FICHA TÉCNICA



Título obra Rayando el sol

Espacios teatrales Teatro Esperanza Iris

Referencia Armando de Maria y Campos, “Rayando el sol, o el teatro, el río y el mar”, en El Heraldo de México, 20 octubre 1966, p. 7.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   20 de octubre de 1966

Columna Escenarios

Rayando el sol, o el teatro, el río y el mar

Armando de Maria y Campos

Hace mas de un cuarto de siglo que el público de México conoció una revista para aquel tiempo deslumbrante: Rayando el sol. Eran los mejores años de Roberto Soto y el público le seguía fiel a sus grandes espectáculos folklóricos. El surco estaba abierto y la semilla caía en buena tierra. Rayando el sol abría horizontes ilimitados con una revisión de las canciones y los bailes característicos de varios Estados de la República, sin faltar las tonadillas que llevaban en su centro un hálito de actualidad.

Rayando el sol daría origen, más tarde, al famoso universalmente ballet folklórico de Amalia Hernández. Pero volver atrás es como intentar el retorno a sus fuentes de origen de las aguas del río. Las aguas de los ríos corren hacia el mar, que es el morir. Agua que no corre, que se estanca, se vuelve charco, se torna en pantano. Por eso la reposición de Rayando el sol no le parece al cronista oportuna. Las aguas del folklore mexica­no corren fluidas hacia los mares universales y México es conocido en ambos mundos por sus bailes sus canciones, su vestuario y todo lo que forma la fisonomía de cada una de sus regiones.

Hemos vuelto a ver, oír y sentir en el Iris con todo su primitivismo los bailes de Michoacán, diversos aspectos de Tlaquepaque, sones y tonadas de Jalisco que siempre son gratas al oído, las bombas yucatecas, el esplendor vario pinto de Oaxaca y el calor de los bailes veracruzanos. Todo en su propia salsa, pero con un aire de cosa pasada que llena el corazón de tristeza. No: este género de teatro, convertido ya en folklore universal, debe seguir su curso y rápidamente hacia el mar de morir.

Intervienen en la última versión escénica de Rayando el sol elementos del teatro profesional, a los que no se les puede regatear el elogio de su buena intención y deseo de servir a su público. Pero hay un género de teatro, vale repetirlo, que si se estanca carece de sentido, porque debe correr, río al fin, hacia el mar del morir. Lo pasado, concluido, y, concluido, guardado en lo mejor de nuestros recuerdos.