún hasta el año 1584, por Ocharte, se divulgó entre los indios por autoridad del virrey don Luis de Velasco, quien, como se sabe, gobernó de 1550 a 1564. Tal vez se harían varias copias de la obra antes de imprimirse, que circularían entre los indígenas. Varios años después de imprimirse fue denunciado su autor al Santo Oficio de la Inquisición; se recogieron todos los ejemplares, formándose el correspondiente suceso. De ahí su valor y rareza...

Vuelan los años sobre los anuales nacimientos navideños que siguen representándose a lo vivo en ciudades, en alegres villas, en tranquilas aldeas y en escondidos poblados de la Nueva España. Aquí, allá, y más lejos aún, se abren sobre escenarios improvisados las flores de Nochebuena de las pastorelas, al aire libre, en los patios y corrales. Por los corredores de las casas de vecindad se pedían y se daban cantando posadas, hasta llegar a los días de la incomparable Sor Juana Inés de la Cruz, quien, oyendo en su corazón latir la entraña, del sentimiento popular compuso los villancicos que se cantaron en la Catedral, de México el año 1687:

"Los mexicanos alegres también a la usanza salen, que en quien campa la lealtad bien es que el aplauso campe.
"Y con las clausulas tiernas del mexicano lenguaje, con un tocotín sonoro dicen con voces suaves:
"Tlaya timo huica
to tlaco saupili
maca ammo Tonatzin
titech mo ilcahuilis..."