FICHA TÉCNICA



Título obra La gatomaquia

Autoría Félix Lope de Vega y Carpio

Dirección José Luis Ibáñez

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Eventos Ciclo de la búsqueda

Productores Instituto Nacional de Bellas Artes

Referencia Armando de Maria y Campos, “[La gatomaquia]”, en El Heraldo de México, 10 agosto 1966, p. 7.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   10 de agosto de 1966

Columna Escenarios

[La gatomaquia]

Armando de Maria y Campos

El teatro en México se encuentra en crisis, pero su crisis es saludable. Raro es el Estado de la República que no se interese por la búsqueda de actores y autores. En la ciudad de México las más caracterizadas autoridades culturales experimentan en materia teatral a toda vela.

El Departamento de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes anuncia, para en breve, y tal vez cuando estas líneas aparezcan, una de las más famosas producciones de Lope de Vega, que no pertenece al género teatral y que, sin embargo, será llevada al escenario del Teatro Jiménez Rueda de la Avenida Juárez de la ciudad de México.

La gatomaquia, es un poema burlesco, en siete silvas, parodia de la época italiana, escrita con extraordinaria fluidez y con tal fácil musicalidad que aún hoy se reedita continuamente y se lee con gusto. El joven director José Luis Ibáñez, ya una brillante realidad en este difícil menester, la presentará como pieza de teatro.

Es oportuno pues, hablar de Félix Lope de Vega y Carpio, el glorioso poeta, autor dramático y prosista, admirado y reconocido en todo el mundo. Se le llama, con razón, "Padre del teatro español". Nació como se sabe, en 1562 y murió en 1635. Lo que no se sabe es que Lope de Vega murió de pena, dulcemente, serenamente y cabe decir a pesar de su vida licenciosa, santamente. Su alma se hizo inmortal y es para poesía.

Lope de Vega murió de pena.¡Parece mentira. El hombre de fama universal "que adquirió en su tiempo las proporciones de un mito", adulado, imitado servilmente, atendido de los personajes más influyentes... ¡murió de pena! y es fama que eran muchas las congojas de su corazón inmenso ¡Tantos hijos adorados y muertos!... ¡y muertas tantas mujeres amadas!... ¡tantos remordimientos...! y raptada y deshonrada aquella Antoñita Clara, fruto de su mayor y de su mejor pasión, espejo gracioso y bonito de su vejez majestuosa. Todo esto y más lo recuerda Federico Carlos Sainz de Robles en un meditado ensayo. De lo magnífico que fue su entierro da la mejor idea la exclamación espontánea de una mujer del pueblo que lo presenció: "Sin duda este entierro es de Lope, pues es tan bueno". Y Montalbán añade que cuando la cruz había llegado ya a la iglesia de San Sebastián, aún no había salido el cuerpo de la casa mortuoria. Lope pues, no ha muerto; sigue viviendo en su obra que ahora cae en manos de directores experimentales. La gatomaquia es prueba de ello.

Lope poeta épico es muy inferior a Lope poeta lírico. Pero todas las poesías líricas de Lope tienen un valor de excepción aparte del de su inspiración y el de su naturalidad. Ya que estamos metidos entre candilejas digamos que la vida amorosa de Lope pasma. La ocupación continua y virtuosa, que le admiraba nada menos que Cervantes. ¿Cómo pudo amar tanto y a tantas, con la verdad de su corazón o con el espejismo de sus sentidos. A la distancia en que ahora nos encontramos de su vida debemos felicitarnos de su fecundidad amorosa que le dio oportunidad de producir bellas páginas. Porgue el hombre que ama tiene siempre de qué escribir.