FICHA TÉCNICA



Título obra Calígula

Autoría Albert Camus

Dirección Fernando Cuéllar

Espacios teatrales Sala Ródano

Referencia Armando de Maria y Campos, “Calígula, de Albert Camus, por un grupo de aficionados en la Sala Ródano”, en El Heraldo de México, 12 julio 1966, p. 7.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   12 de julio de 1966

Columna Escenarios

Calígula, de Albert Camus, por un grupo de aficionados en la Sala Ródano

Armando de Maria y Campos

El año de 1945 en el Théatre Hébertot, de París, dedicado a presentar obras de teatro experimentales, se estrenó el 27 de octubre la pieza en cuatro actos de Albert Camus Calígula. Albert Camus nació en Argel y fue desde un principio un escritor comprometido. Luchó por la libertad de Argel y sintió una apasionada inclinación por el teatro. Fue actor antes que autor. Como actor aprendió que lo fundamental en el teatro es el lenguaje, es decir, el verbo. O lo que es lo mismo, que es preciso que el espectador escuche lo que diga el autor. Él se define como autor diciendo que sus obras teatrales son todas diferentes, escritas en estilo diferente, porque siempre estuvo en busca de algo nuevo, porque cambió constantemente, porque fue un desequilibrado. "Mis obras teatrales llevan siempre un mensaje; toda obra teatral debe llevar un mensaje, no importa que éste sea oscuro o confuso. El mundo y los hombres están llenos de problemas. Si la obra está vacía cae en el diletantismo y únicamente sirve para el vedetismo de los actores." Y agrega: "En el teatro el lenguaje es lo importante; un lenguaje común y corriente con cierto aire de poesía".

Entre los temas que intentó Camus está el muy ambicioso de Calígula. No vamos a hacer al lector enterado la ofensa de relatarle el argumento de esta pieza cuyo protagonista es un dictador que se vuelve loco con la posesión del poder. En México se representó hacia 1955 y tuvo un buen éxito de crítica, aunque a decir verdad confusa. En París fue estrenada por Gerard Philippe y dirigida por Paul Oetty.

La juventud de Camus indignó a quienes creyeron prematuro la concesión de un premio Nobel, que indudablemente se otorgaba a una obra todavía no cuajada.

Pero volvamos a Caligula . En Le Figaro se dijo: "No ha inventado nada, todo lo ha tomado de Suetonio."

El crítico de Les Nouvelles Litteraires dijo: "Calígula se oye y se ve con interés; pero ¿se trata de una obra de teatro? Diríamos que es, más bien, uno de esos dramas filosóficos –semejante a los que Renan publicó al final de su carrera". Otro crítico literario, Touchard dijo, terminantemente: "Un acto primero sobrecargado de vida e interés; una continuación más inhábil, más oscura."

Esta es la obra que un grupo de actores, mejor dicho que pretenden serlo, eligió para presentarla en la Sala Ródano. Son quince en total. Previenen al público que representarán esta pieza a base de círculos, recordando las trayectorias de cuerpos celestes o moleculares, que como escenografía utilizarán una serie de plataformas y rampas sin ningún carácter arquitectónico; que no existirá utilería; que el vestuario será una abstracción sobre lineamientos greco-romanos; que la música será de fondo, pero que propiamente no existirá porque consistirá en la respiración rítmica de diversos estados anímicos y que la iluminación en el escenario será a base de áreas, seis áreas de tinta general y siete luces especiales. La verdad es excederse en el teatro experimental.

Volviendo a la realidad de la representación, y como cronista que se mueve en la realidad, diremos que los "quince" traicionaron a Camus. El soñaba con un teatro de lenguaje. Ninguno de los "quince" sabe hablar; lo hace sin puntuación, sin entonación, sin sentido rítmico; vacían las palabras y no saben el contenido de ellas. Al cronista le recuerdan las cartas que escriben las sirvientas a sus familiares. Todo corrido, corrido, y que el lector entienda lo que pueda. Todo esto hay que decirlo para evitar o por lo menos detener la confusión en que se mueve nuestro ambiente teatral. De seguir así vamos al caos. Si es verdad que con esta obra se reveló Gerard Philippe, con la que dirigió Fernando Cuéllar los "quince" se hunden en un abismo sin fondo. Hay que volver a principiar de todo a todo, y no hacer caso de excesos experimentales. El teatro es uno de los géneros más difíciles. El novelista, el cuentista, puede vivir y quedar sin tener genio. El autor de teatro, lo dijo Camus, muerto trágicamente en Francia en 1957, no vivirá en el presente ni en el futuro si no tiene genio. Y si no encuentra intérpretes. Las cosas en su punto. Y punto final.