FICHA TÉCNICA



Notas El autor reflexiona sobre la labor del crítico ante la creciente diversidad de propuestas teatrales que ocurren en los escenarios mexicanos

Referencia Armando de Maria y Campos, “Diverso panorama del teatro metropolitano”, en El Heraldo de México, 27 octubre 1968, p. 7.




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Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   27 de octubre de 1966

Columna Escenarios

Diverso panorama del teatro metropolitano

Armando de Maria y Campos

Casi no hay día que no ocurra una representación nueva en los múltiples teatros con que cuenta la ciudad de México, porque además de los profesionales, de tipo comercial, han aparecido pequeños teatros pertenecientes a las facultades universitarias, a escuelas de tipo económico y otros alejados del centro de la ciudad para dar el alimento teatral a aquellos que se encuentran alejados de los coliseos tradicionales.

Como es natural se ofrece al público de todo. El cronista que traza estas líneas lleva muchos años de ver teatro; como es natural, bueno y malo. Su primera crónica, y siente un poco de rubor al confesarlo, apareció el año 1915. Esto quiere decir que está curado de espantos y acostumbrado a espectáculos excelentes y a diversiones mediocres. En toda época, la calidad del teatro representado es varia con predominio de lo peor, y lo discreto es atenerse a lo bueno y dar lo demás por no existente, y, desde luego, descartarlo de todo estudio; pero quien ejerce al día la ingrata función crítica, no puede andarse con remilgos y asistir a las representaciones escogidas ni hacer lecturas selectas, sino que tiene que atender a todo, a juzgarlo, y a refrenar la indignación o la vergüenza que el espectáculo le causa por su detestable calidad o su eminente estupidez, y juzgarlo con serenidad. Confieso que, personalmente, tal tipo de reacción me aquejó en los primeros años de profesión, y que, pasados, éstos, aprendí a escuchar tranquilo, a sonreír, y, si se quiere, a buscar interés oculto en lo que, al parecer, carece de él en lo absoluto. No puedo asegurar que lo haya encontrado con demasiada frecuencia, pero sí, que, al menos, aprendí a juzgar las comedías, no sólo por sus valores estéticos o técnicos, sino también por su significación. Y una mala comedia suele, en este sentido, resultar reveladora, sobre todo si se representa con éxito, pues algo tiene que haber en ella para que el público la aplauda y la mantenga en el cartel una noche tras otra para desesperación de los autores que consumen turnos de estreno. Una mala comedia que se aplaude plantea siempre, al curioso espectador determinadas preguntas sobre el alma popular, y responderlas llega a importarle más que el mero juicio de la comedia aplaudida.

Ahora, a decir verdad, hay de todo, y hay público para todas las comedias. El cronista imparcial debe estar atento a cuanto se representa y comprender que el teatro es un material histórico incomparable.

Yo aconsejaría a los críticos nuevos, siempre hay nuevos críticos, que tengan paciencia y que de cada representación obtengan la lección correspondiente. A decir verdad, cada comedia tiene su sitio, y no hay que sacarla de él.