FICHA TÉCNICA



Título obra Una viuda y tres millones

Autoría Alfonso Anaya B.

Elenco Isabelita Blanca, Baby Bell, Martha Elena Cervantes, Elena Luquín, Carlos Monden, Eduardo Charpenel, Mario A. Rodríguez

Referencia Armando de Maria y Campos, “Cuando el chiste es bueno la comedia vive”, en El Heraldo de México, 5 septiembre 1966, p. 7.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   5 de septiembre de 1966

Columna Escenarios

Cuando el chiste es bueno la comedia vive

Armando de Maria y Campos

Una de las primeras producciones teatrales del autor mexicano Alfonso Anaya B. fue Una viuda y tres millones. Hace años que su autor la llevó a escena y desde aquella fecha a estos días han ocurrido tantas cosas que es un verdadero milagro teatral que la pieza de Anaya sobreviva. El teatro en que fue estrenada esta comedia ya desapareció, y en su lugar se levanta ahora un edificio. Quienes la estrenaron entonces se iniciaban como empresarios, son figuras muy estimables en nuestro ambiente teatral Me refiero a Bárbara Gil, varias veces laureada por la crítica teatral, y Miguel Córcega, su esposo y compañero, que se ha hecho un excelente actor. Parecía natural que la pieza de Anaya quedara arrumbada en el cuarto de los cachivaches del recuerdo. Sin embargo, luce aún, esto es divierte, como una rosa recién cortada.

A qué se debe este milagro. El cronista se lo explica, porque la base de la acción es una situación cómica permanente, y porque la frescura de los chistes, no obstante que algunos son realmente absurdos, cobra nueva vida en labios de nuevos actores, ni mejores que los de antes, ni inferiores a aquellos, pero con distinta personalidad. Y en el teatro la personalidad cuenta mucho.

La situación es sencilla. Una dama se finge ciega y anuncia que heredará a quienes la cuiden en sus últimos años. Recurre a antiguos familiares y éstos planean acortarle la vida para heredarla cuanto antes. Explicada así la acción carece de importancia, pero el calor de humanidad que le dan los nuevos intérpretes la reanima.

La protagonista de ahora es la misma de hace años, Isabelita Blanca, veterana actriz muy conocida y querida del público de México. Los demás intérpretes son otros que actúan movidos, por el entusiasmo de tomar un sitio en la profesión actoral. Debutará la señorita Baby Bell, encantadora y con un espléndido porvenir y expresan su personalidad Martha Elena Cervantes y Elena Luquín, en lo mejor de su edad florida. Carlos Monden, de origen argentino, se revela como un actor cómico que sabe darle intención al chiste más pueril. Se presenta Eduardo Charpenel, también con espléndido porvenir en esta profesión, Y actúa como actor cuajado Mario A. Rodríguez, y todos forman un conjunto tan homogéneo en novedad y en disciplina, que la antigua comedia de Alfonso Anaya es otra y la misma, como las mujeres de nuestra época que un simple cambio de moda en el atuendo o en el peinado las hace distintas, siendo las mismas. Y en verdad que Una viuda y tres millones es una comedia nuevas para quienes la ven por primera vez y encuentran novedad en la acrobacia de sus chistes. En el teatro sólo muere lo que desde un principio está destinado a morir. Así se explica la existencia de los clásicos en cualquier género literario.