FICHA TÉCNICA



Título obra A la diestra de Dios Padre

Autoría Tomás Carrasquilla

Notas de autoría Enrique Buenaventura / adaptación

Dirección Víctor Eberg

Notas de elenco Alumnos de la Escuela de Arte Dramático de la ANDA

Espacios teatrales Teatro Jorge Negrete

Referencia Armando de Maria y Campos, “A la diestra de Dios Padre, en el Teatro Negrete”, en El Heraldo de México, 7 julio 1966, p. 7.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   7 de julio de 1966

Columna Escenarios

A la diestra de Dios Padre, en el Teatro Negrete

Armando de Maria y Campos

El cronista cree que deben sustentarse diversos criterios para el teatro profesional, para el comercial y para el experimental. Hay quien juzga con la misma severidad o con idéntica benevolencia estos distintos, géneros de teatro. A lo largo de mi vida cerca del teatro he tenido oportunidad de organizar diversos espectáculos experimentales y nunca esperé que la crítica en general o los comentaristas accidentales debieran ser exigentes o benévolos; simplemente que se dieran cuenta del género de teatro que presenciaban.

El sábado último asistí al teatro Jorge Negrete, propiedad de la Asociación Nacional de Actores, la que por estos días ha cambiado de directivos, Estos pretenden darle diversa utilización a su Coliseo, y el secretario de cultura del nuevo Comité ha creído oportuno organizar una serie de cortas temporadas para presentar teatro de América española, y principió con la organización de una temporada de una pieza de un autor de origen colombiano, de nombre Tomás Carrasquilla, que goza de fama en su país, adaptada por un señor llamado Enrique Buenaventura. De esta obra se nos dice que alcanzó un premio en el Teatro de las Naciones de Francia; no lo ponemos en duda, ni este detalle quita o pone mérito a esta pieza que desarrolla un tema realmente ambicioso, como significa la vuelta de Jesús a la tierra, en unión de su discípulo San Pedro, para poner a prueba a un ciudadano de un pueblo cuya ubicación no se menciona, de nombre Peralta, a quien le concede cinco mercedes. Tema tan ambicioso merecía otro tratamiento, pero el autor prefirió dárselo en un tono de simpleza impresionante. El tal Peralta da asilo en su casa a tullidos, leprosos y otros enfermos y éste es quien recibe el sagrado beneficio del Creador. La pieza se desarrolla en tono humorístico, en el que si bien no pierde dignidad Jesús, todos, de San Pedro abajo, sí le dan aire de farsa lamentable. Esta es la verdad.

¿Debe el cronista informar a sus lectores sobre la forma en que se administran los espectáculos en general? Nunca lo ha creído necesario. El cronista debe referirse exclusivamente a lo que pasa en las tres paredes del escenario; la cuarta es la que corresponde al auditorio. Pero cuando se falsea la verdad y se provoca con ello la confusión sí cree indispensable poner algunos puntos sobre algunas íes. En este mismo diario, en diferente sección a la que aparecen los presentes comentarios, se ha hablado de que a esa piececilla, que tiene un aire de pastorela sin mayor trascendencia, la censura mexicana le puso el veto. Esto nos hace daño, como ciudadanos libres, porque no es verdad. Puedo asegurar a quien tal afirmación hizo que en la ciudad de México y hasta donde se me alcanza en el resto de la República no se ejerce la censura. No ignoro que el Departamento Central, a través de su Oficina de Espectáculos, mantienen varios inspectores encargados de vigilar el cumplimiento de las disposiciones a que deben sujetarse los empresarios que solicitan licencia para celebrar algún espectáculo. Esto ocurre también con las carnicerías, las zapaterías o cualquier comercio sujeto al cumplimiento de disposiciones oficiales. Quede pues aclarado de manera terminante que en México, en su ciudad capital, no existe la censura.

Volvamos a la obra del señor Tomás Carrasquillo, dirigida con técnica elemental por el señor Víctor Eberg y en la que intervienen mas o menos veinte alumnos de las escuelas de arte dramático de la ANDA. Todo esto le da cierto aire de escolaridad al espectáculo, y tiene que preocupar al cronista profesional que no puede ignorar que los alumnos de hoy serán los maestros de mañana.