FICHA TÉCNICA



Notas El autor comenta aspectos de la celebraciones de pascua en el siglo XVI

Referencia Armando de Maria y Campos, “Bernal Díaz del Castillo y la navidad”, en El Heraldo de México, 28 diciembre 1966, p. 3.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   28 de diciembre de 1966

Columna Escenarios

Bernal Díaz del Castillo y la navidad

Armando de Maria y Campos

Refiere Bernal Díaz del Castillo, muy sabrosamente por cierto, en su crónica de la Conquista que yendo Francisco de Garay con Hernán Cortés a los maitines una noche de la Pascua de Navidad de 1523, de regreso de la iglesia almorzaron con mucho regocijo y hubo la particularidad de que de ahí a una hora le dio a Francisco de Garay un dolor de costado y unas graves calenturas, y murió a los cuatro días. Esta noticia es como la hora del alba de las primeras que tenemos sobre las festividades de Nochebuena en México que el padre Motolinia describió pocos años después en esta prosa deliciosa: "La noche de Navidad pone muchas lumbres en los patios de las iglesias y en los terrados de las casas, y como son muchas las casas de azotea, ven las casas una legua y dos, ya más, parecen de noche un cielo estrellado; generalmente cantan y tañen atabales campanas, que ya en esta tierra han hecho mucha devoción".

El relato del fraile bienamado coincide con el que a principios del siglo XVIII nos legó Fray Jerónimo de Mendieta, quien dice que los maitines y la Misa de Gallo, por ninguna cosa los perdonarán", y que era tal el gentío que estaba esperando en las puertas de la iglesia, que se corría el peligro de ahogarse quien entraba primero, y muchos tenían que quedarse en el patio y de rodillas como si estuvieran dentro de la iglesia. Durante esa noche, hasta la de Reyes, era costumbre arreglar el portal y el pesebre de Belén, poniendo al Niño Jesús, la Virgen, San José y los pastores.

El propio y veraz cronista Mendieta, al referirse a Fray Juan de Véjar, que llegó a respirar el "aire más transparente del Valle" en 1532, asegura que fue éste uno, acaso el primero, que estimuló la devoción a las tres divinas personas y que "viendo la imagen en que comúnmente son pintadas éstas, cantábale al Niño y ofrecíale mil regalos, como si lo tuviera vivo en carne".

El doctor Francisco Sandoval Zapata, racionero de la Catedral de México, fue quien trajo a América la imagen de El Niño Cautivo y cayendo en poder de los gentiles de Argel, el Cabildo de México tuvo que pagar el fabuloso rescate, siendo recibido con pompa y boato, a principios de febrero de 1629, por cierto respetándole las vestiduras con que los moros lo adornaron, y así puede vérsele todavía y presidiendo en catedral la ceremonias de la Pascua.